Tres españoles triunfando
en el Shanghai de hace un siglo

En episodios anteriores, muy anteriores, os he hablado de españoles que llegaron a una China muy pretérita y diferente de la de hoy y formaron parte de su Historia, como Diego de Pantoja o Sinibaldo de Mas. Esta vez os voy a hablar de otros tres, juntándolos porque todos ellos vivieron en el Shanghai de principios del siglo XX, la era dorada en la que esa ciudad era lo más del cosmopolitismo. Además, los tres estaban relacionados entre sí, y no sólo por tener la misma letra inicial en su nombre de pila.

Empezaremos hablando, porque su vida nos llevará a la de los otros dos, de Abelardo Lafuente, arquitecto nacido en Madrid en 1871 y fallecido en Shanghai en 1931, quien en las primeras décadas del siglo pasado fue el único español que tuvo estudio de arquitectura propio en esa ciudad entonces tan abierta al mundo. Trabajó en ella desde 1913 hasta su muerte en 1931, aunque anteriormente lo había hecho en Manila y también probó suerte en sus últimos años en Estados Unidos (no tuvo mucha, porque entonces estalló el crack del 29 y apenas le contrataron allí).

En Shanghai diseñó de todo: hoteles, villas de empresarios, iglesias, mezquitas… Su trabajo más famoso quizá fue de un interior más que de un exterior, ya que creó la sala de baile del mítico Hotel Astor, hermosísima y que hasta hace pocos años aún se usaba para acoger todo tipo de fiestas y banquetes. Ahora, sin embargo, creo que el lugar está cerrado al público, parece ser que lo van a reconvertir en edificio de oficinas.

Pero Lafuente también ideó edificios enteros en la Perla de Oriente, y algunos de ellos aún se pueden admirar hoy día. Por ejemplo, el Star Garage, con el que llevó a Shanghai una arquitectura muy española, la mozárabe:

Hoy el edificio sigue en pie en la calle Nanjing West, una de las más importantes de la ciudad:

Lafuente diseñó este garaje para otro de los personajes que hemos presentado al principio, Albert Cohen (1870-1930), quien en realidad había nacido en Estambul, pero por ser judío sefardita estaba muy ligado a nuestra cultura y creo que hasta tenía nacionalidad española. Cohen era dueño de una de las principales empresas de rickshaws de la ciudad en esos años, así que cuando Tintín los cogía en El Loto Azul, ya sabéis a quién le llegaban los beneficios.

La flota de Cohen.

Otro edificio de aires moriscos diseñado por Lafuente en Shanghai y aún en pie actualmente fue la residencia del empresario granadino Antonio Ramos (1878-1944), quien completa nuestro trío de hoy.

De Ramos podemos decir, sin grandilocuencias, que fue la persona que llevó el cine a China. En 1903, apenas ocho años después de que los hermanos Lumière filmaran a los trabajadores saliendo de su fábrica, Ramos proyectó la primera película en el país asiático, en una tetería shanghainesa. Años después tenía un emporio con siete salas de cine montadas en la ciudad (muchas, si no todas, diseñadas por Lafuente, aunque ninguna de ellas sigue en pie hoy día), y hasta rodó algunas de las primeras películas chinas. Sí existe todavía, en Madrid, el Cine Rialto, que también mandó construir él.

Como veis, el viejo y mítico Shanghai, ése que aparece en las primeras escenas de Indiana Jones y el Templo Maldito o en El Imperio del Sol, tuvo muy ilustres vecinos españoles. Vicente Blasco Ibáñez, el español mundialmente más conocido en aquella época, escribió de ellos tras visitar la ciudad, en su obra «La vuelta al mundo de un novelista». Hay que decir que en los últimos años la biografía de estos personajes, sobre todo la de Abelardo Lafuente, se ha recuperado mucho gracias la labor de documentación y búsqueda de otro arquitecto, éste contemporáneo nuestro pero que también ha trabajado en Shanghái, y que por supuesto también tiene un nombre que comienza por A: Álvaro Leonardo.

Para terminar mi relato de hoy, querría mencionar que durante mucho tiempo pensé que Abelardo Lafuente fue también el arquitecto que ideó el famoso «faro» que hay en el Bund de Shanghai, y que hoy día, si no han cambiado su uso últimamente, alberga un bar muy elegante.

Sin embargo, esto no es cierto, ya que parece ser que ese edificio -que tiene el impronunciable nombre de Torre Gutzlaff- se construyó en 1907, seis años antes de que Abelardo comenzara a dibujar planos en Shanghai. De hecho, la autoría de este faro parece ser un pequeño misterio: algunos dicen que pudo ser un jesuita español, y es que también había bastante religioso entre la pequeña comunidad hispana del Shanghai de entonces, pero esto no está confirmado en absoluto. Habrá que seguir investigando.

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