Mongolia es lo más

Esta semana de estreno en esta web me ha pillado fuera de China: he pasado cinco días en la vecina Mongolia, por temas de trabajo. Después de regresar de ahí, aún me pregunto cómo tras 15 años en estas latitudes aún no había estado en un país tan fascinante, además de ser el que más cerca está de Pekín (bueno, ése y Corea del Norte, pero éste último no es muy fácil de pisar).

Bueno, en realidad sí que me lo explico: una razón es que hace 10 años intenté ir, y me pareció que lograr el visado era bastante complicado, al estilo de la burocracia rusa (Mongolia, como muchos sabréis, fue durante décadas casi una provincia-república más de la Unión Soviética). Otra razón pudo ser que he visitado dos veces Mongolia Interior, la región china vecina a Mongolia-país, y eso durante un tiempo satisfizo mi curiosidad por praderas y nómadas. En fin, el caso es que finalmente he ido, y por cierto, he descubierto que el visado ahora es mucho más fácil de obtener, así que no descarto volver allí por vacaciones.

Me he encontrado una ciudad, Ulán Bator, peculiar como pocas: rodeada de montañas completamente nevadas este invierno, la capital mongola tiene todavía un clarísimo aire soviético, con edificios neoclásicos al estilo de Moscú o San Petersburgo, aunque todo a un tamaño más humano, pequeñito. En el centro de la ciudad está la plaza Sukhbatar (el Mao-Lenin de los mongoles), que durante unos años recientemente se llamó plaza Gengis Khan pero ahora vuelve a llamarse Sukhbatar. Para compensar, el mausoleo que había en la plaza con el cuerpo de Sukhbatar, similar a los de Mao y Lenin en Tiananmen y en la Plaza Roja, fue retirado de ahí y casi en el mismo lugar hay una estatua de Gengis Khan, el hombre que, recuerdan orgullosos los mongoles, les hizo dueños del segundo imperio más grande de la Historia, sólo por detrás del británico. Lo hizo degollando alguna que otra población a su paso, pero bueno, fruslerías que tampoco nos vamos a tomar a pecho.

Gengis Khan es el orondo personaje del fondo

Fascinante, pero problemático, es el urbanismo de la ciudad: no tiene demasiadas calles en su centro, lo que provoca atascos constantes, pero en sus afueras hay barrios de yurtas. Sí, de yurtas, porque los inmigrantes rurales que van a buscarse la vida a Ulán Bator optan por seguir usando la misma vivienda que tenían en las praderas, o bien pequeñas cabañas de madera. En consecuencia, por las montañas que rodean la ciudad  se desparraman poblados de yurtas y cabañas, sin calles asfaltadas, con un aspecto único en el planeta. Los mongoles los llaman “distritos de gers”, ya que “ger” es la palabra con la que se refieren a las yurtas. Por dentro, tanto en la ciudad como en las praderas, las yurtas son una maravilla, con sus suelos alfombrados, sus armarios decorados en vivos colores y su gente hospitalaria que te da de comer y beber -vodka mongol, mayormente- hasta que revientes.

En los últimos años los barrios de yurtas y cabañas han crecido exponencialmente, como le ha pasado a los suburbios de muchas urbes de países en desarrollo, y eso ha contribuido a aumentar mucho la contaminación de la ciudad, ya que en esas “gers” la calefacción funciona a base de estufas de carbón muy contaminantes. Es increíble, pero la ciudad, no muy grande y capital de un país con unos espacios abiertos inmensos, es una de las más contaminadas del mundo.

Positivos o negativos, los procesos que vive Ulán Bator son interesantísimos y hacen ya de Mongolia un sitio digno de seguir, pese a lo olvidado que suele estar en las noticias. Y eso sólo mirando la ciudad, porque el campo es todavía más impresionante, claro, con ese mar inmenso de hierba… bueno, para mí ha sido de nieve, pues ahora están a unos 20 o 30 grados bajo cero constantemente y el paisaje fuera de la ciudad parece el de la Antártida. Estremecedor, en todo caso, de una belleza simple y sin parangón.

De este viaje me han quedado unas ganas locas de volver a Mongolia en verano, para verla en todo su verdor, y a poder ser ir desde Pekín a la curiosísima Ulán Bator en tren, atravesando el desierto de Gobi. Uf, es que todo suena aventurero…

6 Comentarios

  1. Lindo el nuevo blog!

    Ahora llendo al tema, me encanta la idea de visitar Mongolia un día, aunque me da un poco de miedo el tema del idioma, nose que tantos hablen inglés para comunicar lo básico y tampoco que tan caro sea. No soy muy de turismo aventura sino más bien de un hotel sencillo y viajar donde se me venga en gana.
    un abrazo y que bueno ver que estas escribiendo seguido de nuevo!.

    • A mí me pareció relativamente barato, aunque al ir por cuestiones de trabajo los gastos eran diferentes que cuando vas de turismo… No parece que haya mucho conocimiento de inglés entre la gente, pero creo que se puede sobrevivir, y ya vi en Ulán Bator agencias y gente que te organizaba excursiones a las praderas y las yurtas. Yo desde luego pienso volver en plan turista.

    • ¡Pues apúntate a la próxima si has quedado contagiado! Me interesa ir en julio, para el Festival Naadam, la principal feria de los mongoles.

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