Rajoy llevó alfalfa

 

Me ha pillado en España el viaje del presidente español, Mariano Rajoy, a China. Este viaje ha estado pospuesto un año, probablemente debido -aunque ninguno de los dos países lo vaya a reconocer oficialmente- a la querella que se interpuso en la Justicia española contra exlíderes chinos por supuesto genocidio en el Tíbet. Finalmente Rajoy ha ido: en España se le critica por hacer tan largo viaje con la que está cayendo en el país (Gallardón, soberanismo catalán, caso Pujol, etc), pero también es cierto que los empresarios españoles con intereses en China llevaban mucho tiempo inquietos y disgustados por la falta de viajes de alto nivel que facilitaran más acuerdos entre los dos países, dado que China ya no es un mercado que España pueda olvidar.

Ya en Pekín, Rajoy ha presidido la rúbrica de varios ansiados acuerdos, y uno de los que se han firmado es muy curioso: el que da permiso a España para exportar alfalfa a China (con el que se espera vender 200.000 toneladas anuales, obteniendo unos 40 millones de euros). El acuerdo puede beneficiar especialmente a mi región, Aragón, que produce más de la mitad de la alfalfa de España, y que se ha visto bastante afectada por las sanciones a Rusia, ya que se exportaba mucha fruta aragonesa al país de Putin.

¿Por qué está interesada China en comprar alfalfa de España? La alfalfa se usa como pienso para el ganado vacuno, entre otros, y al parecer la española es bastante mejor que la china, por cultivarse en un clima más seco. China, en definitiva, quiere alimentar mejor a sus vacas, porque quiere tener mejor leche.

La calidad de la leche china es puesta en duda en el país desde hace años, especialmente a raíz del escándalo por la leche contaminada con melamina que en 2008 afectó a miles de bebés chinos. Conviene mencionar que en el gigante asiático la leche es un producto casi exclusivamente consumido por los niños, ya que muchos chinos, como otros pueblos de Asia Oriental, se vuelven intolerantes a la lactosa al hacerse adultos. El hecho de que sea un producto infantil convierte sus controles de calidad casi en cuestión de Estado.

Tras el escándalo de 2008, muchos padres chinos preocupados por la salud de sus hijos comenzaron a comprar leche importada (los que podían permitírselo). La demanda de leche extranjera en China fue tal que muchos chinos iban a Hong Kong para comprarla: esta práctica produjo tal escasez de leche en polvo en la ex colonia británica que Hong Kong y China tuvieron que prohibir a los turistas locales que entraran en China desde la ex colonia con grandes cantidades de este producto, como si fueran cartones de tabaco. Y ello, claro está, desarrolló cierto contrabando de leche en polvo desde Hong Kong hacia China. Sin embargo, el año pasado otro escándalo alimentario, que afectó en esa ocasión a la leche de Nueva Zelanda (uno de los grandes exportadores de lácteos a China) quitó a los consumidores chinos también la fe en la leche del exterior.

Con este negro panorama, en un país donde muchas familias pueden hacer de tripas corazón con la mala calidad de ciertos productos, pero no dejan pasar una en los que consumen sus hijos, se ha decidido llevar alfalfa de la mejor calidad mundial para que la leche china mejore y el producto nacional sea más atractivo para los padres. A ver si la alfalfa aragonesa ayuda en ello.

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