Política de altura en el Everest

A principios de este mes de diciembre, chinos y nepalíes, que comparten el monte Everest, anunciaron que se habían puesto de acuerdo en la altura del pico más alto del mundo: 8.848,86 metros sobre el nivel del mar. El asunto puede parecer anecdótico, pero los dos países le dieron mucha importancia, como prueba el hecho de que dieron una rueda de prensa conjunta con los ministros de Exteriores de sus dos gobiernos para anunciarlo.

Durante 15 años, China ha defendido que el Everest (que chinos y tibetanos llaman Qomolangma) medía 8.844,43 metros, tras una medición científica que el país completó en 2005 y cuyos resultados se anunciaron en una rueda de prensa en aquel entonces a la que tuve el honor de asistir. Ello suponía casi cuatro metros menos que la altura internacionalmente reconocida durante décadas, de 8.848 metros, obtenida por mediciones indias. China defendía quitarle más de tres metros al Techo del Mundo porque según ellos ese espesor correspondía al permafrost, la capa de hielo y nieve permanente que hay sobre la roca de la montaña, y que no debía contarse (desconozco si en otras montañas se toma o no en consideración).

La altura «china» fue incluida en mapas y libros de texto chinos en los años pasados, pero lo cierto es que no ha tenido demasiado predicamento fuera del país, creo que muy poca gente la conocía. Por ello, cuando Nepal anunció el pasado año que ellos también iban a hacer una medición científica del Everest, que ellos llaman Sagarmatha (no era de recibo que la medición más popular fuera de la India, un país donde no está esa montaña), los chinos decidieron subirse al carro, ofrecer una medición conjunta y consensuar una altura con Katmandú, para zanjar de una vez esta tonta diferencia geográfica.

Los nepalíes querían no sólo tener una cifra propia, sino también estudiar si el Everest y otras montañas de la zona habían sufrido cambios en su altitud desde el terrible terremoto que el país sufrió en 2015. Los chinos ya habían dicho antes que la montaña no había subido ni bajado con el seísmo, pero sí que se había desplazado tres centímetros al suroeste.

La nueva medición, que por lo visto vuelve a incluir el permafrost en la altura total de la montaña, también gustará seguramente a los indios, dado que sólo añade decimales al número que ellos ya dieron en 1955, apenas dos años después de que el ser humano llegara por primera vez a la cima del Everest. Aunque seguirá habiendo mucho baile de cifras en la prensa, parece ser que por fin tenemos una altura a gusto de todos de nuestra montaña más alta.

¡Sé el primero en comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.