Pantoja, contigo empezó todo

Tenía muchas ganas de que llegara este día para recordar en él a Diego de Pantoja, aprovechando que hoy se cumple el cuarto centenario de la muerte del gran pionero de la relación cultural entre China y España, nuestro Marco Polo particular, un personaje cuya contribución a la Historia es sólo comparable a lo interesante que fue su vida y a lo olvidado que está en su España natal, con esa especie de amnésica maldición que en nuestro país ataca a cualquier cosa que tenga que ver con China. Pantoja, un apellido que debería evocar en nuestras mentes un aventurero en lugar de una tonadillera, fue un misionero jesuita que logró junto a su colega italiano Matteo Ricci ser el primer extranjero en entrar en la Ciudad Prohibida, vivir 17 años -los mismos que llevo yo- en un inaccesible Pekín donde los extranjeros se contaban con los dedos de la mano, y dar a conocer tanto China a los españoles como España y el resto de Occidente a los chinos.

Este madrileño de Valdemoro, conocido como Pang Di’e o Pang Diwo por los chinos, nació en 1571 y desde muy joven estuvo ligado a los jesuitas, orden entonces casi recién nacida y que se había fijado como una de sus principales misiones evangelizar Oriente, aprovechando sus bastiones en las colonias portuguesas de Goa (suroeste de India) y Macao (sureste de China). Podríamos considerar a uno de los fundadores de la Compañía de Jesús, San Francisco Javier, como el primer español conocido que llego a tierras chinas, ya que en su viaje a Japón hizo escala en Cantón (1549) y murió en la isla cantonesa de Shangchuan en 1552 cuando esperaba permiso para entrar en territorio continental chino. También habían estado brevemente en tierras chinas misioneros como Martín de Rada o Jerónimo Martín, hacia el año 1575. Sin embargo, Pantoja tuvo un papel mucho mayor y más prolongado en la China entonces gobernada por los emperadores Ming.

El valdemoreño pronto se sintió fascinado por las desconocidas tierras chinas, gracias sobre todo al entonces recién publicado primer libro en español sobre China, la “Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran reino de la China”, de Juan González de Mendoza, una obra al parecer bastante notable aunque su autor nunca estuvo en tierras chinas y sólo recogía testimonios de otros que sí habían estado en ellas. Impulsado por ese interés, Pantoja logró que la orden jesuita le autorizara a viajar a las ignotas regiones chinescas.

En octubre de 1596 partió de Lisboa con destino a Macao, aunque tardó más de un año en llegar, haciendo una escala de varios meses en Goa. En la que hoy es la gran ciudad china del juego, Pantoja fue designado para intentar entrar en el imperio Ming para reunirse con Matteo Ricci, el gran introductor del catolicismo en China, que entonces se encontraba en Nanjing y llevaba ya más de 10 años predicando en ciudades de ese país, aunque no había logrado llegar a la capital Pekín. Pantoja y otro jesuita italiano, Lazzaro Cattaneo, dejaron Macao y entraron en China en 1599 disfrazados de mercaderes portugueses con aparente interés en participar en una feria comercial en Cantón (ciudad que siglos después, curiosamente, sigue siendo la sede de las ferias comerciales más famosas del país). Al año siguiente alcanzaron Nanjing y se reunieron con Ricci, de quien Pantoja sería estrecho colaborador durante la siguiente década, hasta la muerte del italiano en 1610.

En Nanjing, ya entonces una importante ciudad china, Ricci y Pantoja negociaron con los gobernantes locales un viaje a la ansiada Pekín, para el que finalmente lograron autorización. Los dos, acompañados de dos jesuitas chinos, partieron de Nanjing hacia la capital, navegando por el Gran Canal con una flota dirigida por un eunuco, y llegaron a Pekín en enero de 1601.

Llevaron consigo varios regalos que atrajeron la curiosidad del emperador Wanli y ayudaron a que les dieran permiso para ir a Pekín, sobre todo dos relojes de mecanismos que los chinos de entonces desconocían, o un clavicordio. En Pekín consiguen además que el emperador les dejara quedarse una temporada subvencionados por el imperio, que les pagaba un sueldo periódicamente. Y los mismos relojes que les habían dado un billete para Pekín les brindaron la entrada a la inaccesible Ciudad Prohibida, ya que había que darles cuerda para que funcionaran, sólo ellos sabían cómo hacerlo, y por eso el emperador les autorizó a entrar de vez en cuando a su palacio imperial para que realizaran labores de mantenimiento de los relojes. Eso sí, nunca vieron al soberano en persona, éste consideró que los extranjeros no eran dignos de estar en su presencia, si bien encargó que les retrataran para conocer cómo eran a distancia. No deben conservarse esos supuestos retratos, ya que me ha sido imposible conseguir, al menos a través de internet, una representación realista o siquiera idealizada de Pantoja.

Si buscáis imágenes de Diego de Pantoja en internet encontraréis éste grabado del siglo XVII, del que a veces se dice erróneamente que representa al español a la derecha, siendo Ricci el de la izquierda. En realidad el bigotudo es el matemático chino Xu Guangqi, protector de los dos misioneros en la corte imperial y convertido él también al catolicismo. El pie de foto, donde se le llama “Paul”, su nombre cristiano, así lo demuestra. De Pantoja diría que es casi imposible encontrar imágenes o retratos.

Establecidos en Pekín como relojeros del emperador, Ricci y Pantoja compartieron una casa en el sur de la ciudad, donde llegarían otros jesuitas portugueses e italianos (el madrileño sería el único español). Allí el valdemoreño escribiría textos explicando cómo era China que llegarían a España y se publicarían en varios idiomas, siendo de vital importancia para la divulgación en Occidente de la vida y costumbres de Oriente. Al mismo tiempo, aprendió chino y escribió hasta nueve obras en ese idioma sobre temas principalmente religiosos, por lo que su labor didáctica fue en dos direcciones.

Ricci, Pantoja y los jesuitas que fueron llegando eran los únicos extranjeros del Pekín de principios del siglo XVII. Desde su vivienda en el sur de la ciudad (cerca de donde hoy está la catedral católica de Pekín, en Xuanwumen) convirtieron a muchos chinos al cristianismo, aunque también fueron conscientes de que para ser aceptados en la cerrada sociedad china de aquel entonces tenían que adoptar casi totalmente sus costumbres: vestían como mandarines de la época, hablaban y escribían chino, e incluso mezclaban algo la religión católica con las prácticas confucianas para hacerlas más asequibles a los chinos. Franco Battiato nos lo explicaba en un verso.

Pantoja fue seguramente la mano derecha de Ricci, personaje mucho más conocido y recordado. Se sabe por cartas que escribió el italiano que no siempre se llevaron bien cuando vivían juntos en Pekín: dicen los historiadores que planes nunca materializados de la España de Felipe II de conquistar China desde Filipinas no gustaron nada a Ricci, y le enfrentaron a los españoles en general y a Pantoja en particular. En todo caso los desacuerdos pudieron ser tan efímeros como esos planes de conquista, que seguramente nunca habrían tenido éxito.

En 1610 falleció Ricci, y Pantoja consiguió lo nunca antes visto, que el emperador le autorizara a enterrar cristianamente a su compañero misionero en Pekín. Su tumba sigue allí, y puede visitarse, aunque está algo escondida (creo que hoy mismo, con motivo del cuarto centenario, se organiza una excursión para verla). El español aguantaría siete años más en Pekín, aunque fueron mucho más difíciles que los vividos junto a Ricci, porque tras morir éste tomó el mando de la misión pequinesa otro italiano, Nicolás Longobardi, mucho menos inclinado a la “adaptación” que habían practicado Ricci y Pantoja. Longobardi abogaba por dejar de introducir ideas confucianas en las doctrinas que enseñaban a los chinos, y a ser más agresivos en la evangelización. El resultado de esto no se hizo esperar: se publicó en Pekín la diatriba “Memorial de acusación a los barbaros venidos de lejos”, las autoridades desalojaron la casa de los jesuitas en Xuanwumen, y los expulsaron de Pekín. Algunos fueron detenidos, otros azotados, y se dice que Pantoja se libró de los castigos más duros por tener mejor relación con el emperador Wanli, pero acabó teniendo que dejar China en 1617. No viviría mucho más, ya que en tal día como hoy de 1618 falleció con sólo 47 años en la entonces colonia portuguesa de Macao, al lado de la China en la que esuvo 21 años, casi tantos como los 23 de Marco Polo (aunque menos que los más de 30 que pasó Ricci).

El Instituto Cervantes, apoyado por otras entidades, ha declarado 2018 el Año Pantoja y ha celebrado y celebrará varios eventos para conmemorar su figura, desde conferencias y simposios hasta un concierto de música española antigua que se celebró en mayo en plena Ciudad Prohibida y por lo que me contaron fue estupendo. Todo será poco para rescatar del olvido a un hombre que además fue pionero en sistemas para transcribir el endiablado idioma chino a nuestro alfabeto latino, que dibujó para los chinos los primeros mapas del Nuevo Mundo, o que contribuyó a confirmar las teorías que apuntaban a que el Catay que Marco Polo relataba en su Libro de las Maravillas era también China (durante siglos se pensó que podría ser otro lugar diferente). Desde hace años, un libro del hispanista chino Zhang Kai, traducido al español, cuenta todo esto y mucho más sobre Pantoja, así que si queréis ahondar más en su figura, podéis buscarlo.

Placa en honor al misionero en su Valdemoro natal, colocada en el cuarto centenario de su nacimiento, hace 47 años. Espero que ahora le hagan al menos una estatua y podamos “verle” en persona. De momento, hace unos días, le inauguraron allí una glorieta.

5 Comentarios

    • ¡Gracias! Fue un placer recopilar información sobre este singular personaje. Una pena no haber encontrado imágenes de él para ilustrarlo.

  1. Gran reportaje, para variar. Enhorabuena Antonio.
    Yo tengo una casa en Ciempozuelos, un pueblo al ladito de Valdemoro, asi cuando vuelva a Madrid intentare encontrar algo de el.
    Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.