Luto en el Río Largo

 

La actualidad estos días en China está tristemente presidida por el hundimiento del Eastern Star, un barco de pasajeros que realizaba un crucero a orillas del río Yangtsé (que los chinos llaman Changjiang, «Río Largo») con más de 450 personas a bordo. De las que por ahora, dos días después del incidente, sólo se han encontrado a unas 40 (cerca de 26 cadáveres y unos 14 supervivientes, aunque las cifras van bailando y probablemente cuando leáis esto las mías ya estarán obsoletas).

En el barco accidentado viajaban principalmente jubilados que estaban haciendo un crucero de casi dos semanas por el Yangtsé, desde Nanjing hasta Chongqing. Se trata del segundo desastre con personas de la tercera edad como protagonistas en apenas unos días, ya que la semana pasada se habló mucho en China de un incendio de una residencia para ancianos en el que murieron 38 personas, también en su mayoría ancianos. Pobre gente…

También vale la pena decir que el naufragio, que es el peor que China sufre en 70 años, ha dejado en un segundo plano una noticia que todos los años se suele dar por estas fechas en la prensa extranjera pero que en esta ocasión quedará seguramente algo arrinconada, que es el aniversario de la Matanza de Tiananmen (26º en esta ocasión, tampoco era una fecha redonda como para darle grandes titulares en los diarios).

El naufragio del Eastern Star nos ha hecho volver la vista hacia un tema poco conocido, el de la navegación en China. Las noticias de accidentes marítimos o fluviales son frecuentes en el país, aunque en general se trata de barcos pesqueros o de carga, los que forman el gran grueso del tráfico chino, por lo que las cifras de fallecidos suelen ser relativamente bajas y estas noticias acaban en la sección de breves, por desgracia. En esta ocasión, sin embargo, el accidente se va a convertir seguramente en una de las principales noticias del año en China, dada la enorme cifra de víctimas mortales que seguramente va a haber al final. Las comparaciones son odiosas, pero, por ejemplo, el tristemente célebre naufragio el año pasado del buque de pasajeros surcoreano Sewol tuvo una cifra de víctimas (unas 300) menor que la que se teme en esta ocasión.

En el caso que nos compete, pasados dos días, empieza a haber cierta intranquilidad por el hecho de que después de tantas horas no se hayan podido recuperar más cuerpos, ni se haya encontrado la solución de qué hacer con el buque, si reflotarlo con grúas o intentar agujerear el casco que sobresale del agua para intentar acceder al interior. Un gran temor es que muchas víctimas hayan sido arrastradas por la corriente de este gran río, al que sólo el Nilo y el Amazonas superan en longitud. Ante esa posibilidad, hay patrullas de búsqueda hasta 200 kilómetros río abajo.

Las causas del accidente están también rodeadas aún de cierto misterio. La noche del naufragio estaba lloviendo mucho en la zona, pero eso no basta como motivo para que un barco se hunda. Se apunta a un posible tornado formado en la superficie del aire por el calor y la presión del aire, que de forma excepcional concentró tanta energía que pudo hundir al barco, aunque pocas veces se ha hablado de fenómenos así en el Yangtsé, normalmente los accidentes se han debido a colisiones entre buques.

Especialmente dramático fue el hecho de que tras el naufragio, que fue a primeras horas de la noche, nadie en la zona se enterara entonces del accidente y sólo se conociera muchas horas después, al amanecer del día siguiente, cuando alguno de los supervivientes pudo alcanzar la orilla y contar a los vecinos de por allí lo que había pasado. Muchos medios han hablado de la épica historia de Zhang Hui, uno de los guías turísticos que viajaban con el grupo de jubilados, que sin saber nadar pudo sobrevivir agarrado a cosas que flotaban en el agua durante ¡10 horas!, resistiendo olas y teniendo la suerte de no ser atropellado por otros barcos.

Alejándome un poco del drama, y espero que no os moleste, el naufragio me ha traído a la memoria imágenes del crucero que yo hice por el Yangtsé hace dos años, aunque el mío fue en dirección contraria (río abajo, mientras que el Estrella Oriental navegaba río arriba) y era considerablemente más corto (dos días, entre Chongqing y la Presa de las Tres Gargantas). Un viaje que, por supuesto, se desarrolló sin ningún incidente negativo, fuera del hecho de que los viajeros que me acompañaban «inundaron» la moqueta del barco de peladuras de pipas que comían. Hice entonces algunas fotos de aquel viaje y escribí unas líneas de mis impresiones a bordo, que podéis leer en este post.

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