Misión impOMSible

Esta semana ha terminado la largamente esperada misión de expertos de la OMS a Wuhan para intentar esclarecer el origen del coronavirus causante de la COVID-19. Voy a comentar un poco lo que me ha parecido esa visita, y ya que estoy repasaremos las teorías sobre el origen de la pandemia.

Rueda de prensa final de la misión, que duró sus tres horazas (y creo que van a hacer otra en Ginebra, la que nos espera).

La OMS siempre pidió que no se depositaran en esta misión las infinitas esperanzas que muchos, sobre todo los medios de comunicación, pusieron. ¿Es realmente posible identificar el paciente cero de una enfermedad, cualquiera que sea, y más si es un virus altamente contagioso como éste? ¿Sabemos realmente dónde, cómo y en quién surgió el sida, la gripe, la viruela o el sarampión? No es muy realista que digamos.

Pero es que esta misión lleva meses siendo un asunto más político que sanitario: en Estados Unidos algunos, Trump incluido, le ponían velas a Santa Rita para que los expertos que había en ella (de la OMS pero también de la FAO y de la Organización para la Salud Animal) aseguraran que el virus se había creado en el Instituto de Virología de Wuhan. Mientras, China rogaba para que afirmaran que el virus había llegado al país a través de carne congelada importada del extranjero y luego vendida en el Mercado Huanan de Wuhan, donde se conocieron los primeros casos. Los expertos visitaron tanto el instituto como el mercado, así como el hospital donde se trataron los primeros casos de COVID-19 en diciembre de 2019, antes incluso de que la enfermedad tuviera nombre.

Siendo una misión, como vemos, altamente politizada desde el exterior, el Gobierno de China le tenía mucho miedo, y por eso adoptó una de sus estrategias favoritas, y a mi juicio más equivocadas: ponerle todos los obstáculos posibles. Que haya tardado un año en ir a Wuhan es la principal prueba, y también el feo gesto de dejar a dos expertos de la misión varados en aeropuertos en enero, cuando ya estaban volando a China. Por no hablar de lo reducido de la investigación, de apenas una semana: los expertos estuvieron más tiempo encerrados en un hotel de Wuhan, cumpliendo la cuarentena, que haciendo trabajo de campo. Todo esto es típico del régimen chino: opacidad, mucha opacidad, que no hace sino aumentar la desconfianza exterior. «Algo ocultan», pensará cualquiera, como siempre se piensa cada vez que Pekín da la información a cuentagotas, que es en muchísimos asuntos «sensibles» para el régimen.

Respecto a los resultados de la visita, la misión aún está pendiente de explicarlos de forma más completa en un informe que se publicará en las próximas semanas, pero por ahora no parecen marcar un revolucionario cambio de opinión sobre lo que más o menos ya se creía: todo parece apuntar a un origen natural del virus, que pasó de los animales al hombre, y aunque los primeros casos conocidos fueron de personas que estuvieron en el mercado Huanan de Wuhan, podrían no ser realmente los «pacientes cero».

La teoría del origen en el laboratorio, que descansaba en el hecho de que el Instituto de Virología de Wuhan llevaba años estudiando los coronavirus, no está totalmente descartada pero por ahora es la más improbable. El genoma del coronavirus se conoce desde principios de enero de 2020, y los científicos defienden que los genomas de los virus artificiales, que los hay, muestran características diferentes al del SARS-CoV-2. La versión más «heavy» de esta teoría, la de que es un arma biológica lanzada por China aposta, es defendida sobre todo por Li-Meng Yan, una científica de Hong Kong, no de Wuhan, que huyó a Estados Unidos el pasado año y ha tenido apoyo financiero y estratégico de Steve Bannon (el gran cerebro tras el populismo de derechas americano y europeo) y el millonario chino en el exilio Guo Wengui, un hombre comprensiblemente enfadado con el régimen comunista -que le persigue por supuesta evasión de impuestos- pero que ha convertido su lucha contra ese régimen en una obsesión en la que todo vale, también soltar bulos.

Li-Meng Yan, entrevistada por Iker Jiménez.

De todos modos, esta teoría difícilmente desaparecerá de medios y redes sociales, ya que es sumamente atractiva para muchos. Poder demostrar que China creó o, más aún, soltó el coronavirus deliberadamente, sería motivo para sancionar a ese país de formas que quizá dejarían en nada las que hundieron a Alemania tras el Tratado de Versalles hace cien años. Pero, repito, no va a ser fácil demostrarlo.

Por el otro lado, la teoría que más le interesaría a China, la de que el virus llegó de carne procedente de otros países, tampoco parece la más plausible por ahora. Es cierto que China importa mucha carne del resto del mundo (en mis últimos años en Pekín yo mismo sólo comía ternera uruguaya, mucho mejor que la local, que me traían por correo) pero lo cierto es que si los primeros casos conocidos en humanos son los de Wuhan, no es fácil manejar otros orígenes.

La teoría más sencilla y de momento más probable para los expertos de la OMS es, por tanto, que el coronavirus pasó de un animal al hombre en territorio chino. El primer animal donde se originó el coronavirus parece casi seguro que era un murciélago: los científicos chinos llevan años estudiando estos animales y han descubierto que tienen muchos virus de este tipo en su organismo. Como los mosquitos, otros grandes propagadores de enfermedades, muerden y chupan a otros animales, y pueden quizá de esta forma trasmitir sus virus.

No parece, sin embargo, que el coronavirus pasara directamente del murciélago al ser humano. Si un murciélago hubiera mordido a un ser humano y este hubiera enfermado o muerto poco después de COVID-19, hubiera sido un hecho llamativo, incluso en la China más profunda. Y los chinos no comen murciélago, por mucho que hace un año las redes sociales propagaran informaciones falsas al respecto.

Esta chica, Wang Mengyun, sí comió murciélago, en un viaje turístico al archipiélago pacífico de Palau en 2016: se grabó entonces un vídeo, más por la coña que por otra cosa, y el pasado año usaron sus imágenes para meterse con los supuestos hábitos gastronómicos de los chinos. Curiosamente, Palau es uno de los siete países del planeta que aún no ha tenido NINGÚN caso confirmado de COVID-19.

Otras teorías de un paso directo del virus apuntan al pangolín, un mamífero que también tiene a veces coronavirus en su organismo y que se come en China pero como un plato exótico de lujo, que -porcentaje dicho a ojo- un 99,99 % de los chinos jamás ha probado.

Todo apunta más bien a un animal intermedio entre murciélagos (o pangolines) y el hombre. No parece que animales domésticos como perros y gatos contraigan con facilidad el coronavirus, pero el pasado año se vio en Dinamarca que un animalillo como el visón sí que puede contagiarse y contagiar. La búsqueda continúa: aunque todos querríamos saber las respuestas, quizá no las conozcamos nunca, y aunque las haya, lo más probable es que cada uno se quede con las teorías que más se adapten a su ideología.

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