Las pasas que viajaron de Pekín a Bangkok
(epílogo)

 

A modo de cierre de las vacaciones en Tailandia que he tenido, y a las que he dedicado los posts de las últimas semanas, voy a contar qué pasó después de que entregara en Bangkok aquellas famosas, ya míticas, pasas que mi amigo, ejem, Florindo me dio para su hija, ejem, Zenobia (el que no sepa de qué va la guerra, que se documente con la primera parte de la historia).

Bueno, pues tras la entrega de pasas y el cotilleo en casas tailandesas que conté en aquel post, procedí, naturalmente, a escribir a Florindo y decirle que ya había estado en casa de Eisenhower (el hermano de la ex mujer de Florindo) y había llevado los consabidos regalos, unos comestibles y otros no.

Al día siguiente, Florindo me mandó un correo diciendo que si por favor podía volver a casa de Eisenhower, esta vez para ir a buscar unas fotos suyas para una exposición. Aclaro que la casa de Eisenhower está tan en las afueras de Bangkok que uno se siente ya casi en España, y que cuesta un día y varios centenares de bahts llegar al idílico pero alejado de la mano de dios lugar.

Estuve a punto de escribir a Florindo para insultarle y decirle que por qué huevos no me lo había dicho antes, para que lo hiciera todo en el mismo viaje, pero como ya le conozco y sé que vive en la Luna… no, mejor dicho, en Titania (satélite de Urano), decidí dejarlo por imposible y decirle que bueno, que ya vería si podía ir otra vez, pero que seguramente no me daría tiempo, así que no podía prometerle nada.

Poco después salí de Bangkok y estuve tres semanas dando tumbos por el país, de norte a sur: Kanchanaburi, Xian Mai, Sukhotai, Si Satchanalai, Kampaeng Phet, Phitsanulok, la isla de Phi Phi y sus playas, Phuket y sus gordos, Krabi y sus semáforos… En fin, lo que ya os he ido contando, por lo menos a través de imágenes, en el blog.

Mis vacaciones llegaban a su fin y sólo quedaban dos días: uno para viajar desde Krabi hasta Bangkok y otro en la capital tailandesa, para al día siguiente volar a Pekín. Ni se me pasaba por la cabeza dedicar ese día en Bangkok a ir a buscar las fotos de Florindo: mi plan era viajar en autobús otra vez a Kanchanaburi y visitar el templo ése donde tienen tigres sueltos, un lugar ultraturístico pero que me hacía gracia visitar.

Pero hete aquí que alguien cambió mis planes: un ladrón que, en el horrible viaje vespertino-nocturno entre Krabi y Bangkok (tres cambios de autobuses, conductores gritones y maleducados… lo típico en el transporte por carretera tailandés, la verdad) me robó buena parte del dinero que me quedaba, y que, estúpido de mí, había dejado en la mochila grande, que estaba en el maletero y con tanto transbordo dio más tumbos esa noche que el baúl de la Piquer.

Me di cuenta del robo en Bangkok, y aunque la verdad es que sentí más alivio que otra cosa (los ladrones respetaron mi pasaporte y mi billete de avión, que estaban en el mismo bolsillo de la mochila) me di cuenta de que tenía casi lo justo para el hostal de la última noche y la comida, así que la visita al Templo Ángel Cristo quedaba cancelada por fuerza mayor.

¿Qué hacer el último día sin dinero? me pregunté. Bueno, lo primero fue denunciar ante la policía a la agencia de viajes Chao Koh, que me mintió -dijo que no habría más que un transbordo- y con su mareo a los pasajeros facilitó el robo. No vayáis nunca en esa agencia, son unos mentirosos y, tal vez, están liados con ladrones. Bueno, mejor dicho: no vayáis en autobús cuando estéis en Tailandia. Usad el tren y el avión siempre que sea posible.

CHAO KOH

Y tras la denuncia pensé, finalmente, ceder a los deseos de Florindo, aunque no me apeteciera demasiado, y VOLVER a la casa de sus ex parientes, en el quinto pepino. Por dos razones: la primera, comería gratis y así me ahorraba un dinero que no tenía. La segunda: a lo mejor Eisenhower, que trabaja en el sector turístico de Tailandia, podía tener influencia y me podía ayudar a que empuraran a Chao Koh, o incluso a obligarles a que me indemnizaran.

Allí que me fui, pero esta vez no en taxi caro sino en barco por el río Chao Praya y luego en tuk tuk, intentando ahorrar un poco de dinero… Llegué otra vez a casa de Eisenhower, y una vez más fui agasajado con toda clase de dulces, comidas y demás. Hasta había unos amigos suyos tailandeses de visita de trabajo que me dieron un pastel que traían originalmente para Eisenhower.

Aunque era domingo, Zenobia, la hija de Florindo, otra vez no estaba en casa, lo cual me mosqueó un poco, porque ya me estaba pareciendo que la escondían… Pero eso sí, miré a la mesita de té del cuarto de estar, y ahí estaban las pasas, abiertas, casi donde las había dejado yo tres semanas antes, y al lado los pendientes. Vamos, que la niña había visto los regalos, pero no les había prestado demasiada atención, por lo visto.

Pese a las evidencias, le pregunté a Eisenhower si a Zenobia le habían gustado los regalos, y me contestó diplomáticamente que sí. Insistí: «¿Cuál es el que más le ha gustado?» Y, señoras y señores, me dijo que

LAS PASAS

Así que yo y todos vosotros estábamos equivocados, ¡qué palo! Me dolió más que el robo. Es más, Eisenhower me dijo que los pendientes no habían gustado mucho a la niña porque eran un poco como de señora mayor. En mi defensa diré que esos pendientes fueron decisión final de Florindo, yo sugerí una pulsera de diseño infantil, más propia de una niña de 12 años como Zenobia. Si me hubiera caso, igual las uvas arrugadas no habrían ganado esta dura contienda…

En fin, más o menos así termina la historia… Bueno, añadiré que le intenté contar lo del robo a Eisenhower, pero mientras se lo relataba él me sonreía y asentía sin decir ni mu, como si no se enterara de nada o como si fuera inmune a las malas noticias. No conseguí ninguna promesa del tipo «voy a ayudarte a arruinar a Chao Koh», que es lo que soñaba, pero en fin, pelillos a la mar. En cambio, me pidió que le ayudara a corregir una cosa que había traducido del tailandés al inglés, para presentar una empresa turística que quiere fundar. Me dijo que en el futuro podría a lo mejor mandarme más cosas de ésas por email y me las pagaría, así que a lo mejor acabo a sueldo de un tailandés (lo dudo mucho pero en fin, a ver en qué queda todo).

Al día siguiente caminé tres kilómetros con la mochila por falta de dinero para un taxi, tomé un avión y ya estoy de vuelta en Pekín. Pese al incidente criminal, que no es el primero que sufro en el sureste asiático (en 2010 me robaron el móvil en Laos) creo que mi imagen de Tailandia ha mejorado esta vez respecto a mis viajes anteriores a ese país. Quizá la historia de las pasas ha contribuido a ello…

1 Comment

  1. Enviado por encrypted
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    Muy interesante todo, espero poder pasar por allí pronto.
    Cuendo vi la peli «la playa» (de muy joven) me acuerdo que no tenía ni idea donde la filmaron y no supe buscarlo. Ya se me había olvidado, lol.

    En cuanto a los robos, es muy frustrante. En China siempre tienes que estar pendiente de todo en cada segundo y siempre con el miedo de si te han robado la bici, la moto… en fin. Debe ser igual por todo el sud-este asiàtico, excepto Japón por lo que tengo entendido.
    Y esto va a ir cada vez a peor teniendo en cuenta el incremento de ricos y el cada vez mayor número de pobres. Triste… Pero por lo menos son robos sin violencia, no como en España XD

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    Enviado por Daniel
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    No es por ir de abuelo cebolleta dando consejos, pero… Tio, lleva una tarjeta visa por ahi escondida por si acaso.

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    Enviado por xRis9
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    Y una fotito de los pendientes no tendrás, no? Oye, es que ya se queda una con la intriga…mu feos tienen que ser

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    Enviado por ChinoChano
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    son como una flor roja… no son tan feos pero para mi gusto un poco insulsos.

    Daniel: la tengo pero es de débito y no funciona en los cajeros tailandeses, como pude comprobar… Paso de las tarjetas de crédito que te roban en comisiones más o menos lo mismo que me robaron en Tailandia.

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    Enviado por Daniel
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    Es cierto que si utilizas las tarjetas de credito para sacar dinero en un cajero te van fundir en comisiones y cambios, por eso, por los menos que yo sepa aqui en Vietnam, en Cambodia y en Thailandia, donde estabas, lo que se hace con ellas es ‘comprar’ dinero. Vas a una casa de cambio y dices que quieres comprar dinero. Por ejemplo, pon que necesitas 10.000 baths. Ellos te pasan la tarjeta como si hubieras comprado una cosa que cuesta 10.400 baths y te dan los 10.000. Ellos ganan los 400, un 4% que suena razonable y no el 10% o mas que te cobra el banco si sacas del cajero.

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    Enviado por ChinoChano
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    pues no lo sabía… de todos modos sigue habiendo comisión, así que no sé yo… me sigo quedando con el método calcetinesco.

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