Toda ayuda es poca

La excepcional situación que vivimos ha generado situaciones igualmente excepcionales en el ámbito religioso, donde sacerdotes cristianos, imanes musulmanes o monjes budistas lideran rezos por internet, dan consejos a sus feligreses o intentan con sus bendiciones o rituales que el mortal virus frene su avance. Independientemente de que los creamos o no, es interesante ver lo que están haciendo, y como mínimo seguramente dan esperanza y alivio a gente muy asustada (espero sin embargo que no den falsas confianzas).

Ayer sábado, por ejemplo, en la Catedral de Turín se celebró una misa ante la Sábana Santa, el supuesto paño que cubrió a Jesucristo tras su muerte y hasta su Resurrección (era además Sábado Santo, conmemorativo de ese día que pasó Jesús tendido en el sepulcro). La Sábana Santa está normalmente fuera de la vista del público, y se muestra en muy pocas ocasiones (en el último siglo y medio apenas una docena de veces, aunque la frecuencia está aumentando últimamente), por lo que esa misa, en una catedral prácticamente vacía pero seguida desde internet por miles de personas, muestra lo excepcional del momento.

La famosa Sábana Santa o Sindone (que según pruebas de carbono 14 autorizadas por la Iglesia en realidad es de la Edad Media).

Me conecté por internet para seguir en directo ayer este histórico ritual, pero la verdad es que fue bastante decepcionante, sobre todo en el aspecto de su realización televisiva: se mostraban una y otra vez planos de la sábana en primer plano, demasiado cerca, y en vez de estar vertical, como un cuadro, se colocó horizontal, como sobre una mesa, por lo que no había forma de que la cámara ofreciera un buen plano.

En mi Huesca natal, hace unas semanas, se intentó organizar algo similar, ya que el arzobispado anunció que el 18 de marzo sacaría a las calles de la ciudad la imagen del Santo Cristo de los Milagros, que se aloja en la Catedral y es muy venerada en la capital mundial. El objetivo también era ver si ayudaba a frenar la pandemia, como cuando se saca a una virgen para que llueva. Lo curioso es que en Huesca no se sacaba la estimada imagen para intentar parar una epidemia desde 1497, cuando se hizo lo mismo para rezar contra una peste que estaba asolando la ciudad.

Al final, sin embargo, los planes oscenses no pudieron materializarse, porque como sabéis el 14 de marzo se dictó el estado de alarma y el Santo Cristo de los Milagros no se libró del confinamiento.

En China, que de eso va esta web, no sé si se han producido o se han intentado históricos rituales como los que os estoy contando, pero lo que sí es verdad es que los grandes hospitales de campaña que se construyeron a toda prisa en Wuhan en enero para atender a los enfermos tenían cierta relación con la religión taoísta a través de sus nombres.

Fueron los famosos hospitales de Huoshenshan y Leishenshan, que podemos traducir como la «Montaña del Dios del Fuego» y la «Montaña del Dios del Trueno». En la antigua mitología china, el dios del trueno era Leigong, y el dios del fuego Zhurong, y ambos se unieron posteriormente con las creencias taoístas que en un principio eran filosóficas y éticas pero se fueron entremezclando con las antiguas religiones populares chinas.

Leigong y Zhurong, junto a otros dioses de la mitología china, en una versión algo «marvelizada» del panteón oriental.

El fuego y el trueno (que además están presentes en los logotipos de los dos hospitales, como habéis podido advertir en la imagen de más arriba) añaden aún más significado simbólico, ya que en la medicina tradicional china los pulmones están asociados al metal (uno de los cinco símbolos primordiales junto al fuego, el agua, la madera y la tierra) y se supone que tanto el fuego como el trueno pueden vencer al metal, es decir, pueden ayudar a curar el pulmón.

Esto hay que convertirlo en una especie de gran juego de piedra papel y tijera: el fuego, obviamente, funde el metal, mientras que el trueno está asociado a la madera en el taoísmo chino, la madera engendra el fuego, y como dijimos, el fuego doblega al metal.

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