Superchino

Hace un par de años os comenté que el mundo de los cómics había decidido cambiar de nacionalidad a Supermán, el superhéroe por antonomasia, y hacerle chino, una decisión bastante sorprendente y que me imagino tenía por intención llegar al público del gigante asiático. El mes pasado me compré el número uno de este Supermán chino, pues tenía interés en ver cómo está siendo este arriesgado experimento, que creo que aún dura (hay unos 24 números de este Supermán chino ya en EEUU).

El cómic se encuadra en la era “Renacimiento” de DC, que no controlo del todo en que consiste porque yo no leo tebeos superheroicos desde hace 20 años y además incluso entonces era más de Marvel, pero al parecer supone que todas las colecciones de la editorial de Supermán, Batman o Wonder Woman se reinician desde cero para situar a estos famosos personajes en universos alternativos, o en sus comienzos, o en otro tipo de escenarios diferentes a los que había hasta entonces. En el caso de Supermán, hay varias colecciones, pero en ésta se supone que un joven shanghainés bastante poco ejemplar llamado Kong Kenan recibe del Gobierno chino y un poco por chiripa muchos de los poderes de Supermán y con ellos aprende poco a poco a hacer el bien, aunque al menos en los primeros números que he visto no acaba de estar claro quiénes son los buenos y quiénes los malos en China.

La serie es dibujada por Viktor Bogdanovic, al parecer un curtido artista de los superhéroes, y está guionizada por Gene Luen Yang, un estadounidense de orígenes chinos al que ya conocía porque hace unos años leí su cómic “American Born Chinese”, que no tiene nada que ver con los superhéroes sino con los problemas de integración de los asioamericanos en EEUU. Luen Yang no es mal guionista, aunque creo que se le dan mejor los temas costumbristas que los superheroicos, y cuando intenta dar toques de humor a las viñetas no le sale muy bien, o al menos al traducirlo al español no queda gracioso.

Por lo que vi en los primeros capítulos que leí, la serie está ambientada en China pero el trabajo de documentación no ha sido para tirar cohetes. El único edificio chino que se puede ver en esos números es la Torre de la Perla de Oriente de Shanghái (donde hay un cuartel general secreto del gobierno para crear y entrenar superhéroes), lo cual le da al cómic cierto toque viejuno porque hoy en día hay edificios más espectaculares y emblemáticos en esa ciudad. En ese cuartel, la jefa de los superhéroes se queja de que “el tremendo crecimiento económico de China ha producido la llegada de la supercriminalidad al estilo occidental”, lo que ha hecho necesario recurrir a superhéroes como los de Occidente.

Una de las pocas viñetas en las que te sientes realmente en China -el resto podrían haber sido “tomadas” de cualquier ciudad estadounidense, sólo que habitada por orientales- es una en la que Supermán levanta un automóvil de policía chino, que sí está dibujado como los de verdad:

El cómic sorprende, porque no sólo tiene la temeridad de crear un Supermán chino vestido de rojo y alternativo al archifamoso de los Estados Unidos, sino que también añade como acompañantes de Kong Kenan un Batman chino y una Wonder Woman china. El Batman es obeso, por cierto.

Viniendo de Estados Unidos, el cómic no puede evitar criticar los problemas reales de China como los ve un occidental, aunque lo haga de forma muy suave e inocente. Metafóricamente, en los primeros capítulos se presenta una lucha entre un grupo de superhéroes estatales chinos (entre los que está Supermán) y unos “supervillanos” que al final no resultan serlo tanto, ya que buscan la libertad y la democracia del país y son en suma una especie de disidentes con poderes. En el fondo no están las cosas tan claras, ni unos ni otros son del todo buenos ni del todo malos, como mandan hoy en día los cánones culturales del siglo XXI, pero a grandes rasgos la cosa es así. Una de las “supervillanas”, por ejemplo, es la Diosa de la Libertad, que a mí me sonó a la Diosa de la Democracia, aquella estatua de cartón que los estudiantes de Tiananmen de 1989 erigieron en la plaza para hacer frente al retrato de Mao.

“Puede que haya tres chinos tan importantes como yo: el primer emperador, el presidente Mao, y Yao Ming”, dice Kong Kenan en la primera viñeta del cómic. Es un buen comienzo, aunque poco a poco acaba siendo una historia de estadounidenses para estadounidenses, que dudo mucho que pase la censura o alcance al público chino. En todo caso, se aprecia el que lo hayan intentado. Y prefiero a DC y Marvel dibujando que haciendo películas.

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