Mulán ruge

Me da un poco de pereza hablar hoy de Mulán, la última superproducción de Disney, pero como está siendo la polémica de la semana me temo que no me va a tocar otra. Pereza porque no me gustan los boicots políticos a las películas, ni desde la izquierda ni desde la derecha, y porque creo que estoy haciendo demasiados posts de cine últimamente (desde el confinamiento me he acostumbrado a ver al menos una peli al día y ahora sólo se me ocurren posts cinematográficos). En fin, qué le vamos a hacer.

Mulán (creo que lleva tilde en español, pero no apostaría mi mano por ello) es la enésima adaptación a imágenes reales de los clásicos de dibujos animados que Disney está haciendo en los últimos años. Ya sabéis, ahora podéis ver Aladdin, La Bella y la Bestia, Alicia, 101 Dálmatas o El Libro de la Selva con Disney de dos formas: «la de dibujos» y «la de personas». Yo, que ya vi los clásicos animados -muchos de ellos más de una vez- no tengo demasiadas ganas de ver ningún «clásico reimaginado», como los llama Disney, y de momento no me he puesto ninguna, y eso que tengo Disney Plus.

El Mulán de dibujos animados, estrenado en 1998, fue una historia revolucionaria a su manera, porque tras beber durante décadas de los clásicos literarios occidentales, Disney decidió dar un giro de 180 grados y acudir a los mitos de Extremo Oriente, apenas conocidos en otras latitudes. Tuvo un éxito relativo, muchos la vimos en su día, y los que lo hicierais seguramente recordáis sobre todo al secundario gracioso, como pasa en muchas pelis de Disney. En este caso era el dragón Mushu.

Muchas de aquellas pelis que tanto nos gustaron en los 90 están siendo últimamente grandes pelotazos de taquilla en sus versiones en carne y hueso, así que no es de extrañar que haya llegado este remake de Mulán. Pero llega en un momento muy delicado: durante meses no ha habido estrenos de cine en ninguna parte del mundo, así que cualquier superproducción que ahora se estrena corre el riesgo de llegar a cines a los que mucha gente aún no se atreve a ir, o que han reducido sus aforos debido a las medidas de prevención de la COVID. Es por eso que la distribución de Mulán está siendo tan rara: sólo llega a grandes pantallas en algunos países (entre ellos China), y a la vez los clientes de Disney Plus la podemos ver en «estreno» si pagamos 30 eurazos, una cantidad a todas luces algo excesiva.

Por si fuera poco, a Mulán le está acompañando cierta polémica política, que aún puede dificultar más su acogida entre el gran público. Primero, porque la protagonista de la película, la actriz china Liu Yifei, hizo declaraciones públicas de apoyo a la policía de Hong Kong, en un momento muy delicado en la excolonia por las protestas que desde el año pasado sacuden el lugar. Y después, porque algunas partes de la historia fueron rodadas en Xinjiang, la región donde en los últimos años el Gobierno chino ha creado centros de educación donde ha encerrado para adoctrinarlos durante unos meses a cientos de miles, quizá millones, de musulmanes uigures, con el argumento de que está intentando así que se reduzca la influencia del yihadismo en la zona.

Debido a estas controversias, se han multiplicado sobre todo en internet las típicas llamadas al boicot que suelen rodear a películas, series de televisión y otros productos cuando se ven mezclados con la mundana política.

Personalmente, nunca he estado a favor de boicotear nada, y menos una película. Estoy seguro de que en todas las que he visto algún director, actor o foquista tiene opiniones políticas o de otro tipo que probablemente aborrezco. ¿Y qué? Si las aparca en el rodaje y me cuenta una historia bonita, me da igual lo que haga fuera de su trabajo. Lo mismo me ocurre con los deportistas, con la cajera del Carrefour que me ha atendido hoy, o con cualquier otra persona. Es lo de siempre:

Por otro lado, los críticos están diciendo que no está nada mal, que su fotografía es soberbia, y además se entiende bastante mejor que Tenet, que es el otro gran estreno «salvador del año» que está habiendo estas semanas (ésta sí que la he visto en el cine, pero mañana la voy a volver a ver para intentar entender al menos una mínima parte de la trama).

Por cierto, que esta última película de Disney está claramente orientada al público chino, en este año maldito quizá el único que puede ir en masa a los cines y «salvar» los pocos grandes estrenos que haya, pero hay que decir que un personaje tan famoso para los chinos como Mulán, la chica que se disfrazó de hombre para luchar contra los hunos en la antigüedad, también ha protagonizado varias producciones chinas. Yo vi en su día, en un cine de Pekín, la más reciente, de 2009, pero admito que no me enteré mucho de la historia, porque la vi en mandarín original y subtitulada en el mismo idioma chino (en China muchas pelis y programas de televisión se subtitulan al chino, debido a que hay muchas variedades dialectales diferentes al mandarín estándar del cine y la TV, pero todas se escriben más o menos igual).

PD: con el título de hoy homenajeo un post de hace una década en el que planteé adivinanzas de películas con el viejo inicio de «se levanta el telón». La respuesta a la pregunta es una de mis películas musicales favoritas, que nada tiene que ver con China, pero sí un poquito con la India.

3 Comentarios

  1. Entiendo perfectamente lo que dices y es lamentable que la política esté siempre presente, más o menos subliminalmente en producciones fílmicas, libros de éxito o simples programas televisivos.

    • Otra cosa es que el director tenga intenciones políticas en su película, que es perfectamente comprensible y puede merecer tanto apoyos como críticas, pero cuando se le buscan relaciones enrevesadas con cierto tema político a las pelis, la verdad, es que me subo por las paredes y me pongo malo.

  2. ¡Diay CHCH!, solo te puedo decir que esto va de mal en peor, China con amenazas, coacciones o extorciones con el tema de Hong Kong y Taiwán, Estados Unidos tirando piedras al avispero, y creen que el gigante asiático es como América Latina que puede hacer lo que se le dé la gana con ellos; lamentablemente el cine y los programas de televisión no son ajenos a esos temas, opiniones o el pensar geopolítico, de sus autores, que despierta la aporbación o desaprobación del público, bueno, aquí en Costa Rica la estamos pasando mal con el COVID 19, porque la gente no coopera, y cada uno quiere cargar para su propio saco, ahora el gobierno quiere negociar un préstamo con el FMI, que se convertirá en una condena para el país, porque son más impuestos y ventas de instituciones públicas, el problema con Costa Rica y el resto de países de América Latina, es que, los que verdaderamente gobiernan el país son los empresarios, los transportistas y entre otras cámaras del sector privado, si alguien los pone en su sitio, ellos amenazan con cerrar operaciones en el país, dejando sin trabajo a muchas personas, los empresarios costarricenses varios evaden impuestos y ocultan sus capitales en paraísos fiscales, y declaran ganancias «0», y las autoridades no son como muy rápidos para actuar, por las trabas; si pudiera ir a San José a la Asamblea Legislativa, propondría a los diputados que la Fábrica Nacional de Licores (FANAL), que es una empresa estatal, junto con la empresa estatal de telecomunicaciones Kolbi, y el Consejo Nacional de la Producción, puedan ofrecer sus productos, bienes y servicios, a China para así diversificar el comercio con varios países, porque de 1350 millones de habitantes, por lo menos con 50 millones de consumidores, las arcas del estado costarricense se salvarían del colapso fiscal que está a la vuelta de la esquina… Pero no creo que escuchen, están más interesados en reducir el estado o desmantelarlo, que en el bienestar del pueblo, y como dije antes, el sector privado o los sectores oligárgicos, son los que verdaderamente han gobernado Costa Rica desde la «independencia», y si les llevamos la contraria se van del país, acusarnos con Estados Unidos, para que nos empaqueten sanciones económicas, comerciales y una posible intervención militar, etc. Algo que la pandemia hizo a nivel mundial, es que nos demostró que el capitalismo y el neoliberalismo tienen serias deficiencias cuando ocurren este tipo de emergencias, el tiempo me enseñó, que debería haber un poco más de estado, obviamente eliminando sus abusivos y corregir los errores y deficiencias que ellos también tienen, bueno, eso lo veo yo, aunque para muchos es una utopía.

    Saludos.

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