Los líderes y los líderes primero

El 8 de diciembre de 1994, en Karamay (una localidad de la región china de Xinjiang) se celebró una función especialmente dedicada a las autoridades locales en el Teatro de la Amistad, principal de la ciudad. Karamay, que significa «aceite negro» en uigur, se fundó en los años 50 para alojar a los miles de trabajadores que llegaron para trabajar en el gigantesco yacimiento de petróleo, el mayor de China, que se descubrió allí en esa época.

El teatro, que había sido construido en esos mismos años 50 con ayuda de los soviéticos.

Los mejores niños de la ciudad, seleccionados especialmente para la función, cantaban y bailaban melodías revolucionarias y tradicionales ante alcaldes, concejales, presidentes de las petroleras (en ocasiones todos estos cargos se solapaban) y responsables de educación. También había muchos niños y profesores en las butacas.

En el primer acto alguien olió a quemado, pero no se alarmó especialmente. Empezado ya el segundo acto, comenzaron a caer chispas del aire: algunos pensaban que era confetti, pero se trataba de las brasas de un incendio que rápidamente se extendió a todo el recinto y lo destruyó por completo. 325 personas murieron, casi la mitad de las que estaban allí, entre ellas 288 niños de entre seis y 14 años (el resto de los fallecidos eran en su mayoría sus profesores). La mayoría de los líderes, en cambio, salieron ilesos, y eso que al encontrarse en la primera fila de las butacas, eran los más alejados de la entrada (las salidas de emergencia estaban todas cerradas con candado). Muchos de los supervivientes aseguraron que, a la hora de evacuar, se oyó a los profesores pedir a sus alumnos que se quedaran sentados y les gritaron:

«¡Dejad salir a los líderes primero!»

El pasado lunes se cumplió el vigésimo aniversario de este triste suceso. Por supuesto, no hubo ninguna mención, que yo sepa al menos, en los medios de comunicación chinos, y en la ciudad no hubo homenajes públicos. El incendio avergüenza al régimen y por ello está condenado al olvido forzado, igual que otros sucesos más famosos al menos fuera de China, como la matanza de Tiananmen, las hambrunas provocadas por la mala planificación económica del Gran Salto Adelante o los linchamientos públicos de la Revolución Cultural.

Ha habido incendios con más víctimas que el de Karamay. Los cines y teatros en el siglo XX eran lugares muy peligrosos, por la falta de ventilación y lo fácilmente inflamables que eran los rollos de película. Buena parte de los peores incendios de edificios en la historia han sido en esos recintos para espectáculos. Pero el caso de Karamay tiene alrededor un toque de infamia, injusticia y horror especial. La frase «dejad salir a los líderes primero» fue usada en los 90 en toda China como lema velado de protesta, para simbolizar la poca importancia que el régimen comunista chino daba a los problemas del pueblo.

Concentraciones de los familiares de las víctimas poco después del incendio.

Otras graves negligencias y decisiones canallas rodearon el incendio de Karamay:

-Cuando se declaró el fuego, se ordenó bajar el telón, para que el público no viera las llamas, lo que retrasó la evacuación hasta que ya era demasiado tarde, comenzaron las estampidas por pánico y aumentaron así las víctimas mortales.

-El teatro de Karamay había tenido un pequeño incendio antes del ocurrido el 8 de diciembre de 1994, pero a pesar de ello no se habían tomado las necesarias medidas de seguridad, y tras una renovación que había habido ese mismo año, el recinto aún era más cerrado y claustrofóbico que antes (habían puesto barrotes en las ventanas, por ejemplo). En el momento del incendio, nueve de las 10 entradas al lugar estaban cerradas con llave.

-Apenas horas después del desastre, las autoridades ordenaron a los padres de los niños fallecidos que llevaran los cadáveres a las unidades de trabajo de cada uno, con el único fin de que no estuvieran todos juntos y la prensa no pudiera hacer una foto de todas las víctimas a la vez, para que así quedara en parte minimizada la catástrofe.

-Las autoridades impusieron, pese a que muchos padres no lo querían, el título de «mártires» a los niños, lo que hace que en sus lápidas aparezcan referencias al gobierno local y al régimen comunista que los progenitores, dadas las circunstancias del suceso, aborrecen con toda su alma. Además, aquello fue un acto de vacía propaganda, porque si en China te otorgan el título de mártir tras tu muerte, tus familiares tienen derecho a una pensión y unos beneficios especiales que los padres de los niños nunca recibieron.

Las negligencias, maltratos y desprecios apenas se saldaron con unas pocas condenas, la mayor de cinco años de prisión, para cinco funcionarios locales, entre ellos alguno de los que se había salvado en la elitista evacuación.

En el año 2010, un osado director chino llamado Xu Xin realizó un largo documental sobre aquel suceso, llamado sencillamente «Karamay», y que os enlazo al final del post, por si lo queréis ver (ni que decir tiene, en China está prohibido).

No es fácil de ver, primero porque dura nada menos que seis horas, y segundo porque es extremadamente duro: en gran parte son entrevistas con cámara doméstica a padres de niños que murieron en el incendio, quienes más de una década después aún recuerdan el suceso con rabia, lágrimas y mucho dolor, como si hubiera sido ayer. También hay imágenes de archivo, algunas terribles, de la entrada de los líderes al teatro, de los primeros minutos de la función, del chapucero rescate de cadáveres, del cruel hacinamiento de cuerpos en el hospital, de los funerales. Duele verlas, pero a la vez sorprende que existan tantas imágenes de todo aquello, en una época en la que aún no había cámaras digitales y se supone que la censura era aún mayor que la de ahora (o no, vaya usted a saber)…

No es fácil de ver «Karamay», decía, pero si uno se prepara anímicamente para ello y hace de tripas corazón, vale la pena y mucho, es uno de los mejores documentales que jamás se han hecho en China. Los protagonistas abren su corazón de par en par, cuentan lo que realmente piensan, sin miedo a castigos de las autoridades o a ser políticamente incorrectos. Una madre, por ejemplo, confiesa cómo participó en una paliza que le dio junto a otros padres de víctimas a una funcionaria de los juzgados locales, por decirles que merecían lo que les había pasado. Otra dice que la policía les dispersaba cuando hacían sentadas de protesta por el trato recibido, pero que los mismos agentes les aseguraban que estaban con ellos, que sólo obedecían las órdenas de mala gana. Otra opina que el gobierno comunista chino es un gran engaño, pero a la vez admite que delante de su segunda hija dice otra cosa para que ella pueda tener una vida futura mejor. En sus testimonios veréis la forma de ser de los chinos ante la adversidad y la injusticia, las contradicciones de su sociedad y su política, aprenderéis más que con mil noticias o películas del país, os lo aseguro. Es extremadamente duro de ver, pero es la China de verdad.

1 Comment

  1. Enviado por Coque
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    No conocía la historia, muy triste el suceso y vergonzoso el olvido forzado

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    Enviado por ChinoChano
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    Triste en efecto… hoy me he vuelto a acordar de ella al leer las terribles noticias de la matanza de niños en una escuela de Pakistán. En fin, el mundo a veces es extremadamente cruel.

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    Enviado por Pedro
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    He encontrado la película/documental en YouTube, está en la «colección» de Ian Clark. Creo que no la veré, es otra «ración» de crudo materialismo, que impregna a todos los chinos desde que nacen.

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    Enviado por ChinoChano
    (Contacto Página)
    En parte sí, pero a la vez también muestra un lado muy humano de ellos, el del dolor.

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    Enviado por javier
    (Contacto Página)
    cuando trabajaba en China, observé que mis «subordinados» me dejaban siempre pasar delante menos cuando entrábamos en el ascensor. Al preguntarles por qué en el ascensor pasaban ellos primero me dijeron que era para que en caso de tener que evacuarlo por una emergencia fuera yo el primero en salir. Son confucionistas, lo tienen metido muy dentro y allí es lo normal.

    Muy buen post, una pena que te prodigues tan poco en entradas como esta, que reflejan la dureza de la vida en China. Siempre he pensado que tu blog peca de excesiva amabilidad con el país aunque sé que no lo vas a reconocer.

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    Enviado por ChinoChano
    (Contacto Página)
    Vaya, ahora cuando esté en un ascensor si me dejan pasar primero sospecharé (porque me consideren «inferior»), pero si no em dejan pasar también sospecharé (lo consideraré poco amable). ¡Estoy chingado sea como sea!

    Lo del tono del blog ya sabes que es una frecuente discusión. El blog, más que amable con China, lo que es es ligero, pero no es porque yo sea superficial sino porque para mí el blog es un «descanso» de las noticias serias que escribo en el trabajo.

    De hecho, cuando trato un tema serio en el blog (Karamay, Tiananmen, etc) normalmente lo hago por partida doble, ya que horas antes lo he hecho en el trabajo, y a veces eso me agota un poco, porque no me gusta repetirme. C’est la vie…

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