Las pasas que viajaron de Pekín a Bangkok

Ha llegado el momento de contar qué pasó con la bolsa de pasas que en el grupo de Facebook de este blog se ha convertido en una historia con vida propia. Pero antes voy a poner en antecedentes a todos los lectores del blog, porque alguno de ellos igual no está en Facebook y no sabe de qué va la película… Aviso que, para no afectar demasiado a la intimidad de los protagonistas de esta historia, voy a cambiar los nombres reales de todos ellos.

Desde hace unos meses vive en mi casa, un poco en plan okupa, un amigo artista chino al que conozco casi desde que llegué a Pekín, llamado Florindo. Florindo estuvo casado con una tailandesa hace unos diez años, y tuvieron una hija, Zenobia, pero al final se divorciaron, la esposa regresó a Tailandia y se llevó a la hija con ella, por lo que Florindo la ve muy poco, una vez al año o incluso menos.

A finales de diciembre decidí viajar a Tailandia en mis vacaciones invernales y se lo conté a Florindo, quien dijo que, aprovechando la coyuntura, compraría algo para Zenobia para que yo se lo llevara, si tenía tiempo. Accedí muy gustoso, porque me pareció una buena ocasión de conocer una familia tailandesa en su salsa (Tailandia es tan turístico que es difícil conocerlo de verdad).

Mi alegría se transformó en terror cuando descubrí que el regalo que mi amigo Florindo había decidido entregar a su hija Zenobia era una bolsa de pasas. Aunque tras diez años en China entiendo que hay diferencias culturales y que a veces hay que aceptarlas con resignación, me pareció totalmente inaceptable y execrable un regalo tal, y así lo comenté en el Facebook, sin que el pobre Florindo se enterara.

Mis facebookamigos coincidieron en que Florindo se había «pasado» con las pasas, así que, armado de valor, me dirigí a mi amigo y le comenté: «Florindo, Florindo, a lo mejor deberías cambiar el regalo que le vas a hacer a tu hija a la que no ves hace más de un año». La respuesta de mi amigo fue contundente: «¿Por qué? ¡Ésas pasas son de las mejores!».

Intenté con paciencia -qué demonios, lo intenté a gritos- explicar a Florindo que ni unas pasas con sabor a frescor del Caribe podrían parecerle a una niña de 12 años como Zenobia un regalo aceptable, por más china que sea la mitad de la sangre que corre bajo sus venas. Finalmente, apenas unas horas antes de que Florindo emprendiera un viaje de negocios, cedió y me pidió acompañarle a un centro comercial para comprar a Zenobia otro regalo «por si acaso». La imagen de Florindo y yo, Conrado, eligiendo una joyita para Zenobia en una tienda era de lo más surrealista, parecíamos un matrimonio gayer en bodas de plata.

Parece ser que Florindo todavía quedó con algún remordimiento por mi culpa, porque cuando yo ya me encontraba en Bangkok aún me escribió un email pidiendo que por favor añadiera al pack de regalos un sobre rojo con dinero («hongbao», típico presente a los niños chinos en Año Nuevo Lunar) con 1.000 bahts, que vienen a ser 200 yuanes, o unos 20 eurillos.

Con todo ello me dirigí a la casa de Zenobia en las afueras de Bangkok. La madre de Zenobia trabaja fuera de la capital tailandesa unos meses, así que la niña ha quedado bajo el cuidado del resto de su familia, que se compone básicamente de dos hermanos y de su madre, ya bastante mayor. Cada uno tiene una casa, pero las tres están en la misma barriada, en la localidad de Nonthaburi (afueras septentrionales de Bangkok).

Allí legué, y quedé bastante sorprendido, porque yo, que como todo el mundo tiene sus prejuicios, me esperaba encontrar unas casas muy humildes, quizá en un entorno rural con gallinas en el cuarto de estar y tal… Pero nada de eso. La primera casa que visité, la de uno de los hermanos, era un señor chalet de dos pisos con mueble bar y chimenea, lleno de libros y decorado con toda clase de antigüedades.

Este hermano, que se llama Eisenhower, es al parecer un alto responsable de una famosa cadena de hoteles internacional. Su hermano es director de arte de una agencia de publicidad tailandesa, todo un Mad Men local.

La casa de la abuela de Zenobia tampoco se privaba de nada: una tele de 50 pulgadas, un ordenador Mac que ya lo quisiera para mí… Decoración sencilla pero exquisita, nada hortera, y un ambiente agradabilísimo. Aunque yo actuaba de desconocido emisario -y emisario, además, de un ex marido- se me trató como un viejo amigo de la familia: fui invitado a comer comida de la abuela, recibí una pulsera de plata hecha también por la abuela, y hasta una agenda de la agencia de publicidad donde trabaja uno de los hermanos. Mucho presente, pero, eso sí,nada de pasas (si me llegan a regalar pasas también a mí, hubiera sido el despelote).

¡Las pasas! Con tanto agasajo casi se me olvidaron los regalos, y que se los tenía que dar a una niña llamada Zenobia. «¿Dónde está Zenobia?», pregunté, ocultando a duras penas semanas de ansiedad por ver qué cara pondría la chica al ver los regalos. «No está en casa, porque estudia en un internado, y sólo viene a casa los fines de semana», me explicaron. Qué rabia, mi tarea iba a cumplirse sólo a medias…

Para intentar compensar un poco esta decepción, le pedí a Eisenhower si por favor le podía hacer una foto con la bolsa de pasas, «para demostrar a Florindo que las habían recibido». La verdad es que la foto en realidad era para seguir aquí el cotilleo… Aquí tenéis el documento histórico.

Eisenhower posa con la bolsa de pasas en el cuarto de estar de su casa, junto a una repisa en la que tiene fotos suyas arrodillado ante el Rey de Tailandia, con una de las princesas… Esto imagino que es una muestra del fervor que los tailandeses sienten por su rey, figura intocable en el país. No sé si una foto del rey junto a una bolsa de pasas es considerable como delito en Tailandia, espero que no (y si lo es, por favor no digáis nada a ningún tailandés que conozcáis).

Que la niña estuviera en la escuela no significaba que no pudiera verla: Eisenhower se ofreció a llevarme al colegio para saludarla. Os juro que por un instante pensé en tomar la bolsa de pasas y dársela en mitad de la clase a la chiquilla, pero pensé que a lo mejor ello no sólo la traumatizaba por el pésimo gusto de su padre, sino también por la posible crueldad de los compañeros de clase, que a lo mejor desde entonces la apodarían «pasilla» o «uvaseca». Decidí cortarme un poco e ir con las manos vacías, ya recogería la niña los regalos el fin de semana.

Llegamos a la escuela, que estaba bastante cerca -curioso que esté allí internada pese a que esté al lado de casa, pero igual es una costumbre tailandesa- y allí estaba Zenobia, con sus trenzas, en clase de Geografía… con el retrato del rey Bumibhol presidiendo el aula, por supuesto…

Eisenhower pidió a la profesora que Zenobia saliera un momento del aula, y le saludé en chino, aunque ella, que siempre ha sido muy tímida, estaba realmente incómoda… Más que la bolsa de pasas, lo que le hizo pasar un mal rato ese día fue que un guiri extraño llegara a su aula peguntando por ella. En fin, le pregunté en chino -que se le ha olvidado bastante- si se acordaba de mí, pues no nos habíamos visto desde que tenía seis años (ahora tiene el doble). Le di saludos de parte de su padre, y le conté que le había traído unos regalos de Florindo, entre ellos «cosas buenas para comer». Zenobia volvió más que pitando y colorada a la clase, yo me despedí de Eisenhower, y le dije a Florindo que misión cumplida, aunque le comenté que no va a ser fácil que la bolsa de pasas y el resto de regalos convenzan a la niña de volver un día a China, porque la verdad es que en Nontabhuri tiene una vida bastante buena.

ACTUALIZACIÓN (1/2/2012): Podría haber secuela de la peli… Sigo en Tailandia y mi amigo Florindo -menudo jeta- me dice que a ver si puedo volver a casa de Eisenhower para llevarle de vuelta a Pekín unas fotos que tiene allí… ¡Joder, podría haberlo dicho antes, que Nonthaburi no está precisamente al lado!

1 Comment

  1. Enviado por xRis9
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    Ooooooh!!!! Que decepciooooooon!!!!! Bueno, Conrado, cuenta al menos la cara de los receptores. Porque si leg a ser una mujer latina, seguro que pone a parir al ex-marido…

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    Enviado por joaquinchino
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    bueno,bueno,obviamente ese amigo tuyo llamado Florindo se le elogia el hombre chino JiPin entre los Jipineses…

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    Enviado por Andy
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    me enacanto el relato,te imagine a ti con la cara de decepcion al recibir las pasas… y es que a cualquiera le sorprenderia.
    Bonita entrada,y yo tambien me imaginaba las casas de Thailandai como un corral.
    Por cierto ya que estas por ahi he escuchado que hay una senora que hace crecer los pechos de las mujeres dandoles unos golpes y pellizcos que nadie quisiera, sabes algo de esto?

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    Enviado por amdu
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    me alegro por Zenobia, la verdad. Y gracias por tu aportación para cambiar un poco esta, para mí, sociedad tan fría. A todos nos gustan los achuchones, abrazos y muestras de afecto al final. Espero que Zenobia también los reciba por parte de su padre no sólo en forma de regalos. Si no, ya sabes, aún puedes aportar más granitos 😀

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    Enviado por amdu
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    hablando de regalos y de niños. ¿Has visto esto? (desde el minuto 2:10) Muy bueno…

    http://www.lasexta.com/lasextaon/elintermedio/ninos_indignados_con_papa_noel___nunca_una_patata_fue_tan_bienvenida/293163/1321

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    Enviado por ChinoChano
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    xRis9: bueno, ya sabes que los asiáticos no son muy expresivos a la hora de mostrar disgusto, menos ante un extraño… No dijeron nada, yo creo que les pareció bien. Zenobia estaba en cambio incomodísima de que le fuera a ver y le sacara de clase, la pobre…

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    Enviado por Fang
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    Lo q daría por saber q le parecieron las pasas a la niña…

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    Enviado por Jose(Melilla)
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    Gabriel García Marquez escribio
    «LA INCREIBLE Y TRISTE HISTORIA DE LA CANDIDA ERENDINA Y SU ABUELA DESALMADA»

    por lo que tu puedes empezar un pequeño cuento titulado, por ejemplo:

    » LA INCREIBLE Y CURIOSA HISTORIA DE LAS PASAS DE ZENOBIA Y DE SU PADRE FLORINDO»

    y de ahí al Nobel seguro.

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    Enviado por Marian Izaguirre
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    Por fin tenemos la continuación de la bonita historia de las pasas y Thailandia!!!!. Te ha quedado estupenda y los nombres logradísimos querido Conrado.

    Besitos

    Marian

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    Enviado por ChinoChano
    (Contacto Página)
    Gracias! Lo de Conrado va dedicado a un profe de música que tuve en el instituto, y que era muy antipático.

    Podría hasta haber epílogo… Sigo en Tailandia y mi amigo Florindo -menudo jeta- me dice que a ver si puedo volver a casa de Eisenhower para llevarle de vuelta a Pekín unas fotos que tiene allí… ¡Joder, podría haberlo dicho antes, que Nonthaburi no está precisamente al lado!

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