Tres pelis para la rentrée

Otras tres semanas sin dar señales de vida, esta vez por haber disfrutado de vacaciones en España, donde he ido de fiesta en fiesta patronal (otros años intento esquivarlas, pero tras dos años de parón festivo por pandemia estoy desentrenado en esta habilidad) y luego he hecho un road trip desde España a Suiza con amigos chinos que me ha ayudado a rememorar mis años en Pekín. En mi regreso descubro que a mi portátil no le funciona la tecla de la letra A (no podía escoger una mejor el joputa) y tengo que escribir esto desde otro ordenador, porca miseria.

Aparte de todo esto, en las vacaciones he visto tres películas con temática más o menos china que os cuento aquí muy brevemente, a modo de post ligero de vuelta al cole:

En primer lugar he visto la película de culto del año, de la que muchos habréis oído hablar: se llama Todo a la vez en todas partes (Everything Everywhere All At Once) y está causando sensación entre el público, aunque como no es de Marvel ni de Tom Cruise para muchos todavía es una joya por descubrir. La historia se centra en una familia de orígenes chinos que reside en Estados Unidos, encarnada por actores de relumbrón: la madre es Michelle Yeoh (Tigre y Dragón, El mañana nunca muere…), el padre es Jonathan Ke Quan (conocido sobre todo por sus papeles infantiles en Los Goonies y en Indiana Jones en el Templo Maldito) y la hija es Stephanie Hsu, que lo está petando estos días en la gran serie La maravillosa señora Meisel.

Hasta el póster es la repera.

Es mejor que no os cuenten mucho de esta película, así que casi es preferible que no leáis el párrafo que estoy empezando, pero si necesitáis tener una pequeña idea del contenido de esta película, os comento que lo que empieza como una historia intimista, de familia china humilde con su lavandería intentando hacerse un hueco en los EEUU, acaba derivando en una locura de universos paralelos -dicen que bastante mejor que la de la última película del Doctor Extraño- para terminar nuevamente en el intimismo, como una reflexión sobre la difícil relación entre una madre china y su hija.

Las otras dos películas con tema chino que he visto en vacaciones seguramente las podréis ver en Netflix (no lo afirmo con total rotundidad porque esta plataforma en cada país tiene una oferta de films distinta). La primera se llama Sonora, es mexicana, y cuenta la historia de un grupo de personas que tiene que viajar miles de kilómetros en auto hasta Mexicali, en la Baja California, durante los años 20 o 30 del siglo pasado, cuando no había carretera que atravesara el desierto de Sonora. La película es una suerte de versión mexicana y moderna de La diligencia de John Ford, si se me permite el atrevido símil, con unos pasajeros muy variopintos, a veces enfrentados entre sí, y con distintas motivaciones. Entre ellos viaja una familia en la que el padre es un emigrante chino que sufre la persecución que en esos momentos sufrió la comunidad china de México: aunque el film no se centra sólo en este drama, sí lo trata en varias ocasiones.

La tercera película, mucho más ligera y probablemente peor que las dos anteriores, es Shanghai Fortress, una producción china de ciencia ficción que básicamente es una versión oriental de Independence Day: los humanos, en este caso shanghaineses, salvan al mundo de un ataque alienígena con nave gigante. La película es sumamente insulsa, pero la destaco aquí porque los chinos también tienen derecho a salvar el planeta en la gran pantalla, porque Shanghai se consagra como un excelente escenario para la ciencia ficción, y porque en el film sale la actriz oriental que, sin ser la mejor, es la más guapa: la gran Shu Qi, quien ya empieza a mostrar una bella madurez y un día de éstos tiene que despedir a su agente para contratar a otro que le haga llegar mejores guiones.

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