Redada en el pim pam pum

En los últimos días ha sido noticia en China un curioso y un poco triste caso que parece ejemplificar las injusticias que a veces entraña un exceso de celo en la aplicación de las leyes, como estamos pudiendo ver también en España con las increíbles condenas o detenciones a tuiteros y titiriteros.

En el caso ocurrido en China, el origen está en las leyes nacionales contra la posesión de armas. Con la buena intención de evitar que en China pasen desgracias como las que ocurren mensualmente en Estados Unidos, en territorio chino tener armas de fuego está prohibidísimo, hasta tal punto de que apenas hay, por ejemplo, cazadores, que es un colectivo que en países como España sí se sacan permisos para darle a la escopeta. En China ni siquiera es fácil ver a policías o guardias de seguridad armados, salvo los de los furgones blindados con dinero que a veces ves en las proximidades de un banco, que ésos sí, llevan unas ametralladoras de miedo.

Las leyes contra la posesión de armas en China son tan estrictas que también prohíben las pistolas de imitación, o las de juguete si son muy fieles a las originales (lo que no impide, eso sí, que muchos niños jueguen con ametralladoras de plástico, en este país no ha habido las campañas contra los juguetes bélicos que yo viví de pequeño en España).

Por otro lado, las regulaciones chinas también penalizan la posesión de armas que, aunque sean de juguete, disparen perdigones si éstos tienen la fuerza suficiente como para causar daño a alguien. Y aquí es donde nos cruzamos con el caso de Zhao Chunhua, una señora que fue condenada a tres años de prisión.

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Revisión del caso, hoy jueves.

Zhao, madre soltera de 51 años, regentaba una caseta de tiro en la ciudad de Tianjin, con la que ganaba un modesto sueldo de 3.000 yuanes al mes (unos 500 dólares). Recientemente, la policía llegó a su caseta, le requisó las escopetas con la que los clientes intentaban explotar globos y obtener premios, y le dijeron que iban a hacerles unas pruebas. Al comprobar que las armas de juguete disparaban con una fuerza superior a 1,8 julios por centímetro cuadrado, que es el límite marcado por la ley, Zhao fue detenida, y poco después condenada a prisión.

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La sentencia, que se anunció a principios de este mes, causó bastante indignación en China, porque nadie entendía muy bien por qué de repente a la policía le había dado por detener a feriantes, que no se sabe muy bien qué problema han podido causar. De hecho, Zhao no es la única: al menos otros 20 dueños de casetas de tiro chinas han recibido penas de prisión últimamente.

No se sabe si fue por la presión mediática y popular, pero lo cierto es que hoy a Zhao le revisaron la sentencia, y aunque se la mantuvieron, la declararon suspendida, es decir, que la señora se libra de entrar en prisión si durante los tres años de condena muestra buena conducta y no reincide en otros delitos. Lo que no sabemos es si podrá volver a regentar la caseta. Muchos otros casos similares han recibido penas similares, mientras en China el caso ha generado debate sobre cuán celosamente se debe aplicar una ley, y también, claro está, qué puede y qué no puede ser considerado un arma peligrosa.

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