Otra para Garci:
El Yangtsé en llamas

Hace unos meses di un repaso pormenorizado de la película 55 días en Pekín, una de las más famosas obras del Hollywood clásico ambientadas en China. Hoy vamos a hablar aquí de otro clásico de aquella época con temática china, como es El Yangtsé en llamas, aprovechando que la he visto esta semana.

El Yangtsé en llamas, cuyo título original es The Sand Pebbles (creo que por una vez en España se hizo bien en cambiarlo, porque «Los guijarros de arena» no es muy épico), fue estrenada en 1966. Su director fue el gran Robert Wise, que venía de triunfar poco antes con dos musicalazos como son West Side Story y Sonrisas y lágrimas, lo que le permitió echarse a la espalda una película cara de producir como iba a ser la que comentamos hoy aquí, una historia llena de extras, barcos y con rodajes lejos de Estados Unidos.

La película, protagonizada por Steve McQueen, es quizá menos famosa en España que 55 días en Pekín, estrenada tres años antes, aunque en Estados Unidos tuvo mucha mejor acogida entre el público y la crítica, de hecho El Yangtsé en llamas estuvo nominada a ocho premios Oscar, entre ellos a mejor película (no se llevó ninguno). Ambas películas se basan en hechos históricos reales ocurridos en China, aunque sin ser del todo fieles a ellos, y a grandes rasgos podrían resumirse en soldados estadounidenses destacados en China pasándolo mal por los embates de los habitantes locales, que les consideran invasores.

La razón de que 55 días en Pekín sea más famosa en España reside en que, como ya conté en el artículo del pasado diciembre, esa película se rodó en tierras españolas y en ella participaron actores y extras de nuestro país, fue todo un acontecimiento social en la España de los 60, mientras que en El Yangtsé en llamas el rodaje fue en Taiwán y Hong Kong. Sin embargo, este segundo film también tiene cierta relación con España, porque uno de los grandes protagonistas en él, el USS San Pablo, el barco de bandera estadounidense en el que viajan y sufren los protagonistas, es presentado como un antiguo buque cañonero que los estadounidenses habían arrebatado a la Armada española tras vencerla en 1898. En el momento en que está ambientada la película, los años 20 del siglo idem, había sido reconvertido en un barco que patrullaba el Yangtsé en virtud de los acuerdos firmados por China con otras potencias para tener concesiones comerciales y destacamentos militares para defenderlas, tras perder las Guerras del Opio.

El USS San Pablo no existió en realidad, pero se inspiró en un barco real que en efecto fue primero español y luego estadounidense, llamado USS Villalobos en honor de Ruy López de Villalobos, el explorador del siglo XVI que le puso a las Islas Filipinas su actual nombre. Ese barco, como otros que tuvieron los españoles en Filipinas hasta perderlas, patrulló en el Yangtsé durante los años 10 y 20 del siglo pasado, y protagonizó varias tensiones con las autoridades chinas que sirvieron de base a la película.

A partir de este párrafo os aviso de que voy a hacer spoilers bastante importantes de la película, y aunque ya ha pasado más de medio siglo desde su estreno, por lo que el delito de reventar su final ha prescrito hace tiempo, creo que es honorable advertirlo, precisamente porque muchas pelis antiguas no las hemos visto las generaciones posteriores y de muchas de ellas no conocemos el argumento y el desenlace.

Como os decía antes, el gran protagonista es Steve McQueen, aunque también tiene bastante protagonismo Richard Attenborough, al que los más «jóvenes» asociamos sobre todo con el vejete que lo lía todo en Parque Jurásico. De todos modos yo preferiría detenerme en este texto en los actores que encarnan a los principales personajes chinos, aunque ellos en realidad eran de otros países asiáticos.

Para empezar, tenemos a un famoso actor japonés del siglo XX, Mako, encarnando a Po-Han, marinero del USS San Pablo que se hace amigo de Steve McQueen. Por este papel Mako fue nominado al Oscar al mejor actor secundario, siendo uno de los primeros asiáticos que tuvo ese honor. No es de extrañar, ya que protagoniza dos de las mejores escenas de la película: la del combate de boxeo con uno de los marineros estadounidenses, y aquélla en la que el pobre muere linchado por sus compatriotas, en el momento en que las tensiones entre chinos y norteamericanos son ya insostenibles.

Mako y SteveQueen en la película.

Mako, fallecido la pasada década, tuvo una extensa carrera en la que hizo de todo, incluyendo papeles en famosas sagas como Conan o Robocop.

Aquí, de malo malísimo en la infumable Robocop 3.

El otro personaje chino importante en El Yangtsé en llamas es Maily, una prostituta de un bar frecuentado por los marineros estadounidenses en Changsha, que es encarnada por la artista tailandesa Marayat Andriane y que en la película se convierte en el amor de Richard Attenborough.

Marayat y Richard acarameladitos.

Marayat sólo rodó dos películas en su vida, aunque tiene cierta importancia en el mundo del cine, aunque sea de forma indirecta. Bajo el seudónimo de Emmanuelle Arsan, escribió junto a su marido, un diplomático francés con el que se casó y vivió en Bangkok, varias novelas en las que se contaba la descocada vida que la comunidad extranjera disfrutaba en la Tailandia de posguerra, antes incluso de que con la Guerra del Vietnam ese país se convirtiera en una de las mecas del turismo sexual. Esas novelas, primero publicadas de forma clandestina en Francia y que parece ser que en realidad escribió su marido, no ella, serían la base de ese clásico del cine erótico que es Emmanuelle, junto a sus cientos de secuelas, copias y recopias. Marayat, o Emmanuelle Arsan, que es como mejor se la conoce, quedó para el imaginario colectivo como un símbolo de la sensualidad asiática, encarnando la idea, no siempre ajustada a la realidad, de la mujer oriental que descubre y vive el sexo en toda su plenitud por librarse de las ataduras de las sociedades asiáticas y abrazar una cultura occidental más liberal.

Metiéndonos de lleno en la película, lo que quizá sorprenda más de ella, y ahora va el spoiler gordo, es el triste final de muchos personajes, porque en esta historia fallece hasta el apuntador: muere Steve McQueen, muere Attenborough, muerte Mako, muere Emmanuelle, no quedan ni peces en el río en esta película que antecedió a Juego de Tronos en el placer de los guionistas por matar personajes con los que el espectador se pudiera encariñar. Por lo menos las muertes no son demasiado sangrientas y muchas de ellas sólo se sugieren, no se muestran directamente en la pantalla, siguiendo la censura que en la época mandaba el famoso Código Hays (al que le quedaba, por cierto, sólo un año de aplicación).

La película es interesante, muestra un poco las tensiones entre Occidente y China en la época anterior a la República Popular. La época tratada en el film, los años 20, irónicamente es una de las menos inestables para los chinos en el siglo pasado, pero no por ello fue tranquila: el Partido Comunista acababa de nacer y empezaba a tener rifirrafes con el gobernante Kuomintang de Chiang Kai-shek, muchos chinos seguían rechazando la presencia extranjera, la joven República de China no se acababa de asentar…

Hollywood, como en 55 días en Pekín, coloca como protagonistas a los blancos, aunque tampoco elude hacer cierta crítica al colonialismo, por ejemplo contando lo mal que tratan algunos marineros estadounidenses a sus colegas chinos, o a las prostitutas, cuya actividad surge precisamente al calor de su presencia, como décadas después ocurriría en Tailandia, Vietnam o Filipinas.

Por otro lado, es interesante cómo la película cuenta que los marineros chinos del USS San Pablo tenían una especie de sociedad aparte a bordo, separada de los estadounidenses, que tenían que transigir con ciertas incómodas reglas debido a ello: es una buena metáfora de lo complicado que es para una empresa extranjera trabajar en China, y cómo a menudo le toca asumir prácticas irregulares que ni siquiera entiende, adoptando la idea de que está en la intrincada China milenaria y hay cosas que debe adoptar sin rechistar.

En resumen, una película interesante para ver en una tarde larga que tengáis libre (dura tres horazas) y así adentrarse un poco en la China hollywoodiense y en los clásicos del séptimo arte. Procurando encariñarse poco con los personajes, si no queremos traumatizarnos.

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