Montañas inconfundibles

Debe ser por esto de vivir cerca de los Alpes, pero me vuelve a apetecer hablar en esta web sobre montañas, como hice hace poco en el post sobre el Everest y otros ochomiles. Espero que aquellos más amigos de las llanuras y las tierras bajas sepan disculparme.

Y en esta ocasión lo hago porque recientemente he estado en Zermatt, el turístico pueblo alpino suizo a los pies del célebre monte Matterhorn (así conocido en la cara norte, porque en la sur, ya en Italia, lo llaman el Cervino) y esa soberbia montaña me inspiró el texto que hoy me dispongo a escribir.

El Matterhorn, con 4.478 metros, es uno de los principales símbolos de Suiza, por su imponente y casi equilátero aspecto, así que es frecuente verlo en portadas de guías de viajes del país o en posters. Quizá lo que más famoso lo ha hecho por el mundo es su incusión en el célebre logo de Toblerone, esa chocolatina triangular omnipresente en los aeropuertos.

En Zermatt, su presencia es realmente hipnótica: no puedes dejar de mirarlo, ni de fotografiarlo, si lo tienes a tiro. Aunque debo admitir que de los tres días que estuve allí, estuvo tapado por las nubes los dos primeros y la mañana del tercero, así que en la tarde de la última jornada, cuando apareció, tenía yo una ansiedad encima que ni la de un andaluz haciendo noche para ver a la virgen del Rocío. Me pasé por ello esas últimas horas mirándolo y tomándole fotos para compensar el tiempo «perdido».

Lo que tiene el Matterhorn, creo yo, es que es una de las montañas más claramente identificables del mundo, aunque no sea de las más altas (sólo en Suiza hay cuatro con más altura que ella, y en el resto de los Alpes otra más, el francoitaliano Mont Blanc). Su silueta piramidal casi perfecta, al menos por el lado suizo, lo convierte en un símbolo rotundo. Posiblemente, junto al japonés Monte Fuji, sea la montaña más reconocible del planeta, aunque seguramente muchos la conocen por su forma sin saber su nombre, como le ocurre al Artesonraju, el monte de los Andes peruanos que según se cree inspiró el actual logotipo de Paramount Pictures.

No os extrañará saber, por tanto, que en Zermatt casi cada tienda, hotel, restaurante o bar del lugar, y está lleno de establecimientos dado su perfil turístico, usa la montaña en sus letreros y logotipos. Nunca había visto a un monumento dominar tanto en el turismo de una localidad, acabas saturado de dibujitos del Matterhorn por todas partes (sobre todo si os ocurre cómo a mí y pasáis los primeros días viendo sólo sus representaciones comerciales y no el original).

Introduzco ya por fin el tema primordial de esta web, que es China, para hacerme y haceros la siguiente pregunta: ¿Tienen los chinos su propio Matterhorn, esa montaña que todos ellos conocen con sólo ver la silueta, y que pueden convertir en un logotipo comercial dada su fama?

Los chinos -cuya presencia como turistas en Zermatt era muy abundante, por cierto- tienen ciertamente muchas montañas famosas, desde Huashan a Huangshan, Taishan o Lushan (los que no sepáis chino empezaréis a sospechar que «shan» significa «montaña», y estaréis en lo cierto). Sin embargo, no se trata de montañas con siluetas muy características ni claramente identificables a simple vista, de hecho en muchos de los casos mencionados esos lugares no se refieren a un sólo pico sino a muchos en torno a una zona turística o de peregrinación.

Quizá, a la hora de buscar montañas de formas inconfundibles en China, haya que irse al Himalaya tibetano, y creo que el mejor ejemplo de un «Matterhorn chino», similar en fama aunque su forma sea muy diferente, sea el Monte Kailash.

Con esa forma redondeada, el Kailash puede engañar, pero en realidad es mucho más alto que el Matterhorn, tiene nada menos que 6.638 metros (al sobresalir de una meseta que ya está a 4.000 metros, cualquier elevación en el Himalaya te sube a más de 5.000 metros). Sagrado para cuatro religiones (hindúes, budistas, jainistas y bon), es un monte cargado de magia y espiritualidad. Es muy visitado por turistas y peregrinos, pero a diferencia de otras montañas, lo que la mayoría de los visitantes busca hacer al llegar allí no es escalar a su cima, sino rodearlo: es tradicional para las cuatro religiones que lo veneran hacer un viaje de circunvalación de su falda al menos una vez en la vida, un trayecto de más de 50 kilómetros de longitud que hindúes y budistas hacen en el sentido de las agujas del reloj y jainistas y bon en sentido contrario. Muchos turistas, aunque no crean en ninguna de estas cuatro religiones, se unen a estos peregrinos.

Su presencia en la cultura popular puede que sea menor que la del Matterhorn, pero no debemos olvidar que una editorial española lleva su nombre (La editorial Kailas, que por cierto publica en España a Mo Yan y otros muchos escritores asiáticos) y que, buscando un poco por Google, también puede verse como protagonista de algún que otro logotipo:

Su redondeada y blanca cima también puede aparecer en pinturas religiosas, dado su carácter sagrado, así que si vais a algún templo, sobre todo en Tíbet, India o Nepal, intentad buscar su silueta.

Tangka tibetano.
Pintura hindú (para esta religión, el monte es la morada de Shiva).

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