¡Novios wan sui!

Hola gentes: os escribo desde Madrid, porque ya han comenzado mis vacaciones estivales, en las que vuelvo a mi patria querida. Pero no voy a hablaros de la Carmena o de Podemos, ni siquiera de Marujita Díaz (DEP), sino de lo que hice el último día antes de volar a España: asistir a una boda china.

Aunque llevo muchos años en Pekín, es sólo la segunda boda china a la que asisto, quizá señal de lo difícil que es adaptarse a este país y ser uno más (o igual señal de que mis amigos son solterones como yo, quién sabe). En fin, el caso es que esta boda fue mejor que la primera, porque ésta no fue sólo un banquete (que es a lo que suelen limitarse las bodas chinas) sino que también tuvo otras “diversiones”.

La primera de ellas fue que la boda era por la iglesia (católica), ya que tanto el novio como la novia son de esta religión. No es habitual en China, pero eso no quiere decir que no pueda pasar, y además entre los jóvenes chinos lo del catolicismo tiene cierto componente “cool” que en Occidente se perdió hace como 2.000 años. El caso es que la boda se celebró en una bonita iglesia de la provincia de Hebei, de donde es el novio (una de las diferencias con España: la boda se hace en el lugar del novio).

La misa ofició a las 6 y media de la mañana. En efecto, demasiado pronto, pero en fin, así no pasamos tanto calor. A la ceremonia habíamos sido invitados bastantes extranjeros, amigos y colegas de trabajo de la novia, que probablemente debido al madrugón fuimos los últimos en llegar a la iglesia. Cuando los guiris llegamos, nos encontramos al novio y a la novia en la puerta del templo (sí, en China lo de que la novia llegue tarde no parece que sea costumbre) y esperando un poco impacientemente a que llegáramos los extranjeros tardones. Nosotros y el novio éramos los únicos que llevábamos traje y corbata, el resto del mundo iba de normal.

La misa fue en chino, así que no entendimos mucho de ella: sí puedo decir que los rituales son muy parecidos, aunque cantan muchísimos salmos más que en España, y cuando se dan la paz no se dan la mano, sino que se reverencian unos a otros. Cuando los novios se pusieron los anillos, la intimidad del momento quedaba algo reducida por el hecho de que un cámara contratado para la ocasión estaba junto a ellos metiendo la cámara sobre sus cabezas.

Los extranjeros nos portamos muy bien pero hicimos un poco el ridículo en la comunión, cuando nos pidieron en inglés que si queríamos comulgar cruzáramos nuestras manos sobre el pecho, como en el sarcófago de Tutankamón. Nosotros pensamos que teníamos que estar así todo el rato, no sólo al pasar a comulgar, y nos quedamos en esa rara postura varios minutos, sin saber qué hacer. Aunque todo fue muy católico, al final de la ceremonia los novios hicieron reverencias a estilo chino a sus padres y a los asistentes a la misa.

A la salida de la misa, en vez de arroz (y mira que en China tienen arroz) se tiraron petardos, una gran traca que había sido dispuesta en forma de corazón en la puerta de la iglesia.

Desde allí fuimos a la casa del novio, donde nos recibió otra gran traca y donde la tradición mandaba al parecer que los niños invitados robaran prendas de los recién casados (la chaqueta de él, los zapatos de ella) y se los revendieran, mientras la pareja se sentaba un buen rato en el lecho nupcial y se hacía allí fotos con los invitados. Los niños ladrones eran premiados con unos hongbaos (sobres rojos) nada desdeñables, de hasta 1.000 yuanazos. Así me gusta, premiando el crimen desde la infancia… También hubo sobre rojo para una niña que les dio a los novios un bol de fideos (símbolo de larga vida) para que se los comieran.

Mientras ocurría esto y la novia se cambiaba de traje (llevó tres distintos a lo largo de la ceremonia, dos blancos como de novia occidental y uno rojo de novia china) los invitados éramos agasajados con té, pipas, sandía, dátiles chinos y cosas así que nos quitaron un poco el hambre de cara al banquetazo, que empezó a eso de las 12 de la mañana en un hotel cercano a la iglesia.

En el banquete todos comimos muy bien salvo los pobres novios, que subidos a un escenario tenían que hacer toda clase de rituales: escuchar el discurso de una especie de presentador que les decía las obligaciones que tenían con el matrimonio, dar el ramo a la mejor amiga de la novia (no se tiró indiscriminadamente) y, por encima de todo, el ritual de colocarse frente a los padres de los novios y ofrecerles té con una reverencia mientras se les decía “ma, qing he cha” y “ba, qing he cha” (máma y papá, bebed té), que suena muy gracioso. Es uno de los actos centrales de las bodas chinas, simboliza en cierta manera que la novia es ya parte de la familia del novio, y es lo que seguramente más emocionó a los recién casados.

Antes del banquete cada invitado entregó en una mesita de la entrada su particular regalo, un hongbao con dinero que la familia del novio no se cortaba en sacar del sobre y contar, para apuntar lo que cada uno daba (es lo normal en China, no se asusten). Otra cosa chocante para un guiri ocurrió al final del banquete (a las 2, la hora a la que en España comenzamos a comer), cuando los camareros no tuvieron miramientos para empezar a recoger las mesas (incluso llevándose sillas y tableros) cuando algunos comensales estaban comiendo aún (incluidos los novios, que con tanto ritual habían empezado a comer bastante más tarde que el resto).

En fin, cosas muy diferentes de una boda española, pero a la vez divertidas y que nos hicieron disfrutar mucho la ceremonia, pese al gran madrugón (que me permitió llegar pronto de vuelta a Pekín para hacer las maletas, dejar a la perra en la perrera y hacer la maleta, pues al día siguiente volaba a España). ¡Vivan los novios!

1 Comment

  1. Enviado por Jose (Melilla)
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    Interesante y curioso reportaje. Estas cosas no las suelen contar los periodistas sólo los que viven en un país concreto, esa es la diferencia. Sigue asi.

    Buenas vacaciones y te esperamos.

    ~~~
    Enviado por Macrena
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    Gracias por contarnos siempre cosas tan interesantes. Nos acercas la China cotidina y a través de tus experiencias aprendemos un montón de cosas. Disfruta tus vacaciones y a la vuelta más. Besicos

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    Enviado por ChinoChano
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    Gracias… Seguiré escribiendo aunque esté de vacaciones!

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