No es la más grande,
pero grande es su grandeza (II)

A modo de apéndice del anterior post, mostraré sobre todo con imágenes tres últimas cosas de Chongqing, pues no querría «marcharme» de ella sin citarlas…

Una es el Templo de Luohan, en el centro de la ciudad. Sí, ya sé, ya sé, habéis viajado por China y Asia y estáis hasta las narices de templos… Pero éste tiene encantos especiales, sobre todo una gran sala con cientos de estatuas multicolores de arhats (santos budistas) por cuyo recorrido laberíntico merece la pena adentrarse. La sala es, en realidad, una copia modesta de la sala de arhats del templo más famoso de la «vecina» Wuhan, pero a mí me gustó más la de Chongqing, pues las estatuas en Wuhan eran doradas y las de aquí policromadas. También me pareció curioso el emplazamiento «de supervivencia» del templo, pues está rodeado de obras, solares y rascacielos, como resistiendo irreductible al progreso invasor: un templo-clavo, vaya.

En las afueras de la ciudad (pero con parada de metro) se encuentra el muy recomendable barrio-pueblo de Ciqikou, donde se ha preservado la arquitectura tradicional local. Hay mucho turista y mucha tienda de souvenir, pero hay zonas más tranquilas y en general es un lugar muy agradable. Antes de que Chongqing fuera tomada por los rascacielos y los bloques grises, toda la ciudad debía tener este aspecto…

Por último, uno no puede pasar por Chongqing sin acercarse a las Grutas Budistas de Dazu, a dos horas de viaje en bus. Son más pequeñas que sus igualmente famosas primas del norte chino (Yungang, Longmen, Mogao) pero con su encantao particular, en parte porque el verdoso entorno de Dazu es más agradable que en las desérticas cuevas budistas del norte. Es impresionante cómo se conservan todos los colores de las estatuas… Una vez visto Dazu, ya tengo completo el poker de cuevas chinas, y aunque en primer lugar están las de Mogao, Dazu y Yungang empatan en el segundo puesto.

Y así concluye mi descripción desordenada y en plan publirreportaje de Chongqing… Una ciudad que vale mucho la pena de visitar, aunque el hecho de que se encuentre tan en el interior del país la deja un poco a desmano, sobre todo para llegar a ella en tren.

Dejé Chongqing por vía fluvial, pues seguí animado a viajar y tomé un barco que me llevaría a nuevos puertos, a través de las Tres Gargantas, o lo que queda de ellas. Sigo contando en próximos posts.

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