Rescatando del olvido
a la inolvidable San Mao

Este post lo tendría que haber escrito el pasado 4 de enero, cuando se cumplieron 25 años de la trágica muerte de la escritora taiwanesa -nacida en China- San Mao, pero aquellos días estaba inmerso en las obras de remodelación de este blog (que ahora prefiero llamar web) y se me pasó. No es la primera vez que un español muestra dejadez por San Mao, lamentablemente: ha sido una gran olvidada en nuestro país, algo incomprensible teniendo en cuenta la enorme fuerza emocional de su historia. Pero bueno, esto por fortuna ha comenzado a cambiar en los últimos años.

San Mao, como decía un reciente reportaje de El País dedicado a ella (una de las muestras de que está saliendo del olvido), tiene una de estas historias “de las que hacen llorar”, un cuento muy real que ya he contado alguna vez en el blog pero del que hoy daré más detalles. Nacida en Chongqing en 1943, aunque emigrada con su familia a Taiwán tras la guerra civil china, San Mao decidió en la década de los 60 y 70 viajar por Europa, principalmente Alemania y España, países de los que quedó prendada y de los que escribió multitud de libros y crónicas de prensa para los lectores chinos y taiwaneses.

Sus textos fueron un alimento de sueños viajeros para muchos lectores en chino de los 70 y 80, sobre todo jóvenes chicas que fantaseaban con imitar a la feminista y trotamundos San Mao. Para muchos fue su primer y durante décadas único contacto con la lejana España, a la que llegaron a rodear de un halo romántico y aventurero gracias a los textos de la autora. Dicen los buenos amantes de la literatura, a veces algo intransigentes, que los escritos de San Mao eran demasiado edulcorados, pero eso no resta un ápice su importancia como pionera: pionera en irse sola a Europa, en aprender idiomas “raros” para un taiwanés como el alemán y el español, en escribir crónicas de sitios desconocidos para el lector medio de mandarín…

La prometida “historia de las de llorar” comenzó cuando en Madrid conoció a un andaluz de Jaén -aceitunero altivo- llamado José María Quero (“José” o “Hexi” a secas para los millones de chinos y taiwaneses que se conocen la historia), que se enamoró perdidamente de ella cuando él apenas era un adolescente, y que años después, un poco más crecidito y después de muchas idas y venidas de San Mao por España, Taiwán y Alemania, consiguió conquistar el corazón de la escritora. Se casaron, y llevaron una vida atípica que les llevó al Sáhara Español, del que tuvieron que marcharse apresuradamente cuando España perdió esa colonia en 1975, y después a diversos lugares de las vecinas Canarias. Su periplo acabó en la isla de La Palma, donde José, que trabajaba como buzo, tuvo un trágico accidente en el mar y falleció ahogado en la palmera Costa de Barlovento, en 1979. Destrozada por una desgracia de la que seguramente nunca se recuperó, San Mao regresó poco después a Taiwán, donde vivió en los 80 hasta que el 4 de enero de 1991, por razones que nunca conoceremos totalmente (¿depresión? ¿le habían diagnosticado un grave cáncer?) se quitó la vida.

Esta historia los españoles que vivimos en China la acabamos conociendo tarde o temprano, porque muchos jóvenes o no tan jóvenes chinos se la saben de memoria y a veces te la relatan cuando les cuentas tu origen: es más, si uno se llama “José” y dice su nombre a una china de 30 o 40 años, es posible que ésta suspire de tristeza y nostalgia, recordando la triste historia de San Mao (tomad nota para el Tinder).

Lo todavía más alucinante de todo este relato, y esto es un detalle que yo no conocí hasta hace pocos meses, es que la escritora tuvo otra desgraciada historia de amor en Alemania, antes de su romance con José en España: en tierras teutonas se enamoró de un profesor germano 19 años mayor que ella, y llegaron a comprometerse en matrimonio, pero antes de que pudieran casarse éste murió de un ataque al corazón. Con lo que ocurriría años después, no puedo ni imaginarme cómo se sentiría San Mao al ver que dos de sus grandes amores en la vida habían fallecido prematuramente. No me extrañaría que eso desembocara en la posible depresión que le acechó en sus últimos años y que le llevó de este mundo también antes de tiempo, cuando sólo tenía 47 años.

En fin, San Mao es, sea como sea, una historia de libro, y es por eso que es muy extraño que en España, uno de los lugares que tanto amó y que tanto contribuyó para bien y para mal en su biografía, apenas la conociéramos. Sí se sabe un poquito más de la pareja, todo sea dicho, en Canarias, donde durante años ha habido turistas chinos que han ido en peregrinaje a visitar la casa donde vivieron en Telde (Gran Canaria) y a la tumba de José (que tiene artículo propio en la Baidupedia, la Wikipedia china) en La Palma. El nicho siempre está lleno de piedritas con mensajes en chino, de recuerdo para Hexi.

Frente al olvido español, algo se está moviendo finalmente para recuperar la memoria de San Mao y de José en tiempos recientes: entre 2015 y 2016 surgieron tres iniciativas que intentaron, esperemos que con éxito, recuperar esa bella historia. La primera fue la publicación en La Palma hace dos años del libro “El olivo y la flor del ciruelo“, donde un cronista local, Manuel Poggio, relató el amor del andaluz y la taiwanesa y su amargo final.

La segunda, a mediados de 2016, fue la traducción y publicación al español (y al catalán), por primera vez, de un libro de San Mao: los “Diarios del Sáhara”, que ella escribió cuando vivió en El Aaiún con José.

La tercera fue la producción de un documental, “La Vida es el Viaje”, de la escritora y realizadora Susi Alvarado, quien con medios modestos pero mucha buena voluntad y lirismo intentó recrear la vida de San Mao en Canarias y el desaparecido Sáhara Español.

Gracias al documental, que se emitió a finales del año pasado en el Instituto Cervantes de Pekín ante un nutrido público de emocionados lectores chinos de San Mao, supe que en La Palma hay un bonito monumento a la escritora. El monumento es sencillo pero precioso: tres tiras de metal que asemejan tal vez una planta o unas olas, pero sobre todo pelos, porque San Mao (cuyo verdadero nombre era Chen Maoping, y que también es conocida con el apodo literario de Echo Chen) adoptó ese seudónimo para sus escritos en homenaje a un personaje de tebeo de la posguerra en China, una suerte de Carpanta a la oriental, llamado precisamente “San Mao” y que tenía sólo tres pelos.

El monumento tripelar está en la Playa de Barlovento, donde, como en la canción de Mecano, el celoso y proceloso mar arrebató a San Mao su amor.

Siempre que he hablado de San Mao en esta web he citado, por supuesto, su precioso poema “El Olivo”, dedicado sin duda a España y a José, y al que ya en 1979 le puso música la cantante taiwanesa Chyi Yu, convirtiéndolo en mi canción favorita en mandarín.

No me preguntes de donde vengo,
mi origen es muy lejano.
¿Por qué vagabundear tan lejos?

Por los pájaros que vuelan,
por el arroyo que fluye en el valle,
por las vastas praderas,
pero sobre todo, sobre todo,
por el olivo de mis sueños.

Es oír la canción y emocionarme, porque además para muchos españoles en China, San Mao es una especie de espejo nuestro, así que tenemos una especial fascinación hacia ella. Qué bueno que ahora se la comience a conocer más también al otro lado de Eurasia.

2 Comentarios

  1. Al principio su historia no me sonaba de nada, pero luego se me hizo amiliar, y al final recorde: Hace un tiempo lei, en una version condensada aparecida en selecciones del reader’s digest un libro que ella escribio sobre sus experiencias en el Sahara español, alli esta todo, desde que se caso hasta como debieron huir luego de que le Sahara recuperara -mas o menos- su independencia, con anecdotas graciosas entre medio y otras muy tragicas -¿existia la esclavitud aun en esa epoca? ¿que hacian las autoridades españolas que no la prohibian?- y mucho choque cultural, buen libro.

    Saludos, te leo desde hace tiempo.

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