Matrícula de honor suiza

Os saludo tras más de una semana sin escribir… no lo he hecho porque he estado de vacaciones, viajando lo poco que se puede viajar en estos tiempos, pero viajando al fin y al cabo.

Mi plan original para esta semana era ir a España en el coche que me compré el año pasado, pero mis planes una vez más se han ido al traste a causa de la pandemia. Estando prohibido viajar entre regiones tanto en Francia como en España, y siendo necesaria PCR para entrar en territorio español hasta por carretera, tuve que optar por un plan B, que fue viajar en coche por Suiza, país donde no hay restricción de movilidad entre sus cantones (más que nada porque es un país pequeño).

Como resultado, el primer road trip de mi vida en el que conducía yo ha sido por el este de Suiza, la zona de habla principalmente alemana, recorriendo los cantones que aún no conocía: Argovia, Turgovia, Grisones, Appenzell, San Galo, Zug, Escafusa…

Sintomático del viaje: uno de los sitios que más me impresionó (el lago de Wallensee) lo fotografié desde una gasolinera de autopista.

El viaje me ha servido, aparte de para practicar con el coche y ver muchos lugares impresionantes, para completar mi colección de matrículas de coche suizas. Los lectores más antiguos de esta web recordarán que me costó bastante hacer una colección de matrículas chinas

Fragmento de la colección, que tardé unos ocho años en completar (entre 2001 y 2009).

Las matrículas chinas y las suizas tienen dos cosas en común: la primera es que indican la división administrativa de procedencia del coche, como las españolas antiguas (en el caso chino muestran la provincia, región autónoma o municipalidad, y en el caso suizo el cantón). La segunda cosa en común es que no sólo son letras y números, como la mayoría de las matrículas del mundo: las chinas usan carácteres chinos para indicar la división administrativa de procedencia del auto, y las suizas un pequeño escudo para mostrar el cantón del que proceden (además de tener todas el escudo nacional suizo, una cruz blanca sobre fondo rojo).

Sin más dilación, aquí presento mi colección suiza, que me ha costado bastante menos de hacer que la china, no en vano Suiza es mucho más pequeña:

La de Lichtenstein (país por el que también he pasado en estas vacaciones) la he puesto de propina, en parte para cuadrar la lista y en parte porque a efectos prácticos Liechtenstein funciona como un cantón suizo más.

Al iniciar este viaje sólo me faltaba una matrícula por conseguir, la del cantón de Glarus (uno de los menos poblados de Suiza), y os confieso que fui a visitarlo con el coche en parte para conseguirla. De todos modos, el lugar es bellísimo: sus pueblos están a poco más de 400 metros de altura sobre el nivel del mar pero a pocos kilómetros de ellos hay unas montañas alpinas de 2.000 y 3.000 metros que quitan el hipo. Como resultado, es uno de los lugares donde más pequeño te sientes al lado de las montañas que te rodean por los cuatro puntos cardinales.

El otro cantón pequeño al que tuve que ir casi ex profeso para conseguir la matrícula, en este caso el año pasado, fue el de Uri, en un viaje que ya os conté que por poco me cuesta la vida. Tanto el escudo de Uri como el de Glarus son además muy curiosos: el de Uri muestra una vaca con una gran argolla en su hocico, y el de Glarus a un santo con biblia y báculo en mano que por lo visto se llama San Fridolino.

Otras matrículas en teoría complicadas de conseguir son las de Nidwalden y Obwalden, pero las conseguí fácilmente en años anteriores cuando fui a Lucerna y a Uri, cantones vecinos a esos dos.

Teóricamente, las matrículas más difíciles de conseguir deberían ser las dos de Appenzell que hay al principio de mi colección, al ser cantones muy pequeños, poco poblados y al otro extremo del país, pero resulta que casi todas las compañías de coches de alquiler de Suiza matriculan sus autos en esos dos cantones, porque así pagan menos impuestos, así que toda Suiza está llena de autos supuestamente procedentes de Appenzell que en realidad no lo son: son la bandera de Panamá de los autos suizos.

De todos modos, en mi viaje he visitado Appenzell, su ciudad capital (que no debe tener más de 4.000 habitantes) me pareció preciosa y hasta compré un queso de ese cantón, famoso por tener los quesos más malolientes de toda Suiza. Lo corroboro: el olor que aún persiste en mi casa en estos momentos tras haberlo abierto me recuerda mucho al de los durianes del sureste asiático.

Appenzell, con sus casitas de colores que me recuerdan a las fotos que he visto de pueblos de Groenlandia.

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