Los chinos y la guerra cultural

Desde hace bastantes años estamos inmersos en una batalla ideológica muy interesante: movimientos como el feminismo, el ecologismo, el Black Lives Matter o los LGTB, que consiguieron que sus ideas permearan durante los últimos años en la sociedad y en los mass media, están viéndose contestados por partidos políticos e influencers. La batalla suele librarse en Twitter, donde todos los días vuelan insultos de un lado a otro: «facha», «feminazi», «comunista», «woke»… curiosamente, uno de los insultos que está popularizándose en esta batalla lo inventaron los chinos: «baizuo» (白左), que literalmente podría traducirse como «izquierda blanca», aunque en realidad los chinos le dan más bien un significado como de «izquierda tonta».

Como podréis imaginar, el término es usado por los chinos, sobre todo en foros de internet, de forma derogatoria contra los movimientos identitarios que he mencionado al principio, y que en China tienen mucha menos influencia política y social que en Occidente: hay un poco de feminismo y de LGTB, pero no despiertan demasiado interés (la censura comunista a cualquier movimiento de la sociedad civil no ayuda). Feministas, ecologistas y ecologistas chinos aparecen más en los medios extranjeros que en los de su propio país.

En un principio, puede resultar chocante que en China, un país comunista, se critique tanto a la izquierda occidental (más bien a la extrema izquierda), pero en realidad, la izquierda china y la de Occidente, que hace un siglo quizá se parecieron, han evolucionado de forma tan distinta que hoy son casi irreconocibles. La lucha de clases, alfa y omega del marxismo, pinta ya poco a los dos lados de los Urales: en China se abandonó en tiempos de Deng Xiaoping, al entender que dejar que unos pocos se enriquecieran podía beneficiar al país y que la política planificada y estatalizada al extremo de Mao había tenido resultados desastrosos. En Europa y EEUU, la caída del Muro de Berlín (que indicó que el comunismo había fracasado), la adopción generalizada de la socialdemocracia (aunque no en Estados Unidos) o el aumento de la clase media hizo que muchos partidos de izquierda abandonaran la tradicional división entre ricos y pobres por otras que hoy dominan nuestras discusiones: división entre mujeres y hombres, entre blancos y minorías, entre personas de una u otra opción sexual.

El término «baizuo» comenzó a popularizarse en los foros chinos de internet hace unos cinco años, con la crisis migratoria que vivió Europa (el recuerdo que nos ha quedado de ella es el de la periodista húngara que le metió la zancadilla a un refugiado sirio). En China, donde no suelen llegar muchos refugiados (como mucho algunos de Birmania y Corea del Norte, aunque son fácilmente asimilados) muchos defendieron la postura antimigración de Hungría, gobernada por un Viktor Orban políticamente incorrecto pero firme, y criticaron a Angela Merkel, a la que vieron excesivamente débil. Ni siquiera los migrantes chinos en otros países se suelen identificar con los refugiados: es común que un chino en EEUU se queje de que otras minorías tienen más privilegios que él. Fue así como «baizuo» empezó a usarse para meterse con la canciller alemana o con los que defendían su política, ya fuera en Occidente o en China.

Aún se hizo más popular poco después, en las apasionadas elecciones estadounidenses de 2016 que enfrentaron a Hillary Clinton y Donald Trump. Aunque hoy pueda sorprender, en China hubo mucha gente que simpatizó con el estilo pragmático de Trump, que podríamos simplificar con un «dejemos de pensar en chorradas y hagamos política para conseguir dinero y trabajo». Al mismo tiempo, Clinton despertó mucho rechazo. En semejantes circunstancias, el uso de «baizuo», y las ideas asociadas a ella, floreció aún más. Además, triunfó entre la grande e influyente comunidad china en los EEUU: a ellos, además, cuando Trump se metía con China les parecía magnífico, pues entendían que lo que criticaba era el régimen comunista, que muchos de ellos rechazaban, después de haber prosperado con el liberalismo a ultranza norteamericano.

Durante los años de gobierno de Trump muchos chinos, tanto de China como EEUU, perdieron seguramente su entusiasmo por el siempre polémico presidente, pero la mentalidad «anti-baizuo» volvió a aflorar el pasado año, con el estallido de las protestas por el caso de George Floyd y el auge del Black Lives Matter. Los chinos -bueno, una gran parte de ellos, nunca podemos hablar por todos ellos a la vez- vieron estas protestas, o más bien el vandalismo que algunas de ellas causaron, como un ejemplo de los excesos de los movimientos idealistas en la sociedad occidental, algo así como lo que ellos sufrieron en la Revolución Cultural.

El término «baizuo», que está empezando a ser usado también en Occidente, puede ser utilizado en muchas situaciones, a veces incluso contradictorias entre sí: el trumpismo lo usa contra Biden, por considerarlo excesivamente blando con China, pero los chinos comunistas y sus simpatizantes lo usan contra los que critican mucho a China usando argumentos como la situación de tibetanos y uigures (que, según ellos, en realidad sólo les importan a los baizuo para demostrar su supuesta superioridad moral). Lo usan enemigos acérrimos del comunismo chino, pero también partidarios de éste. Lo dicho: la batalla cultural es compleja, tiene visos de durar mucho tiempo, y en ella los chinos, aunque no lo parezca, también participan.

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