The real Chinatown

Hace unos días, como ya os conté, estuve en Nueva York, 10 años después de mi primera y anterior visita a la Gran Manzana. En el viaje de 2007 visité el Chinatown de Manhattan, muy famoso y turístico. Esta vez no pasé por allí, por no repetir y ver otras cosas, pero sí que estuve en otro Chinatown neoyorquino, de hecho uno mucho más real, con muchos más habitantes procedentes de Asia: la zona de Flushing, en Queens.

Flushing os sonará quizá por “Flushing Meadows”, un parque cercano también en Queens donde se encuentran tanto el estadio de beisbol de los New York Mets -comparables al Atleti neoyorquino, el Real Madrid serían los New York Yankees- como el complejo de tenis donde cada año se juega el US Open, recientemente ganado por el mejor deportista español de la Historia.

No lejos de allí se encuentra el centro del barrio de Flushing, donde el idioma que más se escucha en la calle y se lee en los letreros es, sin duda, el chino mandarín, por encima del inglés. También hay muchos letreros en coreano y japonés, y alguno que otro en vietnamita. No en vano allí viven 250.000 chinos, muchos de ellos de primera generación en EEUU, así como otros emigrantes de Oriente que convierten el lugar en la mayor colonia asiática de Estados Unidos. La exnovia china que visité en Nueva York, que no vive en Flushing pero sí compra allí o come en sus restaurantes, usa más el mandarín que el inglés en su vida diaria, casi parece que no se haya mudado de país.

Flushing es mucho más parecido a una ciudad china como Pekín que el Chinatown de Manhattan, y no sólo por la gran presencia de emigrantes chinos sino por la arquitectura. Mientras en el viejo Chinatown las tiendas chinas y asiáticas están en edificios típicos del siglo XIX y XX neoyorquino, con ladrillo visto, escaleras de incendios en la fachada y tal, los edificios de Flushing son mucho más modernos y anodinos, como lo pueden ser los de Pekín.

Quizá lo que recuerda en Flushing que aún estamos en los Estados Unidos son las iglesias, pues hay muchas y de muchos credos cristianos, cosa habitual en las ciudades norteamericanas. En algunas los carteles en chino e inglés se juntan con letreros en español, y de hecho vi que en la iglesia de la calle principal de Flushing los sacerdotes eran latinoamericanos y asiáticos. Curiosa mixtura de lo latino y lo oriental, la que se ve allí.

Nótese el detalle del vendedor de yangrouchuan (pinchos de cordero), genuina importación de China.

Ese mestizaje latino-asiático lo pude ver igualmente en el Chinatown de Chicago, que también visité en esta ocasión. En ese caso la arquitectura sí es la típica de las ciudades estadounidenses de hace más de un siglo, con algún aparatoso edificio de diseño oriental, pero en la calle los asiáticos y los latinos comparten paseos (los chinos de Chicago, por cierto, hablan mucho más inglés entre ellos que los del Flushing neoyorquino, ya deben ser de segunda generación o posteriores).

La mezcla de chinos y latinos se debe, al parecer, a que muy cerca del Chinatown de Chicago hay barrios predominantemente mexicanos, o de gentes de otros países de Latinoamérica.

Medio oculta tras la puerta verde y roja del fondo se alza a lo lejos la Torre Sears, uno de los rascacielos más altos de EEUU.

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