Santos chinos para la Semana Santa

Voy a aprovechar que estamos en Semana Santa, aunque ya esté casi acabada y aunque en China nos pase casi desapercibida, para hablar un poco de los santos chinos, porque aunque no se les conozca mucho, los hay, y bastantes. No esperéis los que vivís en Pekín que os hable aquí de San Litún, porque ese chiste ya lo he usado tres veces y está más que amortizado. Pero es que además lo que hoy relato no invita mucho a la broma. El texto de hoy es un poco tristón porque habla de muchos asesinatos, pero bueno, quizá case con el ambiente de recogimiento y pasión que tradicionalmente rodeaba estas fechas. En todo caso, el texto no pretende ser fervoroso ni religioso, sino sobre todo histórico.

Todos los santos chinos son mártires, es decir, fueron asesinados por su fe, y fueron todos canonizados a la vez, el 1 de octubre del año 2000, por el papa Juan Pablo II (no sé si se escogió la fecha por ser el Día Nacional de China). Son 120, se les conoce a todos juntos como los “Santos Mártires de China“, y el día en el que se les recuerda en el calendario católico es el 9 de julio. Se les asesinó en diferentes épocas a lo largo de casi tres siglos, entre 1648 y 1930, aunque buena parte de ellos (86) murieron a partir de la rebelión de los Boxers, en medio de la ola de fanatismo antioccidental que hacia 1900 costó la muerte de unos 30.000 católicos y protestantes en China.

Aunque sean considerados mártires chinos, hay que tener en cuenta que 33 de ellos eran misioneros occidentales. Sobre todo franceses e italianos, aunque los seis primeros mártires asesinados en China eran dominicos españoles, comenzando por San Francisco Fernández de Capillas, palentino decapitado por orden imperial en 1648. Eran los primeros años de la dinastía manchú de los Qing, mucho más hostil a las religiones occidentales que la anterior dinastía Ming, en la que hubo jesuitas que incluso estuvieron próximos a los emperadores, como el italiano Matteo Ricci o el español Diego de Pantoja.

San Francisco Fernández de Capillas bautizando a un chino.

Los siguientes cinco mártires de China también eran dominicos españoles: el tarraconense San Pere Sanz y Jordà, muerto en 1747 (el diario El Mundo le dedicó hace poco un buen reportaje), los granadinos San Francisco Serrano y San Juan Alcober, el turolense San Joaquín Royo y el sevillano San Francisco Díaz. Estos cuatro últimos fueron ejecutados en el mismo día de 1748.

No os voy a hablar aquí de los 120 santos uno por uno, pero sí nombraré al siguiente de la lista, porque es el primero nacido en China: San Pedro Wu, estrangulado por negarse a apostatar en el año 1814.

San Pedro Wu.

La imagen que acabo de poner para ilustrar al primer santo chino nacido en China la he tomado de una web católica (espero que el enlace dure) en la que hay estampitas digitales de prácticamente todos los santos mártires de China, de mayor o menor calidad. Las estampas son algo confusas porque en ellas no sale el nombre cristiano que adoptaron estos católicos al ser bautizados, pero es lo más completo que he hallado de un tema del que no he encontrado nada muy exhaustivo en internet. Lo de los nombres de los santos chinos es siempre un jaleo gordo, porque además es típico que estos nombres se traduzcan a cada idioma (es decir, San Pedro Wu figurará como San Pietro Wu en los escritos italianos, o Saint Peter Wu en los que usen el inglés).

Otro santo nacido en China, San Agustín Zhao Rong, es considerado como una especie de “líder” de todos los santos del país, de manera que al conjunto de 120 mártires a veces se lo denomina “San Agustín Zhao Rong y su 119 acompañantes” en oraciones y liturgias. San Agustín era un soldado imperial encargado de vigilar a un obispo francés detenido (San Luis Gabriel Taurin, otro mártir) y que durante esa vigilancia se convirtió al catolicismo. Fue ejecutado en 1815, el mismo año que el prelado francés.

En el grupo de mártires chinos también hay varias santas tanto nacidas en el país como extranjeras, y por nombrar a una mencionaré a la joven Santa Ágata Lin Zao, decapitada en 1858 en la provincia de Guizhou. Os pongo dos representaciones que han hecho de ella, muy distinta una de otra:

Ya entrando en el siglo XX, con la antes mentada rebelión de los Boxers, es cuando murieron asesinados más de dos tercios de los mártires chinos reconocidos por el Vaticano. Entre ellos hay varios adolescentes y niños, como Santa Ana Wang y San Simón Qin Chunfu (ambos de 14 años cuando fueron ajusticiados), Santa María Zheng Xu (que tenía 11 años), San Andrés Wang Tianqing y San Pablo Lang Fu (los dos de 9 años).

Para que un católico sea canonizado, es decir, para ser santo, hay que demostrar ante el Vaticano que ha obrado algún milagro. No sé muy bien cuáles les atribuyen a los 120 Santos Mártires de China, aunque creo que deben ser del tipo “alguien les rezó y se curó de tal o cual cosa”.

Conviene mencionar que, al contrario de lo que yo pensaba -investigar sobre esto me ha enseñado cosas a mí también, que no soy especialmente fervoroso-, no hay mártires ni santos chinos de la época posterior a 1949, es decir, a la llegada del comunismo a China, y eso que seguramente murieron muchos creyentes en las peores épocas del maoísmo, sobre todo durante la Revolución Cultural (en la que el catolicismo era una de las muchas “costumbres occidentales” que se persiguió con saña). Ignoro por qué en la lista de mártires chinos no hay víctimas del comunismo, aunque quiero creer que se debe a cierta intención del Vaticano por no enfadar a China, con el fin de algún día recuperar los lazos con ese país. Aun con todo, al Gobierno chino no le hizo mucha gracia la canonización de 2000 y la ignoró bastante.

También es de recibo recordar que la Iglesia ortodoxa también tiene santos chinos, de similar origen (222 cristianos ortodoxos fallecidos en la revuelta Boxer). El primero de ellos en fallecer, el 10 de junio de 1900, se llamaba Chi Sung, aunque en los textos ortodoxos se le conoce como Mitrofan Chi Sung. No sé por qué su nombre coincide con el del oso borracho que mató el rey emérito, pero así son las cosas.

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