Tanto va el cántaro a la Rusia…

Llevaba ya dos semanas hablando de Rusia en esta web, así que tenía que pasar… Estoy en el país vecino de China, haciendo escala para viajar de vuelta a España, aunque esta vez es una escala más larga que las que suelo hacer en Moscú con el habotual vuelo en Aeroflot. Esta vez he salido del Aeropuerto de Sheremetyevo, me he dado una vuelta por Moscú (cosa que no hacía desde 2002, debido a las dificultades que entraña hacerse una visa rusa), me he metido 20 horas de tren desde allí a Kaliningrado y allí he visto el España-Marruecos. Nunca había visto in situ a la selección, y mola estrenarse en un Mundial, además con un partido bien emocionante.

Banderolas junto al Kremlin

Desde principios de este año se me ocurrió la idea de aprovecharme de que el Mundial este año era en Rusia, un país por el que paso casi todos los años en mi trayecto Pekín-Madrid pero por el que nunca paro. Ya que era en el sitio de escala, ¿por qué no asistir al Mundial, un torneo al que tengo muchísimo cariño desde el que era niño? Y eso hice.

El Gum, centro comercial de la Plaza Roja

Comprar una entrada para los Mundiales fue más fácil de lo que pensaba (a través de la web de la FIFA entré en un sorteo que al parecer era fácil de ganar, porque tampoco debía haber tantísima demanda) y me adjudicaron la entrada que pedí. Además, con la entrada te dan un objeto maravilloso, la FAN ID, con la que no sólo tienes acceso al partido sino a Rusia en general, con ella puedes entrar en el país sin necesidad de visado. Además, dan a los fans billetes de tren gratuitos entre Moscú y todas las sedes, que creo que mucha gente no aprovechará porque son trayectos muy largos, pero a mí siempre me han gustado las largas travesías en tren, y la de ayer y hoy, atravesando Bielorrusia y Lituania, me encantó.

Calle Arbat

Antes de ir a Kaliningrado, un exclave curiosísimo que si no fuera por el Mundial quizá me hubiera sido muy difícil visitar (está separado del resto de Rusia, encajonado entre Polonia y Lituania) me di una vuelta por Moscú, que estaba lindísima. La animación era espectacular, no sé si por el Mundial o porque los moscovitas en verano se toman la revancha del frío invierno: todo el mundo en la calle, música y artistas callejeros… La ciudad sigue teniendo esa mezcla comunista e imperial que la hace fantástica, aunque un día la tengo que visitar en invierno para verla en su esplendor.

Museo de Historia de Rusia
Estación de metro rococó
Plaza Roja

La Plaza Roja estaba llena de turistas de todo el mundo, sobre todo de países que compiten en el mundial, luciendo camisetas y banderas de su equipo. Los había de todas partes, pero los que más se hacían notar eran los belgas y tunecinos (ya que el día en que visité la zona se jugaba un partido entre ambos en el estadio del Spartak) y los de equipos latinoamericanos: peruanos, colombianos, argentinos, mexicanos, y por supuesto brasileños, que según he podido comprobar en mis viajes son el pueblo más ruidoso del mundo (lo cual no siempre es agradable).

Peruanos
Incluso había representantes de países desaparecidos, como éste chico con la bellísima bandera de Alemania del Este

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