Otra matanza en EEUU

La semana pasada se produjo en EEUU la espeluznante matanza de Uvalde (Texas), en la que un chico que acababa de cumplir 18 años mató a una veintena de niños de unos 10 años y a sus profesoras. Este tipo de sucesos son desde hace décadas una horrible rutina en ese país: en la prensa o en la tele nos enteramos de los más grandes, los que causan decenas de muertos, aunque lo cierto es que prácticamente cada día hay una persona que mata a otras indiscriminadamente con un arma de fuego en ese país amedrentado por el poder de un sangriento lobby llamado la National Rifle Association.

Pocos días antes de la masacre de Uvalde hubo un incidente que no llegó a los grandes titulares internacionales, pero del que hablaré hoy aquí por su relación con el mundo chino (concretamente, con Taiwán).

El 15 de mayo, un hombre disparó a discreción en una iglesia presbiteriana de Laguna Woods (California), causando la muerte de una persona e hiriendo a otras cinco, creo que todas ellas de edades bastante avanzadas. Tanto el agresor como las víctimas eran taiwaneses o hijos de migrantes taiwaneses (no sé si todos tenían nacionalidad estadounidense, porque las noticias no lo aclaran, pero presumo que así sería). Si yo me he enterado de la noticia es porque todos los días consulto en la prensa en inglés noticias que lleven la palabra «Geneva», dado que trabajo como periodista en Ginebra, y la iglesia donde ocurrió este suceso se llama Geneva Presbyterian Church. Parece ser que una de las ramas del cristianismo más extendidas en Taiwán es el presbiterianismo, y que éste tiene parte de su origen en el calvinismo nacido en Ginebra hace siglos.

El agresor, David Chou, de 68 años, era hijo de chinos emigrados a Taiwán tras la guerra civil (1945-49) y al parecer era un ferviente defensor de la reunificación entre China y Taiwán, por lo que los investigadores barajan la posibilidad de que atacara a los asistentes a la iglesia por considerarlos independentistas, lo que sería considerado un delito de odio. También parece ser que Chou atravesaba un momento complicado en su vida: se había separado de su mujer, que estaba muy enferma y había regresado a Taiwán, y semanas antes del tiroteo había sido gravemente agredido por dos inquilinos de una casa que alquilaba. Ahora podría ser condenado a muerte por homicidio.

El fallecido, John Cheng, de 52 años, era un médico que tras los primeros disparos de Chou se echó encima de él y le intentó desarmar, falleciendo de un disparo. Su acción seguramente ayudó a que el resto de los asistentes pudieran reducir al agresor, al que ataron y amordazaron antes de que llegara la policía. Las autoridades locales han elogiado su heroico comportamiento y su sacrificio.

El suceso motivó comentarios tanto en Taiwán, donde la presidenta Tsai Ing-wen mandó condolencias a las víctimas, como en China, donde un portavoz de Exteriores prefirió no mencionar la posibilidad de que el incidente fuera un crimen de odio pero sí subrayó que la cultura de las armas en EEUU era un problema grave que ese país debería resolver. Días después el mundo ha pensado lo mismo tras ver lo ocurrido en Uvalde, una nueva localidad que quedará destrozada durante generaciones por la extrema facilidad con la que cualquier persona, incluso las gravemente perturbadas, puede conseguir armas de fuego en the Land of the Free.

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