Más diplomacia del ping-pong
y menos pim-pam-pum

Este mes de abril se cumple medio siglo de la famosa «diplomacia del ping pong», el sorprendente acercamiento que Estados Unidos y China protagonizaron, tras décadas de enemistad, a raquetazo limpio. Usaron como excusa uno de los deportes más sencillos y practicados del mundo, aunque no mueva millones ni Florentino quiera hacer con él una Superliga para destruirlo (perdonad, es que esta semana con cualquier excusa me acuerdo de este sujeto y me acaloro).

Tanto la prensa china como la estadounidense han recordado esta efeméride, seguramente con nostalgia, porque en los últimos años ni con Trump ni con Biden las cosas han estado demasiado bien entre Washington y Pekín y haría falta otra partidilla para intentar limar asperezas.

Este acercamiento comenzó en los Mundiales de ping-pong de marzo y abril de 1971, disputados en Nagoya (Japón), en los que China ya era una de las grandes potencias mundiales, aunque había estado varias ediciones sin competir debido a la Revolución Cultural, y Estados Unidos iba con un equipo modesto. El 4 de abril, uno de los miembros del combinado norteamericano, Glenn Cowan, perdió el autobús de su equipo, sólo quedaba el de los chinos en la zona de entrenamiento, y se montó en él como un señor. En el bus al principio la situación fue un poco embarazosa, pero al final fue tratado con mucha amabilidad por uno de los mejores jugadores del momento, el chino Zhuang Zedong (no era tocayo de Mao, pues aunque el pinyin es igual los carácteres son distintos), que hasta le regaló un bordado en seda de las montañas de Huangshan. Cuentan los anecdotarios que Cowan le dijo a Zhuang que él «también sabía lo que era la opresión» porque casi le habían expulsado del equipo estadounidense por llevar el pelo largo.

Zhuang (fallecido en 2013) y Cowan (en 2004) fueron fotografiados por periodistas que inmortalizaron el obsequioso momento. Al día siguiente, el estadounidense, que era bastante hippy, le regaló a Zhuang una camiseta con el símbolo de la paz y la frase «Let It Be».

Antes de que terminara el torneo en Japón, el equipo estadounidense fue invitado por sorpresa a China, entonces un país tan aislado como hoy lo es Corea del Norte. Dicen que Zhou Enlai y Mao decidieron cursar la invitación al enterarse del simpático incidente de Nagoya. No debía haber entonces muchos vuelos internacionales a Pekín, así que los jugadores americanos primero cruzaron la frontera de Hong Kong a Cantón a pie para volar desde allí en una ruta doméstica hasta la capital china, a la que llegaron el 10 de abril. Eran una de las primeras delegaciones del país norteamericano que pisaba tierras chinas desde la fundación del régimen comunista en 1949. Cowan sólo tenía 19 años, pero había algunos jugadores más jóvenes que él, hasta una chica de sólo 15 años que no me imagino lo que debió flipar. Disputaron varias pachangas, y algunos de los jugadores estadounidenses contaron que sus contrincantes chinos en muchos casos se dejaron ganar, pues sobre el papel eran infinitamente mejores que ellos pero les concedieron varias victorias.

En el cartel se puede leer «Calurosa bienvenida al equipo estadounidense de ping pong».

El viaje, apenas organizado en unos días, causó sensación: recordemos que EEUU y China habían sido enemigos directos en la Guerra de Corea (1950-53), aunque en los 70 Pekín sobre todo estaba enemistada con Moscú y buscaba cierto acercamiento con Washington para jorobar a los soviéticos. Muy poco antes que estos deportistas, por cierto, habían pisado China algunos miembros del movimiento de los Panteras Negras, un viaje del que también os hablé hace poco.

Cowan alucinando en Pekín.

Seguramente muchos conozcáis todo este suceso por la grandísima película Forrest Gump, en la que el personaje inmortalizado por Tom Hanks, que en el film se convierte en gran testigo ficticio de casi todos los grandes acontecimientos del EEUU de postguerra, es uno de los jugadores que va a China a jugar esos partidos amistosos.

A la vuelta a EEUU le quisieron convencer para que promocionara el juego de ping-pong «Gump-Mao», que creo que es posible conseguir en la vida real en eBay. Las paletas tienen a Mao en un lado y a Forrest en el otro.

Los jugadores de ping pong estadounidenses también hicieron la clásica visita a la Gran Muralla, pasearon por el Palacio de Verano, les llevaron a un espectáculo de ballet… Y justo un año después de todo ello, se producía la histórica visita a China del entonces presidente estadounidense, Richard Nixon.

Este apretón de manos entre Mao y Nixon fue en los 70 una sorpresa equivalente a la que nos causaron los de Trump y Kim Jong-un en los últimos años.

Por supuesto, el presidente estadounidense incluyó en la agenda de su visita presenciar un partido de tenis de mesa, al que acudió junto a la mano derecha de Mao, Zhou Enlai.

Aplaudiendo la jugada.

Después del viaje oficial de Nixon, fue una delegación de jugadores chinos la que visitó Estados Unidos para jugar varios amistosos, también en 1972. Este acercamiento entre dos países tan distintos mediante un deporte tan inocente como el ping pong ganó muchísima fama esa década y motivó muchísimas caricaturas en la prensa de la época.

Por ejemplo, ésta de 1978 en la que Carter continúa la diplomacia del ping pong jugando con un líder chino random: de paso Carter le da un raquetazo a Taiwán, y el chino hace lo mismo con Breznev, el entonces líder de la URSS.

Curiosamente, la primera caricatura sobre la diplomacia del ping pong fue mucho más antigua que todo esto que os estoy contando, y quizá con ella se inventó esa expresión: es de finales del siglo XIX o principios del XX, y en ella la reina Victoria y un mandarín chino juegan el entonces recién inventado deporte, quizá simbolizando la necesidad de negociar tras décadas de guerras del Opio y otros muchos conflictos bilaterales.

Merece la pena contar por otro lado que los dos protagonistas primigenios de esta historia, Zhuang Zedong y Glenn Cowan, siguieron siendo amigos aunque fuera en la distancia. Tras la muerte de Cowan en 2004, Zhuang llamó a la familia del estadounidense para dar sus condolencias, y siempre dijo que se arrepentía de no haber podido viajar más a EEUU para continuar esa amistad. No hubiera sido fácil, porque Zhuang tuvo una vida muy complicada en años posteriores: cuando murió Mao y cayó la Banda de los Cuatro (supuestos responsables de la caótica Revolución Cultural), al jugador se le encarceló e investigó por presuntas vinculaciones con Jiang Qing, viuda del Gran Timonel y uno de los cuatro miembros de la banda. Durante años, a Zhuang no se le permitió regresar a Pekín, aunque en los 80 su vida se fue normalizando.

La diplomacia del ping pong es historia del deporte, del acercamiento entre pueblos, y hoy en día conviene recordarla más que nunca. Chinos y estadounidenses lo hacen al menos cada diez años, para no olvidarse de que incluso en los momentos más complicados entre los dos gigantes se pueden poner uno a cada lado de una mesa con red y jugar un partidillo a 21 que aligere las tensiones.

Henry Kissinger, otro pionero de las relaciones estadounidenses, jugó un partido de ping pong con un viceprimer ministro chino en 2001, para conmemorar entonces los 30 años de esta diplomacia.

2 Comentarios

  1. Recuerdo, hará ya como 20 años en China, hablando con unos compañeros de trabajo chinos, que en una conversa salió el tema de Nixon. En general Nixon tiene mala fama por el tema del water gate, pero según ellos había sido el mejor presidente de los USA. Nos dieron a entender que en China era un personaje muy valorado positivamente.

    • Sí, y Kissinger, aún más odiado en Occidente, todavía es más querido por los chinos, a sus casi 100 años aún les visita muy a menudo.

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