Pantoja ya tiene rostro

El pasado 9 de julio os hablé aquí de Diego de Pantoja (1571-1617), el misionero jesuita que junto a Mateo Ricci inició el intercambio cultural, científico, religioso y filosófico entre China y Europa. En aquel post, que coincidía con el cuarto centenario de su muerte, os mencionaba que desgraciadamente no teníamos ninguna pintura, grabado o representación sobre el ínclito humanista madrileño, lo que en mi opinión ha podido contribuir a que su figura quedara injustamente olvidada con el paso de los siglos.

Pues bien, llegó el momento de enmendarse, porque ya tenemos un cuadro de Diego de Pantoja, pintado el pasado mes de agosto. Se presentó y expuso esta semana por primera vez, en la biblioteca de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín (Beiwai), coincidiendo con un seminario sobre el jesuita al que asistieron algunos de los mejores sinólogos de España y Latinoamérica.

Con ustedes, Diego de Pantoja:

Pantoja aparece vestido de mandarín de la época Ming, y en su mano porta uno de los libros en chino que escribió, el “Tratado de los siete pecados y virtudes” con el que intentó difundir el cristianismo en China adaptándolo a algunas ideas confucianas para que no generara recelos.

El cuadro es obra de una artista china llamada Wan Li, un nombre ciertamente apropiado porque coincide (al menos en el pinyin, no creo que también en los carácteres chinos) con el del emperador que a principios del siglo XVII permitió a Ricci y a Pantoja establecerse en Pekín durante años. Incluso les dejó entrar en la normalmente prohibidísima Ciudad Prohibida para dar cuerda a los relojes occidentales que le habían regalado, o para tocar música con los instrumentos que igualmente habían llevado. El emperador Wan Li de hecho ordenó que les retrataran a ambos cuando visitaban las dependencias palaciegas, para así ver cómo eran estos dos extranjeros (nunca se dignó a recibirlos en persona, como ya conté en el anterior artículo sobre este tema).

Wan Li (la artista, no el emperador) ha tenido que imaginarse cómo era Pantoja, dado que no hay demasiadas descripciones sobre su aspecto en textos contemporáneos al misionero (creo que de lo poco que se sabía es que tenía los ojos azules). Opino que eso no resta importancia al retrato: muchos personajes históricos, sobre todo los de la antigüedad, nos han llegado mediante pinturas o esculturas posteriores a su vida, en las que fueron idealizados, desde Jesucristo y Buda a Alejandro Magno o muchos filósofos griegos.

Sí debe decirse que la artista ha declarado que para hacer el cuadro se ha basado en retratos de vecinos de la localidad madrileña de Valdermoro, en la que Diego de Pantoja nació en 1571. Ignoro si para ello ha usado la tecnología de reconocimiento facial de la que tanto se habla este año en China (los medios chinos para presumir de lo avanzados que están, los occidentales para señalar que puede usarse con fines orwellianos).

Lector, si eres de Valdemoro, contéstanos, ¿crees que Diego de Pantoja se te parece?

2 Comentarios

  1. Te diré, querido ChCh, que mi madre es de Valdemoro y no se parece en nada a Diego Pantoja. Estuve en un museo de Nanjing bastante nuevo cerca de Fuzimiao (江南貢院) que tenía una amplia sección dedicada a los osados laowai que se adentraron en China hace siglos. Espero ver una reproducción del retrato de D. Pantoja allí la próxima vez que lo visite.

    • Vaya qué penaaaaa… bueno seguro que Valdemoro es grande y hay algún vecino que sí se parezca a Pantoja.

      Tenemos que mandar una petición al museo, con retrato adjunto, para que pongan al bueno de Diego.

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