Nueva Delhi,
Vieja Delhi,
Madurita de buen ver Delhi

Lo confesaré: uno de los grandes objetivos de mi reciente viaje a la India era enterarme de una puñetera vez de si su capital es Delhi o Nueva Delhi. Si son dos ciudades distintas, si una es más grande que la otra, si la nueva es realmente más moderna… Después de haber pasado por allí, confieso que aún no tengo las cosas del todo claras.

A ver, sí me enteré de que Nueva Delhi está DENTRO de Delhi, y no en sus afueras, como yo originalmente pensaba. Es la parte más moderna y occidentalizada de la ciudad, una ciudad que ha sido destruida, reconstruida y rebautizada unas nueve veces (que se sepa, las leyendas dicen que podría haber ruinas de 30 ciudades y de 30 épocas en el lugar). Nueva Delhi fue construido en el siglo XIX por los británicos cuando cambiaron la capital desde Calcuta a una zona un poco más céntrica de su vasto imperio en el subcontinente indio. La construyeron junto a una gran ciudad que ya había sido capital de reinos antiguos -si la historia china es compleja, la india ni os cuento, así que dejémoslo así- y alrededor de ambas ha crecido un Gran Delhi que es una de las mayores concentraciones humanas del mundo, con el permiso de Benidorm.

¿Es entonces Nueva Delhi un barrio de Delhi, y por lo tanto la capital de India, por extensión, es la ciudad de Delhi? Pues parece ser que no, que para los indios la capital es estrictamente Nueva Delhi, sólo ese barrio (o distrito, no sé exactamente su estatus municipal), y no el resto de la ciudad. Pero creo que ni ellos mismos lo tienen del todo claro. En fin, todo muy extraño, aunque creo que nada puede extrañar en una India donde hay un Estado que tiene dos capitales (Jammu-Cachemira tiene una capital para el verano y otra para el invierno) mientras que hay dos ciudades del país que sirven de capital para dos estados cada una (Hyderabad es capital de los estados de Telangana y Andhra Pradesh, mientras que Chandigarh, la ciudad que ideó Le Corbusier, es capital del Punjab y de Haryana).

Pero bueno, volviendo a Delhi, quizá os interese saber que en su interior no sólo hay un barrio llamado Nueva Delhi, sino otro llamado Vieja Delhi, que ya existía antes del proyecto urbano de los british. Están uno al lado del otro, ahora ambos muy céntricos, pero no podrían ser más opuestos entre sí. Nueva Delhi, el barrio donde están los McDonalds, las cafeterías y las tiendas de ropa cara, es en muchas calles un barrio casi vacío, donde miras a los lados de la calzada y o ves muros (detrás habrá embajadas y cosas oficiales) o grandes explanadas de césped, pero en resumen se podría decir que no hay apenas nada.

Puerta de la India, símbolo de la ciudad, en Nueva Delhi.

Vieja Delhi, por contra, es el primer contacto con el gran maremágnum que puede ser una ciudad india: bazares, ruido de claxon incesante, gentío (eso sí, no vi ninguna vaca, tuve que salir de Delhi para empezarlas a ver).

Entrada a la Gran Mezquita, en Vieja Delhi.

Todos los viajeros que han estado en la India más tiempo que yo me recomendaron que no estuviera mucho en Delhi. Su contaminación (mayor que la de Pekín, dicen, aunque a mí me tocaron días relativamente buenos) y la alta concentración de timadores de turistas en sus zonas más populares la hacen algo difícil, pero para un recién llegado como yo no fue una experiencia tan mala, es más, me pareció muy interesante como primera inmersión en el país. Sí es verdad que un mes después, cuando volví a Delhi otra vez para tomar el avión de vuelta a casa, la ciudad me parecía bastante menos imponente que Bombay, con monumentos de menor perfil que los de Agra o sin el halo mágico de Varanasi, pero creo que cumplió muy bien su papel de primer chapuzón en la locura india, y creo que en mi ránking personal la voy a poner mejor que otras capitales asiáticas como Bangkok, Yakarta o Manila. Y con monumentos mucho más fotogénicos…

De arriba abajo:
Tumba de Humayun,
El «rascacielos medieval» Qutub Al Minar,
Fuerte Rojo.

En Delhi, por cierto, visité el barrio tibetano de Majnu-Ka-Tilla. No era muy bonito, apenas una callejuela estrecha repleta de tenderetes, bares y hoteles, pero era muy curioso. Muchos establecimientos tenían fotos del Dalai Lama, se vende mucha propaganda pro independencia del Tíbet (banderas, libros, camisetas, etc) y el ambiente era muy diferente al del resto de la ciudad, por el contraste entre indios y tibetanos y por la práctica ausencia de tráfico rodado. Me pareció que a los tibetanos los tenían un poco hacinados allí (aunque bueno, con la densidad de las ciudades indias, quizá es lo que hay para todos, sea cual sea su etnia), pero a la vez dentro del callejón había unas cafeterías y restaurantes bastante pijillos, donde por cierto comí como un señor, casi la única comida no picante de todo el viaje.

¡Sé el primero en comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.