Saludando al dragón en el país del elefante

Me encuentro, como de costumbre por estas fechas del año, huyendo del frío de Pekín, en esta ocasión en Tailandia, un país que ya conocía pero al que he decidido volver para encontrarme con algunas amistades y viajar con algunas otras procedentes de la capital china, como yo, aunque vendrán más tarde.

Así, el Año Nuevo chino me ha pillado en Bangkok, pero no pasa nada, porque me he alojado en un hotel del Chinatown bangkokés (¿bangkokita? ¿bangkokense?) para vivir la festividad en toda su plenitud. Bueno, por eso y por no ir a Kao San Road, que me cansa un poco el ambiente hippy trasnochado que destila ese guetto.

En el Chinatown de Bangkok se ha cortado la principal calle (Yaowarat) al tráfico y se han dispuesto restaurantes y tenderetes a lo largo y ancho del lugar, decorado generosamente con farolillos rojos. Dicen por aquí que el Año Nuevo chino cada vez se celebra con más intensidad en Bangkok, y que a lo mejor es porque antes los chino-tailandeses eran más discretos con su cultura, no querían llamar la atención en un lugar extranjero, pero ahora con el ascenso económico y político de China se les ha subido un poco a la cabeza su chinidad y les gusta demostrarla mucho más. ¿Será así en otras latitudes?

Una cosa que me ha llamado la atención es lo mucho que los chino-tailandeses respetan la costumbre de vestir algo rojo en los primeros días del año, para atraer la buena suerte y espantar la mala. Calculo que uno de cada tres viandantes que se ven por la zona van de ese color.

Me ha hecho gracia porque hace dos años, os acordaréis, hubo graves revueltas en Tailandia, comandadas por los llamados «camisas rojas». Me he preguntado si alguna de las muchas camisas rojas que se ven por la calle estos días sirvió para esas protestas antes del actual uso festivo… De todas formas creo que los «camisas rojas» (en general, gente pobre y olvidada por anteriores gobiernos) no son un movimiento muy popular entre los chino-tailandeses (que generalmente son gente con negocios y adinerada, además de tener siempre muchos de sus miembros en el gobierno).

Señal de que los chino-tailandeses importan mucho en Tailandia fue que ayer, día de Año Nuevo, fueron a inaugurar el Festival de la Primavera dos princesas de la familia real tailandesa, entre ellas una –de cuyo nombre no quiero acordarme, pues los nombres tailandeses se las traen- que es especialista en cultura china, habla el idioma mandarín y viaja mucho a Pekín. Con ocasión de la visita, a todos los que por allí pasábamos nos dieron dos banderas, una azul y otra violeta (representando cada una a una de las princesas, porque cada miembro de la familia real tai tiene una banderola de un determinado color) y nos llevaron a ambos lados de la calle para dejar hueco a las dos mujeres.

Nos sentamos en la acera para ver el magno acontecimiento, y tras dos horas, ¡dos horas! pasaron las dos en un trenecito… y ahí se acabó el desfile, el más decepcionante que he visto en la vida. La policía nos prohibió terminantemente sacar fotos de las princesas, y a los extranjeros nos lo recordaron una docena de veces por si acaso.

En fin, la fiesta sigue por el Chinatown bangkokense-bangkokiano-bangkokita, a ver si hoy hay fuegos artificiales o algo. Os pongo unas fotillos más de la celebración, sobre todo sus detalles draconianos.

1 Comment

  1. Enviado por Fang
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    Me encanta el melocotón gigante!!! Con ese sí que debe de alcanzarse la inmortalidad…

    ~~~
    Enviado por ChinoChano
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    En la tele tailandesa se vio después a la princesa abriendo el melocotón, que estaba relleno como de lingotes de oro de pegolete.

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