Olimpiadas orientales, un docenio después

Como estos días estoy en España de vacaciones, he vivido plenamente el estrepitoso fracaso de la candidatura de Madrid para los Juegos Olímpicos de 2020, al que, como la prensa le ha dado ya tantas vueltas, no creo que valga la pena que añada mucho más. Sólo, quizá, que entre las muchas razones que he oído para explicar las razones de la no elección (la crisis en España, la sombra de Eufemiano Fuentes, el inglés de Ana Botella, la conspiración para que París sea olímpica en 2024, etc) no he escuchado otra que a mí me parece también importante: España ya tuvo unos Juegos Olímpicos hace relativamente poco, en 1992, y el COI quiere llevarlos a otros países antes de que, en un momento dado, regresen a España (Japón, por ejemplo, ha tenido que esperar 56 años).

Por no repetir lo dicho en los medios, puedo aquí analizar las consecuencias de la elección de Tokio para China, tema siempre central de este blog. Éstas son algunas:

– A bote pronto, la elección no gustará a los chinos, pero en el fondo es buena para ellos también: Desde el pasado año, China y Japón -sus gobiernos y sus sociedades- han centrado casi exclusivamente su relación en los conflictos territoriales. El conflicto de las Diaoyu/Senkaku, una especie de Malvinas del Mar de China Oriental, se ha enquistado, y los chinos de la calle pegan en sus coches pegatinas pidiendo el retorno de esas islas a su país (curiosamente, los coches que más ponen esas pegatinas son los de marca japonesa, para que sus dueños dejen claro a sus vecinos que no son niponófilos). Por todo esto, los chinos no celebrarán la elección de Tokio. Sin embargo, en el fondo a los chinos les benefician unos Juegos nuevamente en la cada vez más importante región de Asia Oriental (a la que volverán tan sólo 12 años después de los de Pekín, cuando pasaron 24 años entre Tokio 64 y Seúl 88, y dos décadas entre Seúl 88 y Pekín 2008). Para empezar, beneficia a los espectadores chinos en los horarios televisivos, que serán ideales para ellos, cuando en otros JJOO y Mundiales tienen que sufrir con los trasnoches (Japón sólo tiene una hora más que China). Por otro lado, los atletas chinos se ahorrarán largos viajes y jugarán en un país con un clima similar (húmedo en verano), por lo que su rendimiento puede ser mejor que en Londres 2012 o en Río 2016. Por último, seguro que a los vecinos chinos les cae algún pellizquito del negocio que se mueve con estos eventos (quizá exportaciones de cemento o acero para las infraestructuras, o si no algún negocio indirecto similar). Finalmente, cuando Japón está contenta, China se ha de preocupar de un rival menos, y con esto pasamos al siguiente punto…

– Tokio 2020 distraerá y ayudará a relajar la tensa situación política de Extremo Oriente, o al menos eso espero: Si España necesitaba las Olimpiadas de 2020 para recuperar su maltrecha autoconfianza, Japón las necesitaba para quitarse complejos frente una China que ya le ha superado en PIB hace unos años y revolotea con buques de guerra en las islas que Japón le arrebató a finales del XIX, cuando era el archipiélago nipón el que despegaba económicamente. Los JJOO de Tokio, obviamente, no van a influir en el conflicto, pero posiblemente distraerán a los japoneses de las tensiones con China, que en los últimos años han sido un tema estrella en sus medios y quizá se han agrandado más de lo real (en China también, claro está). Tokio 2020 podría ayudar a la distensión, de la misma manera que en los siete años en que China estuvo preparando Pekín 2008 sus tensiones exteriores fueron algo menores que en la actualidad.

– ¿Surgirá el siempre temido fantasma del boicot, esta vez chino?: Nada más salir Tokio elegida para los JJOO de 2020, algunos internautas chinos ya bromearon con la posibilidad de que China no participe en ellos a menos que Japón le devuelva las islas Diaoyu, mencionadas en los epígrafes anteriores. Aunque es sólo una broma, y de aquí a siete años puede pasar de todo, lo cierto es que China y Japón están inmersas en un conflicto que ninguna de las dos quiere ni debe resolver por la clásica vía del campo de batalla, por lo que los desplantes diplomáticos pueden ser algo habitual en los años venideros, y quién sabe si la amenaza del boicot -un ejemplo de desplante diplomático a lo bestia- vuelve a aparecer. En el fondo es difícil que pase, porque Pekín 2008 se libró -por poco- de esa lacra para el deporte que son los boicots, y seguramente querrá responder de la misma manera, por muy tenso que esté todo.

– Shanghai tendrá que esperar muuucho: La mayor ciudad de China nunca ha sido candidata a unos JJOO, ni parece de momento interesada en ello, pero más tarde o temprano caerá en la fiebre de las candidaturas olímpicas, como le ha pasado a todas las grandes metrópolis del planeta (ya se ha entrenado en grandes eventos con la Expo Universal de 2010 y los Mundiales de Natación de 2011). En todo caso, con Asia Oriental acogiendo unas Olimpiadas nuevamente a siete años vista, no es fácil que Shanghai intente aspirar a ellos antes de mediados de siglo, o quizá más tarde aún. ¿Quizá cuatro años antes o después de que Madrid, finalmente, consiga esas ansiadas Olimpiadas? Nuestros nietos lo contarán.

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