Taiwán, ¿vienen o no esos chips?

Durante muchos años se ha estado diciendo que era muy peligroso que China produjera un 90 % de las tierras raras, materiales muy empleados en industrias como la tecnológica. Se decía que los chinos podrían usar este cuasimonopolio con fines políticos, dejando sin suministro a sus rivales ideológicos si algún día las cosas se ponían feas. Poco ha pasado en ese sentido (quizá sí hubo algún cuello de botella en el pasado en Japón), pero mientras, nadie veía con preocupación el hecho de que Taiwán produjera aproximadamente el 90 % de los microchips avanzados de todo el planeta.

Múltiples factores han provocado que en la hermosa (formosa) isla la fabricación de estos componentes esenciales para ordenadores, teléfonos, autos y un sinfín más de productos esté pasando por muchos apuros, y eso está teniendo consecuencias nefastas en todo el mundo. También en España, segundo mayor fabricante de automóviles de Europa, donde debido a ello ha caído la producción (si falta el chip no se puede acabar el coche) y están perdiendo su trabajo muchos empleados de la industria automotriz. Entre ellos un amigo mío de Zaragoza, provincia que depende mucho de su planta de PSA en Figueruelas. Saludo desde aquí a mi colega, y le deseo que pronto se recoloque.

Como os decía, múltiples factores han hecho que Taiwán (y Corea del Sur, otro gran fabricante de microchips) hayan reducido su producción, poniendo en aprietos a la economía mundial. Quizá el factor más sorprendente sea la sequía que este año ha sufrido la isla taiwanesa.

Taiwán es un lugar semitropical, y muy lluvioso: cuando visité Taipéi, aunque no me mojé mucho porque no era la estación húmeda, comprobé que tienen muchas calles comerciales subterráneas, para que la gente pueda seguir haciendo shopping en los días de tifones. Aunque a estas calles subterráneas también las podéis llamar, si queréis, accesos laberínticos al metro.

En realidad es algo que también puede verse en otras ciudades de Extremo Oriente muy lluviosas y consumistas: Shanghai, Hong Kong, Cantón…

El año pasado, la isla no sufrió ningún tifón, algo rarísimo y que seguramente los taiwaneses agradecieron, pero es que en general llovió muy poco. La fabricación de microchips, aunque no lo parezca, necesita muchísima agua: por lo visto hay que estar lavando constantemente las pequeñas piezas metálicas que componen estos diminutos microprocesadores, casi cada vez que son manipuladas. La mayor fabricante mundial de chips, la taiwanesa TSMC, gasta en un sólo día unas 156.000 toneladas de agua en la producción de microprocesadores, el equivalente a unas 60 piscinas olímpicas.

En Taiwán están intentando ahorrar toda el agua posible para poder llevarla a estas fábricas, incluso reduciendo el riego de cultivos o cortando el agua del grifo varios días a la semana, pero no está bastando.

La sequía no ha sido el único factor que ha contribuido a la actual crisis de semiconductores. Con la pandemia, aumentó enormemente la demanda de productos electrónicos para poder pasar de forma más entretenida los confinamientos, y eso aumentó la petición de chips para móviles, ordenadores, portátiles, videoconsolas… al mismo tiempo, cayó la demanda de microchips para los automóviles, y huelga decir que un chip para un coche no es igual que el que necesita un ordenador, estos altibajos enormes de la demanda alteraron bastante la producción.

A esto se han unido otros factores que han alterado enormemente la industria: la mayor demanda de autos eléctricos (que usan más chips que los convencionales), el encarecimiento del transporte marítimo en los últimos meses por la recuperación del comercio mundial… Todo se ha unido para generar la tormenta perfecta.

Los efectos de esta crisis no sólo se notan en la industria del automóvil: en los videojuegos al parecer hay muchos problemas para conseguir tarjetas gráficas con los que mejorar juegos y consolas, se han retrasado lanzamientos de nuevos iPhones y otros productos… Una vez más se demuestra que no es bueno concentrar la producción de una materia prima o componente vital en pocas manos. Y esto vale no sólo para la República Popular China.

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