Los once de Once

Hoy es un día importante para mi perra Once, aunque ella no se percate, ya que acaba de cumplir 11 años y por fin su nombre y edad coinciden. El post de hoy es para homenajear a esta compañera de aventuras y desventuras con la que ya he pasado un oncenio, si es que tal vocablo existe.

Hoy la he llevado a los montes Jura para hacerle esta foto conmemorativa.

Once llegó a mi vida en una noche de octubre de 2010, metida dentro del bolso de mi amiga china Cristina, que entonces vivía conmigo. Cristina llevaba un tiempo diciendo que si podíamos tener un perrillo en casa, pero yo le decía que no porque yo no sabía nada de cuidar mascotas. Ella no me hizo caso y la trajo unilateralmente a casa. Al parecer, se la había regalado un amigo venezolano que seguramente le tiraba los tejos y quería ganársela con un regalo tan mono.

Primera foto de Once de la que tengo constancia. Las manchas marrones y negras le fueron desapareciendo con los años y ahora es casi mayoritariamente blanca.

El nombre de 11 se lo puso Cristina, porque decía que le parecía un nombre muy romántico, como de una pareja (1+1). Líos que se traen los chinos con la numerología. Por otro lado, ella misma cumplía los años un día 11 (también de julio, así que la felicito desde aquí).

En realidad no sé qué día exacto nació Once, pero en sus papeles veterinarios iniciales ponía que vino al mundo en julio de 2010, así que yo extraoficialmente establecí el día 11 de julio de 2010 como el de su nacimiento, para que coincidiera con su nombre, con el cumpleaños de Cristina, y por qué no, con el momento más glorioso del fútbol español (qué pena que no lo podamos también celebrarlo hoy con otra Eurocopa, hemos estado cerca).

Durante su vida en su China natal, os conté muchas cosas de Once: os la presenté en noviembre de aquel año, relaté su estancia en una peligrosa perrera donde habían muerto dos perros y su dueño, también el día en el que subió la Gran Muralla y casi fenece por el esfuerzo… aunque la mayor aventura para ella fue la de salir del país. Me costó meses de tiempo y miles de yuanes de gastos conseguirlo, porque exportar un perro desde China a Europa es muy complicado: China es un país donde la rabia canina es endémica, y le ponen muchas dificultades a los perros que vienen de allí para tomar un avión. Ahora que los humanos sabemos las muchas trabas sanitarias que hay para viajar con la COVID, imaginaos esas dificultades multiplicadas por 10.

Para colmo, el día de aquel viaje, en el que nos despedíamos de China tras tanto tiempo, ella tuvo que pasar casi 20 horas encerrada en la bodega de un avión: las 13 del vuelo Pekín-Madrid, más otras cinco o seis adicionales porque el avión tenía una avería y se retrasó muchísimo en el despegue. Cuando la vi saliendo por la cinta de los equipajes en Barajas, como si nada le hubiera pasado, me pareció todo un milagro.

Desde entonces, ha seguido viviendo conmigo aquí en la frontera franco-suiza, en una zona bastante buena para ella, porque tenemos muchos jardines con césped alrededor, pero creo que ella no ve mucha diferencia entre los paseos por aquí y los que hacíamos por Pekín, normalmente en jardines helados en invierno o resecos y con más tierra que hierba en verano.

Una vez en Europa, cambió de «nacionalidad» (le hice un pasaporte canino europeo) y ahora puede ocultar sus orígenes chinos -que triste que tenga que hacerlo- y volar conmigo por todo el espacio Schengen, aunque sólo ha hecho vuelos Ginebra-Madrid. Ya no pasa tanto tiempo en guarderías para perros como cuando vivíamos en China y yo tenía que ausentarme, porque ya no tengo posibilidad de hacer viajes tan largos aquí (y menos con la pandemia), pero alguna vez sí que la dejo con amigos ginebrinos mientras yo me voy de viaje.

La pandemia a ella le vino bien: como he tenido que teletrabajar la mayor parte del tiempo, hemos estado juntos casi todo el último año y medio, y ella no ha tenido que pasar tantos días sola, algo que no le gusta nada. De hecho, en las últimas semanas en las que yo he empezado a estar más en la oficina, está protestando por ello de la mejor manera que sabe: haciendo sus necesidades en casa (nunca la supe entrenar bien para que no lo hiciera, o quizá es que ella sabe que es su mejor arma de protesta).

Francia y Suiza son lugares más dog-friendly que China, puede por ejemplo ir en tren, así que Once ha viajado alguna que otra vez conmigo, aunque quizá no tanto como me hubiera gustado, porque la verdad es que como ya tiene una edad, se cansa mucho de andar y no le gusta demasiado dejar sus dominios. Pese a ello, ha estado por ejemplo a 4.000 metros de altura, en el Jungfrau (Alpes suizos), donde seguramente sintió la llamada de sus montañeros genes tibetanos (su raza, los shi-tzu, es una mezcla de perros chinos y tibetanos).

También ha estado en mi pueblo, en Berna, o en Zermatt… ha viajado lo suyo, que para eso tiene un dueño viajero (o que era viajero antes de que llegara la pandemia).

Once no sólo tiene cumpleaños sino «santo», el 11 de noviembre, San Martín. También en este blog celebré a lo grande el 11 de noviembre de 2011, su superrecontrasanto, y años después, cuando Once ha visitado Huesca, la hemos llevado al parque de San Martín, donde hay una placa que casi parece erigida en su nombre.

Pese a tanto tumbo, Once lleva una vida en general pausada: se pasa el día tumbada en su silla de Ikea favorita, a la que podría subir de un salto pero la muy perra siempre pide que le suba yo. A base de gemidos de pena, exige comer pienso incontables veces al día y se le da las que haga falta, por lo que está algo obesa, algo a lo que no ayuda mucho el que cada vez sea más perezosa en los paseos. Ya tiene algún achaque de perro mayor, pero creo que aún le quedan tiempos felices. Lo que me da un poco de pena es que seguramente nunca podrá volver a su China natal: aunque yo sí regrese alguna vez, veo difícil que ella me acompañe, visto lo difícil que es que los perros salgan de allí.

En fin, sirvan estas líneas de homenaje a mi compañía de más años y más fiel, de la que os podría poner fotos hasta el día del juicio. Muchas felicidades Once, y a batir récords de longevidad canina.

 

 

6 Comentarios

  1. Felicidades a Once!!

    Ha tenido una vida muy interesante y ha viajado mucho más que muchos seres humanos del planeta. Se puede sentir una perra afortunada.

    Ahora que ya está entrando en su ancianidad, tienes que darle muchos mimos y cariños. Ya sabes que la gente mayor y los perros mayores, empiezan a tener sus manias y se vuelven más rígidos, jajaja

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.