Rojo y amarillo no sientan tan bien

Esta semana se ha presentado en China el uniforme que llevarán los atletas de este país que van a competir -si el zika lo permite- en los próximos Juegos Olímpicos de Río:

¿Puedo hacer el chiste fácil de que parecen chinos jugando a los chinos?

Obviamente se opta por lo clásico, y los trajes son casi iguales que los usados en Pekín 2008, pese a que los diseñadores son distintos:

La similitud es tal, que los chinos han hecho la misma broma en ambos casos: comentan que son poco originales, escasamente imaginativos, y que con tanto rojo y amarillo los atletas patrios parecen un plato de xihongshi chaojidan (el tradicional plato chino de huevos rehogados con tomate).

A los críticos chinos de los trajes les diría dos cosas: una, que si no les gustan deberían cambiar el color de la bandera de su país, que es el que en general dicta los colores nacionales. Siendo roja y amarilla, ¿qué quieren, uniformes que combinen el negro con el turquesa y el azul prusiano?

También les recomendaría que no pidan tanta imaginación y originalidad en los colores de los uniformes, y a ese respecto les sugeriría que se fijaran en España, otro país que tiene el rojo y el amarillo como colores nacionales y en su caso está hundido en una espiral de horror estético por culpa de querer ser original. No hay más que ver, por ejemplo, el chándal de domador de circo que los atletas españoles fueron obligados a llevar en los Juegos Olímpicos de Londres.

Un traje que podría haber quemado las retinas de Velázquez, Goya o Miró si hubieran vivido para conocerlo.

O peor aún, que vean cuál es actualmente la segunda camiseta de la selección española de fútbol. Eso sí son huevos con tomate, o quizá también un disparo al tórax:

Pido perdón a los enfermos del corazón por mostrarles este crimen a la estética y a la anatomía.

El mundo de los equipamientos de fútbol, en todo caso, decidió condenar a muerte a la belleza ya en el Mundial de Brasil 2014, cuando se obligó a los equipos a vestir sólo de un color tanto la camiseta como el pantalón (España iba toda de rojo, Alemania toda de blanco, Italia toda de azul, etc). Lo único que se salvó de aquel esteticamente nefando campeonato fue la segunda camiseta de los germanos, que fue además con la que protagonizaron el único partido realmente memorable de ese aburrido torneo, el 1-7 ante Brasil.

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