Putin nos regresa al siglo XX

Después de haber superado más o menos una pandemia que nos trajo imágenes globales similares a las de 1918, Vladimir Putin ha decidido invadir un país de la Vieja Europa, algo que nos retrotrae a Hitler, Stalin o Napoleón. Estamos sufriendo esa «maldición china» que dice «ojalá vivas tiempos interesantes».

Personalmente, estoy aturdido todavía por el ataque ruso, que nunca pensé que fuera a ocurrir. Francamente, creí que Estados Unidos estaba intentando vender una amenaza para vender armas a Europa, pero hay que reconocerlo: su inteligencia estaba muy bien informada, tenía razón, y les ha pasado como a Pedro y el Lobo, que de tanto alarmar en el pasado no nos dimos cuenta cuando la alarma era de verdad. Con el coronavirus pasó un poco lo mismo, si os acordáis.

Esta semana escuché con atención el discurso con el que Putin anunciaba el lunes el reconocimiento de la independencia de Lugansk y Donetsk, como primer paso para justificar la operación militar para defenderlas, iniciada tres días después. El discurso dura una hora, y ese anuncio lo lanza en el último minuto, pero creo que si tenéis tiempo debéis escucharlo: puede simbolizar un cambio en el curso de la Historia que aún desconocemos a dónde nos va a llevar.

Putin dibuja en su larga alocución a una Rusia que lleva 100 años cometiendo «errores», siendo a veces demasiado «generosa» (incluso con Lenin y Stalin) y presenta a un Occidente que lleva 30 años mirando a los rusos por encima del hombro (algo que recuerda a la Alemania nazi que quería vengarse de la humillación de la Primera Guerra Mundial). Son palabras que pronuncia repanchigado en un sillón, pero que dan miedo, porque dibujan a un líder lleno de rencor y que considera a Europa un enemigo. Algo terrible, porque creo que pese a las muchas diferencias creo que muchos europeos hemos considerado siempre a Rusia como un país europeo más.

En cuanto a Ucrania, como comenté hace ocho años con el Euromaidán, tiene la maldición de ser un país atrapado entre gigantes, en este caso entre Rusia y Europa Occidental: en aquel entonces comparé su situación, no sé si afortunada o desafortunadamente, con Mongolia o hasta con el Tíbet. Muchos ucranianos quisieran ser como los finlandeses, pero Rusia quiere que se asemejen a los bielorrusos.

Lo que no sé es cómo quiere Putin convencerles a base de tanques y misiles: les vencerá militarmente (y creo que a estas alturas, tristemente, lo mejor es que sea pronto para que no muera más gente) pero como decía Unamuno, así nunca les convencerá. También va a costar mucho que nos convenza al resto de que Rusia es un país digno de confianza internacional: para empezar, ha estado tres meses mintiendo con eso de que no tenía ninguna intención de atacar Ucrania.

El primer día del ataque, muchos de los que seguís la actualidad china seguramente observasteis como en Twitter, durante varios momentos del día, Taiwán fue trending topic, porque algunos jugaban con la idea de que si Rusia estaba atacando Ucrania, China podría intentar lo mismo con la isla, dado que Estados Unidos el año pasado también sembró la alarma por la creciente presencia de cazas chinos en el espacio aéreo taiwanés. Aunque yo ya no me fío tanto de mi instinto como hace una semana, me parece poco probable que China vaya a hacerlo, después de más de medio siglo de paciente espera en la que ha tejido lazos económicos y culturales con Taiwán, aunque éstos sufran a menudo altibajos. Lo cierto es que esta semana Occidente ha mostrado enorme debilidad, que Rusia lo ha aprovechado (seguramente la retirada estadounidense de Afganistán le dio la confirmación que necesitaba para pasar a modo agresivo) y ahora hay que ver si China intenta sacar algo también de esta presunta fragilidad.

Xi Jinping con Yanukovich, el presidente ucraniano y «prorruso» derrocado en el Euromaidan.

Otra cuestión es ver cómo va a tratar ahora China a Rusia, un país que de la noche a la mañana se ha convertido en máximo enemigo de Occidente (no es que antes fuera un aliado completo, pero no estaba al nivel de, digamos, el yihadismo, cosa que acaba de conseguir). Pekín y Moscú llevan años unidos por su rechazo a Washington como «gendarme mundial» y por su intención de ser polos políticos alternativos al occidental, pero China tiene muchos más vínculos económicos y comerciales con la UE y EEUU que con los rusos. Seguramente, si las sanciones internacionales no lo impiden, comprará más gas y petróleo ruso para que Rusia compense en parte el aislamiento económico al que le va a someter la comunidad internacional, pero para los rusos podría no ser suficiente para que su economía no se resienta del bloqueo. China, por su parte, puede beneficiarse en esta guerra como España lo hizo en la Primera Guerra Mundial: vendiendo a los dos bandos.

PD: La frase «ojalá vivas tiempos interesantes» que he mencionado al principio seguramente no es una «maldición china» como muchos dicen. Parece más bien que en el idioma inglés se difundió el rumor de que lo era para hacer la frase más interesante. Según Wikipedia, en el idioma chino real, lo más parecido que tienen es el dicho

宁为太平犬不做乱世人原文

Que viene a querer decir «es mejor ser un perro en tiempos de tranquilidad que ser un humano en tiempos de caos». Pues oye, también tienen razón.

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