¿Nuevas Rutas de la Seda?
Yo me quedo con las viejas

Este mes de octubre, a modo de despedida de China, he viajado por el oeste de este país, como ya os he comentado en alguno de los últimos posts. Pese a que he dado muchos tumbos por tierras chinas durante lustros, este viaje ha sido el más largo que he hecho en mis 17 años de andanzas en este país. Fueron dos semanas que empezaron en el centro de Gansu (una de mis provincias chinas favoritas, como ya dejé claro), siguieron en Qinghai (una de las pocas provincias chinas que me faltaban por conocer), continuaron nuevamente en Gansu (esta vez en el sur) y finalizaron en Ningxia. Un paseo por una zona de cielos de azul intenso y paisajes superlativos -y más en estos días otoñales-, con un cruce de culturas y de Historia sin parangón en el país. Chinos, tibetanos, musulmanes hui, mongoles y otros pueblos durante siglos se han cruzado en esa región, a veces guerreando y otras comerciando en la famosa Ruta de la Seda que pasaba por todos esos lugares. Valga un simple álbum de fotos, con sus pies correspondientes, para dejar memoria de este último viaje -o penúltimo, aún me estoy haciendo alguna excursión postrera- para decir zai jian.

El periplo comenzó como en los viejos tiempos pre-tren bala, con un trayecto de 30 horas en vagón cama desde Pekín hasta la ciudad de Zhangye, atravesando los yermos y desiertos de Mongolia Interior. En una de las ciudades que atravesamos vi una colina que en su cima tenía una gigantesca estatua de Gengis Khan.
Parque geológico de Binggou, en las afueras de Zhangye. Una de las cosas que más me impresionó del viaje fue una de las primeras que vi.
Parque de Danxia, también en Zhangye. Ahora lo están llamando “las Montañas Arcoiris”, por razones obvias, imagino que con fines turísticos. Una visión impresionante, aunque llena de turistas debido a la semana de vacaciones por el Día Nacional. A mí me parecía estar visitando el Desierto de Colores de “La Historia Interminable”.
Zhangye, una ciudad que visité ya en 2007 pero que en aquel entonces desconocía que tenía unos parajes naturales tan espectaculares en sus afueras. He tenido que regresar a ella para verlos.
Templos y monasterios horadados en paredes montañosas en Matisi (Templo de la Herradura de Caballo), en la zona fronteriza entre Gansu y Qinghai. Aquí ya se notaba influencia cultural tibetana y los paisajes empezaban a ser de alta montaña.
Xining, capital de Qinghai. Pese a estar ya en una zona históricamente tibetana, la ciudad está sorprendentemente presidida sobre todo por las mezquitas de los hui, que básicamente son chinos que desde hace siglos adoptaron la religión musulmana. Xining, como muchas otras ciudades que he visto, parece haber construido todos sus cientos de bloques de pisos en los últimos cinco o diez años: el furor constructivo en todo el país es inconmensurable.
Monasterio de Taersi (o de Kumbum), uno de los más sagrados para los tibetanos, cerca de Xining. Petadísimo de turistas chinos, aunque los que más me empujaron fueron los peregrinos tibetanos, pueblo rudo donde los haya (la dureza del medio en el que viven parece haberles endurecido a ellos también).
El Lago de Qinghai, el más grande de China, a 3.400 metros de altitud y en una zona ya eminentemente tibetana, con yaks, caballos, carneros, ciervos, perrillos de las praderas… No pude admirar la hierba en su verdor estival y me tuve que conformar con el actual amarillo de su hierba seca, pero también fue muy bonito y supuso un soplo de naturaleza salvaje.
Chinos y tibetanos cobran entrada en diversas partes de la orilla del inmenso lago para que entres en su “resorts” con yaks decorados para que te montes en ellos, tiendas de bisutería tibetana y alguna que otra tourist trap, pero estos negocios familiares son mucho mejores que el “centro turístico” que los chinos han montado en una parte de la orilla, una especie de Disneylandia que seguramente fue lo que menos me gustó del viaje.
Lago salado de Chaka, al oeste del de Qinghai.
De vuelta en Gansu, un paseo por la orilla del Río Amarillo en Lanzhou, la capital provincial, donde el furor constructivo también me impresionó. Juraría que han cambiado todos los edificios desde que estuve aquí anteriormente en 2007.
Otro tramo del Amarillo, éste más salvaje, en Binglingsi, con formaciones rocosas de quitar el hipo y un enorme Buda esculpido en una de sus paredes. Cerca de allí pude admirar una presa del mismo río en pleno funcionamiento, descargando agua con un fragor ensordecedor.
Linxia, una ciudad mayoritariamente musulmana hui en el sur de Gansu, con cientos de mezquitas que le valen el apodo de “la Meca de China”. Aquí tuve un incidente que contaré otro día con más tranquilidad.
Gangu, una pequeña ciudad en el sureste de Gansu, ya en dirección a Ningxia. A lo lejos, en lo alto de la montaña, un Buda gigante excavado en la roca, al que no pude llegar porque están haciendo obras de remodelación en ese lugar.
Montaña de Maijishan, también en el sureste de China, con un laberinto de escaleras en sus paredes y cientos de figuras religiosas budistas excavadas en ellas. Me encantó el verdor de la zona.
Zhongwei, ya en la región de Ningxia. Al fondo, el templo de Gaomiao, uno de los más bonitos de China, que me había apuntado en la lista de lugares a visitar un día que lo encontré casualmente en Google Imágenes.
Colores otoñales en el centro de Zhongwei, una ciudad muy apacible y agradable.
El Río Amarillo y el desierto de Tengger se abrazan en las afueras de Zhongwei, en la turística zona de Shapotou. El puente del fondo es de cristal, el primero de este tipo que he visto y cruzado (los que viváis en China ya sabréis que hay un furor constructivo de este tipo de puentes transparentes en todo el país).
Unas dunas en el desierto de Tengger para terminar el álbum de viaje.

El viaje me ha recordado lo variado y maravilloso que es este país que a veces no he valorado en su justa medida por asociarlo a la rutina del trabajo. China no tiene nada que envidiar en sus paisajes y su variedad a otros lugares, y lo que los extranjeros conocemos de él es sólo la punta del iceberg. Me asombran especialmente sus montañas, con monasterios, cuevas budistas y templos colocados en lugares a veces casi imposibles, y no sólo los clásicos como Huashan, Taishan o Huangshan.

Eso sí, a veces China es difícil de recorrer: si hace unos años lo más pesado era el transporte, sobre todo en tren (largas colas y billetes frecuentemente agotados), ahora, cuando la alta velocidad e internet han resuelto casi completamente esa cuestión, está surgiendo de forma creciente un nuevo problema, el del alojamiento.

Cada vez son más los hoteles de todo tipo (ya no sólo los baratos) que dicen no admitir extranjeros, lo cual se está convirtiendo en una pesadilla para el viajero casual, el que como yo va improvisando sobre la marcha y llega a un sitio con la intención de alojarse donde se pueda. La práctica de los hoteles no aptos para extranjeros, totalmente racista, antes básicamente sólo la sufríamos en Pekín o Shanghái, pero ahora te puedes encontrar con muchas ciudades o pueblos donde prácticamente no tienes forma de alojarte.

Si esto sigue así, va a ser imposible que algún día pueda repetir un viaje tan fantástico como el que he tenido, así que en mi modesta condición voy a intentar interponer alguna queja ante algún tipo de instancia para que por lo menos quede constancia de que existe este creciente apartheid -al que ya no le vale la excusa de “ofrecer calidad a los foráneos”, porque he podido comprobar que en hoteles de lujo de ciudades de provincias tampoco me admitían- y sugerir que debe terminar a menos que China sólo quiera turistas en Pekín, Shanghái y Xian, y no en los otros fabulosos lugares que tiene, por ejemplo en su lejano oeste.

La propaganda china lleva unos años dando la turra con el programa de las “Nuevas Rutas de la Seda” (también llamado con la incomprensible expresión “Una Franja, Una Ruta”), ése con el que Pekín quiere invertir millones en carreteras, vías de tren y líneas de fibra óptica en Asia Central y del Sur, o en otras partes del mundo si se prestan a recibir esas inversiones. A mí, personalmente, me interesa más lo que ha quedado de las viejas Rutas de la Seda, cuyo legado sigue quedando en Gansu, Qinghai o Ningxia, entre otros lugares. Pese a algunos problemas, este viaje de despedida quedará profundamente alojado en mi retina.

NOTA ACLARATORIA AL DÍA SIGUIENTE: Tras cierto acalorado debate que he tenido en Facebook sobre si hay o no racismo en los hoteles chinos, creo que vale la pena que matice algo lo dicho en este artículo:

Cuando me quejé de prácticas racistas en la hostelería china jamás quise dar a entender que los recepcionistas y dueños de hoteles, hostales y pensiones sean dignos de llevar un capirote del Ku Klux Klan. Muchos de ellos fueron amables conmigo cuando me dijeron que no podían alojarme, o incluso a punto estuvieron de permitirme estar en su establecimiento, y sólo en el último minuto, cuando vieron que no podían registrarme en su sistema informático por no tener DNI chino, fue cuando me rechazaron.

Lo que es racista, a todas luces, y segregacionista, no son los hosteleros, sino las LEYES o REGULACIONES que en China dictan que un establecimiento puede o no alojar extranjeros. Sus bases son racistas tanto con los propios chinos como con los extranjeros: consideran que los extranjeros son por lo general menos de fiar que los chinos y por tanto deben ser alojados en lugares más fácilmente controlables por la policía, y/o consideran que los chinos pueden “tragar” con menos calidad hostelera que los extranjeros y que por tanto los foráneos sólo pueden estar en establecimientos de determinado número de estrellas (un baremo que además en cada ciudad difiere, porque he estado en lugares donde ni siquiera el hotel más lujoso de la localidad me admitía).

Unas leyes y regulaciones, además, que en la práctica cierran inmensos lugares de China al turismo extranjero, y ya no sólo estamos hablando del Tíbet como antaño. Lugares dignos de conocer por los extranjeros, y ya muy visitados por los turistas chinos, como muchos de los que mencioné en este post.

Escribí este artículo, y esta nota aclaratoria, desde la única pensión que me aceptó en una comarca de Hebei con unos paisajes de quitar el hipo pero donde una decena de establecimientos hosteleros se negaron a alojarme, no por la mala fe de sus dueños y administradores, sino por la mucho peor fe de los que elaboraron regulaciones que no consideran iguales a chinos y extranjeros. Me tuve que registrar al final prácticamente de extranjis, y en un lugar con condiciones de seguridad de mis pertenencias y de salubridad que no son las que quisiera, pero que son las que me ha tocado aceptar.

Imagino que cuando a un negro viajaba por Alabama en 1947 le pasaban cosas parecidas.

10 Comentarios

    • Me alegro de que te guste! Viajar es un placer y yo lo he podido disfrutar al máximo durante años (el precio a pagar fue no tener hipoteca, esposa, hijos, coche…). Algún día, quizá cuando me ponga en alguno de los gastos o “viajes” que he puesto entre paréntesis, no habrá tantas posibilidades de viajar tan lejos y estos álbumes de fotos servirán para recordarme hasta dónde llegué.

  1. Vaya, no conocía ese problema que está surgiendo. Deberían plantearse poner menos obstáculos si quieren dar una mejor imagen y fomentar el turismo internacional. Sería una pena que con todas las cosas que tiene China para ofrecer con el turismo, y todo lo que puede ganar si lo sabe explotar bien, que no lo aprovechase.

    • Sería y es una pena… sin estas barreras China sería uno de los países más baratos y más sencillos para viajar (bueno, esto último chapurreando un poco de chino), y en cambio se está convirtiendo en un país difícil de visitar, a menos que te limites a los lugares más famosos, como Pekín o Shanghái (donde los hoteles son carísimos).

      • Los que tenemos esposa/o china/o supongo que la solución es registrar la habitación a nombre del cónyuge, cierto?
        En tu caso creo que tu perrilla es china, verdad? Quizás poniendo la habitación del hotel a su nombre… ;P

        • hehe desgraciadamente mi perra no viaja conmigo, ni hoteles ni trenes aceptan perros en general en China… una lástima porque en los lugares naturales que visité se lo habría pasado pipa.

        • Impresionantes los parajes que has visitado…

          Puedo confirmar que, con esposo/a chino, no ponen pegas (principalmente, porque es el ciudadano chino el que hace la reserva y se registra, y es solo una vez en el hotel cuando el recepcionista de turno se encuentra con el inesperado guiri).

          Me pregunto a qué viene este giro “extranjeros no” y, sobre todo, cómo es posible que les parezca aceptable algo así.

          • La próxima vez que viaje por China, me alquilaré una esposa por Taobao, a dios pongo por testigo.

  2. Vaya cliffhanger lo del incidente en el Sur de Gansu y la Meca de la China… esperare el siguiente post. Saludos desde Miami, ya devuelto de Shanghai despues de 8 anios.

    • ¡Habrá que esperar algún que otro post, amigo! El texto está preparado pero lo guardo para noviembre. Confío en que se publique sin problema…

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