República Populista China

El titular del post de hoy es más un juego de palabras que otra cosa: creo que China es uno de los pocos países donde el tan manoseado vocablo del “populismo” apenas se conoce, y es más, seguramente no tendrá ni traducción exacta al mandarín. Pero dado que en el resto del mundo es la palabra de moda (y fue palabra del año 2016 según la Fundación del Español Urgente) voy a reflexionar sobre la idea que encarna, y sus posibles ramificaciones para China.

Antes de ello, os tendré que advertir que pienso que la palabra “populismo” se usa, irónicamente, de una forma muy populista (o muy demagógica, porque “populismo” y “demagogia” son prácticamente sinónimos). Equiparar partidos de izquierdas como Podemos o Syriza con Trump o Le Pen, por más que unos y otros tengan sus defectos, es sin duda una simplificación digna de la lógica más plana y populista del mundo. Por otra parte, tengamos en cuenta que, gramaticalmente hablando, lo contrario de “populismo” es “elitismo”, lo cual es bastante revelador de dónde se encuentran algunos partidos del establishment/casta o ciertos medios que han agarrado la bandera contra el populismo con una pasión que no tuvieron para enfrentar, por ejemplo, el neoliberalismo que nos arruinó en 2008, quizá porque sus dueños no les iban a dejar.

Pero me salgo de lo general y me vengo a China: ¿hay políticos “populistas” en el régimen comunista? Me he tomado la molestia de buscar en toda la web chinochanera si usé ese término en el pasado, y en 10 años de posts (entre 2005 y 2015) sólo lo hice una vez, aquí, para referirme a nada más y nada menos que Bo Xilai. Era 2012, época en la que Podemos o el Trump político aún ni se vislumbraban, así que no sé en qué modelo me basé para utilizar esa palabra, quizá Hugo Chávez… En fin, para los que no lo sepáis (seguramente porque vivís fuera de China, ya que aquí es superfamoso) Bo fue ministro de Comercio en la era de Hu Jintao, después fue el líder del Partido Comunista en la subdivisión de Chongqing (donde llevó a cabo sus políticas supuestamente más populistas) y en 2012, cuando algunos decían que podía volver a lo grande a la política nacional, se metió -o lo metieron- en un escándalo inmenso donde su esposa fue culpada de asesinar a un empresario británico y él fue acusado de tal corrupción que su hijo podía permitirse ir a África a cazar animales salvajes en safaris exclusivos (no sabemos si elefantes en Botswana, pero podría ser). Bo acabó condenado a perpetua, su mujer también, y a los lectores de Chinochano, cuando les presenté todas las teorías posibles en torno a aquel caso y les conminé a que votaran la que les parecía más factible, eligieron la más populista.

Si el populismo consiste en usar los problemas del sistema, especialmente la corrupción y la desigualdad, para intentar derrocar o por lo menos cambiar radicalmente ese sistema, en China tiene muchas dificultades para triunfar, porque este país es especialista en esconder los problemas internos. El régimen comunista los empequeñece lo más posible, no informado de ellos o haciéndolo tarde y mal, y así va a ser difícil que aparezca el descontento necesario (irónicamente, la censura es el mayor motivo de descontento). Tampoco ayuda mucho la psicología oriental, que prefiere no hablar de cosas “problemáticas”, ni siquiera aunque esos problemas estén al borde de la explosión y su ocultamiento no haga sino agrandar la potencia de la explosión si ésta se produce.

Quizá, si hubiera que buscar populistas en China, el descontento social a veces se ha transformado en algo llamado “neomaoísmo“, que son políticos comunistas que piensan que la excesiva entrada de la economía capitalista en China ha producido los actuales problemas de corrupción, desigualdad, distancia entre políticos y la gente, etc. En algunos lugares de China esto ha llegado a traducirse en conatos de regreso del culto a la personalidad del Gran Timonel, por ejemplo colocando imágenes suyas en templos, o haciendo gigantescas estatuas suyas que las autoridades se aprestaron a destruir. También a Bo se le llegó a ligar en parte con este neomaoísmo, ya que en Chongqing emitía canciones patrióticas de los 60 y 70 en la tele local, pero no sé si era tan nostálgico de aquellos años.

Quizá el neomaoísmo es la versión china del populismo.

De la misma manera que en Occidente se intenta acabar con corrientes críticas aireando fantasmas del pasado como el fascismo o el estalinismo, en China también tienen fácil recordar a los “neomaoístas” que su supuesta inspiración produjo decenas de millones de muertes por hambre en el Gran Salto Adelante y redondeó la cosa con una década de disturbios que mataron también mucha gente, en la llamada Revolución Cultural.

Y bueno, saliendo de China, ¿qué efecto tiene el supuesto auge de los populismos en el mundo para este país que ya me harto de llamar “gigante asiático”? Sin duda, como pasó con la globalización, China es una de las grandes beneficiadas, en ese río revuelto ha sido la pescadora que gana. Cuando en Venezuela llegó el chavismo, dispuesto a dejar de ser un grifo de petróleo para Estados Unidos, Hugo miró a China como gran esperanza para diversificar las exportaciones de crudo, y los chinos se mostraron encantados de comprar energía a un país alejado de las rutas de Oriente Medio que controla Estados Unidos (bueno, eso de que las controla es un poco populista, pero ya me entendéis). Cuando Evo Morales ganó las elecciones en su país, China fue casi el primer país que visitó. En general, China desembarcó en Latinoamérica gracias a este auge de políticos que querían, y razón tenían, dejar de vender exclusivamente a EEUU y Europa sus materias primas. Faltó que China les ayudara algo más a cambiar sus economías extractivas, creando industrias y construyendo infraestructuras, pero bueno, ahora Pekín promete continuar con ello a través del “One Belt One Road“, tanto en Latinoamérica como en otros lugares… al precio de mayor influencia en el mundo, claro está.

En cuanto a la llegada del presunto populismo a Occidente, en lugares como EEUU o el Reino Unido, el beneficio para China ha sido más indirecto, pero no menos ventajoso. La brecha política que se ha abierto entre los dos grandes países anglosajones y Europa la intenta paliar China diciendo a los europeos que colaborará más con ellos, y a los estadounidenses lo mismo, y a los británicos parecido.

Y mucho sin duda le ha beneficiado a China la llegada de Trump, ese líder imprevisible, frente al que China se puede presentar como el Gobierno más previsible y fiable -y aburrido- del mundo. Encima, con Trump los chinos tienen una especie de flor en el culo, consiguen siempre que haga las cosas más polémicas justo cuando a ellos más les conviene. Por ejemplo: en enero, cuando Trump anunció que se retiraba del Acuerdo Transpacífico TTP -una de las pocas decisiones que creo que ha tomado correctamente- los chinos enviaban justo entonces a su presidente Xi Jinping al Foro de Davos, donde se vistió como el líder del libre comercio y la globalización frente al proteccionismo aislacionista. Hace poco ha ocurrido algo similar cuando Trump se retiró del Acuerdo de París para la lucha contra el englobamiento calental: justo entonces el primer ministro chino Li Keqiang estaba en Alemania, junto a Merkel, y pudo mostrarse unido con la Unión Europea frente al cambio climático y a favor del medio ambiente.

China, un país que a veces es muy proteccionista y que durante décadas no se ha preocupado lo más mínimo por su medio ambiente, de repente es presentado por las portadas de todo el mundo como el as del librecambismo y el ecologismo. Cosas veredes.

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