Los pelos como escarpias

 

Ya que estamos en Halloween (fiesta que nunca celebro, pero por una vez no pasa nada) voy a dedicar este post al miedo, a dos veces a las que lo he sentido en mis últimos años en China. Igual al explicarlo parezco un poco impresionable, pero la atmósfera que rodeaba a aquellas dos situaciones fue la propicia para estremecerme.

La primera fue el año pasado, en un viaje con la familia a Longsheng, lugar de la provincia de Guangxi famoso por sus arrozales en terrazas. Como era un viaje de agencia, incluyó una clásica «tourist trap» que en este caso fue una visita a un «centro de interpretación» de la etnia Yao en la que te vendían souvenirs. No, no fueron los souvenirs los que me dieron miedo, aunque algunas tiendas de recuerdos turísticos son, en efecto, terroríficas.

El caso es que, para hacer un poco más llevadera la trap, nos ofrecieron un espectáculo en el que nos contaron un poco de las tradiciones de la minoría de los Yao, que incluyen la costumbre de que si una mujer de la etnia ve a un hombre que le gusta y se lo quiere llevar a su casa, le da un pellizco en el culo. Al final del espectáculo a los turistas masculinos nos dieron un pizco en el culo a cada uno, a modo de cortesía. Tampoco esto fue la parte del miedo, aunque alguno sí dio un respingo.

En fin, que me voy por las ramas, lo que me dio miedo fue otra de las costumbres de las mujeres Yao, la de no cortarse el pelo y dejarse melenas de uno o dos metros de longitud. Normalmente las tienen recogidas en un elaborado moño, pero cada cierto tiempo se lo lavan en el río, y se pasan luego un larguísimo rato peinándolo.

En un lance del espectáculo, las mujeres Yao que había en el escenario se deshicieron el moño y mostraron su larga melena. Con ellas estaba distraído, y casi no me enteré de que, mientras hacían eso, otra señora Yao había abierto una ventana en la parte superior de la escena para descolgar por ella su igualmente largo pelo, en plan Rapunzel.

Sería que estaba distraído con las otras, sería la música étnica un tanto extraña que había en el ambiente, sería el vaso de aguardiente casero que nos dieron… No sé que fue, pero la mujer aquella de la ventana me dio bastante canguelo y aún tiemblo cuando la recuerdo. Tengo una foto de aquel momento que a lo mejor no hace justicia a la impresión que me dio, pero bueno, ahí os va:

Es posible que, debido a ese trauma, también sienta miedo cuando paso por el centro comercial del final de mi calle (el Raffles city) y echo un vistazo a una tienda de pelucas que hay en ella. Me da un poco de repelús, y más todavía si echo un vistazo al precio de las pelucas o si me pongo a pensar de donde provendrá la materia prima de estas pelucas que, según el dependiente, son de pelo humano auténtico.

Probablemente todo esto proviene de haber visto el clásico reciente (valga el oxímoron) «The Ring», en el que una niña con larga melena negra siembra el terror entre actores y espectadores.

Por cierto, que cuando vi el famoso vídeo que hay en el interior de la película (ese que se supone que tras verlo recibes una llamada que te dice «siete días» y a la semana mueres) recibí, en efecto, una llamada telefónica, y al coger el teléfono nadie hablaba al otro lado. Cuando estaba ya dándome el tembleque, por fin habló alguien por el auricular: era mi amigo el de las pasas, al que siempre le gusta hacer una pausa de 10 minutos antes de empezar una frase, el muy huevón.

Bueno, pues eso fue la primera cosa que me dio miedo en los últimos tiempos, la melenuda chica de etnia Yao de Longsheng… La segunda fue un cuento que me relataron este año sin venir a idem, una noche que volvía para casa en una calle oscura. Igual no era muy terrorífico, pero la atmósfera del día ayudó a que me diera cosica. Era más o menos así:

Corría el año 1966: un joven tomó un autobús en Pekín para regresar a su pueblo en Miyun, en las afueras de la ciudad. La noche estaba muy cerrada y caía una de esas tormentas propias de agosto. A esas horas y con ese tiempo, el viejo autobús estaba casi vacío: sólo una pareja de ancianos en los últimos asientos de detrás, y una mujer de 50 años y aspecto malhumorado, en la parte central del bus cercana a la puerta. El joven se sentó cerca de la mujer, con sólo el pasillo del autobús separándolos.

Cuando el autobús estaba a mitad de camino, la mujer comenzó a actuar de forma muy rara. Mirando a todas partes de forma nerviosa, comenzó a buscar algo en su bolso y, de repente, gritó al joven:

– ¡Eh, tú, me has robado la cartera!

Éste se quedó petríficado. No tenía ni la más mínima intención de dedicarse a robar carteras, y además, el pasillo del autobús era ancho, si lo hubiera intentado alguien se hubiera dado cuenta.

– Señora, creo que está usted equivocada, yo no tengo su cartera.

La mujer siguió gritando, como poseída:

– ¿Ah sí? ¡Pues entonces no te importará que bajemos en la próxima parada, allí hay una comisaría, cuéntale a los policías a ver!

Lo último que quería el joven era quedarse en mitad de camino, en la oscura y lluviosa nada que se veía al otro lado de los cristales, pero tanto y tanto gritó la loca mujer, que al final no le quedó más remedio que acceder y bajarse con ella en la parada donde decía ella que había una comisaría (aunque en realidad no se veía nada en las proximidades, ni siquiera una cabina de teléfono o una marquesina con la que protegerse algo del aguacero).

Al bajarse, el autobús siguió su camino y el joven, hasta entonces calmado, explotó de rabia:

– ¡Maldita vieja, menudo escándalo que ha montado! ¡Vamos entonces a esa comisaría de una vez!

La mujer le miró, ya sin nervios ni gritos, y le dijo:

– No seas tonto… ¡Todo era mentira! ¿No viste a los que estaban sentados detrás? ¡Eran muertos en busca de muertos! Teníamos que salir del autobús como fuera…

La historia se completó 33 años después, en 1999, cuando en un verano de fuerte sequía el embalse de Miyun (que surte de agua a Pekín) bajó a niveles mínimos y dejó en la superficie, tras décadas hundido, un viejo autobús de marca soviética, como los que circulaban en la ciudad en los 50 y 60. Dentro del autobús había restos humanos, casi deshechos del todo por el agua y los peces. Pese a ello, los forenses pudieron confirmar que en el vehículo había tres personas en el momento del hundimiento. Lo inexplicable de los análisis de laboratorio con carbono 14 es que mostraban restos de un cadáver de 30 años de antigüedad, mientras que otros dos tenían 400 años.

1 Comment

  1. Enviado por Fernando
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    Madre mía, al acabar de leer la historia del autobús, me ha pasado lo del título del post. Felicidades por asustarme de buena mañana 😀

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    Enviado por felix maocho
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    He seguido un “meme” que me ha llegado, Por supuesto no tengo especial deseo que tu sigas este “meme”, ni es mi costumbre el que yo los siga. Lo que pasa es que le he aprovechado como un homenaje de las personas que más me han influenciado en mi faceta de bloguero

    El premio es The Versatile Blogger cuyas condiciones son:

    La primera es la de mencionar quien otorgó el premio en un post.
    La segunda norma es citar siete características de tu propio blog
    La tercera distinguir con este premio a 15 blogs que creas merecedores de él.

    Como digo he querido aprovechar el premio para hacer un homenaje a las personas que han supuesto algo en mi trayectoria de bloguero y ahí apareces obra http://felixmaocho.wordpress.com/2012/11/03/premio-a-la-versatilidad/.

    Tus resúmenes semanales me explicaron la forma como los aparentemente sabios, adquieren sus conocimientos, leer, leer y leer y sobre todo aprender a t seleccionar las fuentes y a tirar del hilo y llegar al origen. Eso y tu prosa de un esti

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    Enviado por ChinoChano
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    ¡Oh, se cortó el mensaje en el mejor momento! Qué penaaaaaaaaaaaaaa 😀

    ¡Gracias por el premio!

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    Enviado por moonnight
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    全世界最大群的贪官们开会了,18 大真可怕,一群大佬在打架,胜了当老大,输了去度假 ~~~~

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    Enviado por ChinoChano
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    no sé si tu comentario iría mejor para el siguiente post, el del Congreso… pero bueno, como dices que el Congreso da mucho miedo, igual también viene por aquí.

    Por cierto que aún no tengo claro de dónde eres, porque algunos comentarios los escribes en chino, otros en inglés, otros en español… me tienes muy intrigado.

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