Triste adiós a un refugio de la cultura

Muchos pequineses o expequineses hemos recibido esta semana un duro mazazo al conocer que el café-librería The Bookworm, situado en Sanlitun Sur, se va a ver obligado a cerrar sus puertas por presiones de las autoridades y esta semana será probablemente la última en la que estará abierto tras 14 años de inolvidables tertulias y conferencias. Ellos mismos nos lo anunciaban en un amargo comunicado.

La amenaza del cierre sobre el Bookworm (que podría traducirse al español como «El Ratón de Biblioteca», porque al parecer en nuestro idioma los más lectores no son los gusanos sino los roedores) ya pendía hace años, estando yo aún en Pekín ya se oía hablar de su posible cierre, pero parece ser que ahora sí va en serio y que se pone punto final a uno de los lugares más interesantes de la capital china. Por lo que se ve el proceso de gentrificación de la zona de Sanlitun (que ya destruyó la parte norte hace un año) continúa hacia el sur, que pronto estará repoblado de locales de yogur helado, clones de Starbucks y similares horrores que cada vez atraen menos a la gente porque hacen que todas las ciudades del mundo parezcan iguales.

Todo empieza a parecerse al pesadillesco «paraíso» de The Good Place, una serie que me está dejando flipado estos días.

The Bookworm ha sido durante muchos años un lugar para comer y tomar café (aunque no demasiado bueno para conversar, porque al ser también librería era muy silencioso), pero sobre todo para asistir a conferencias de escritores, periodistas y otros autores, principalmente en inglés pero también alguna vez en español u otros idiomas. Su festival literario, organizado cada primavera, reunía a importantísimas plumas en tertulias que convirtieron el lugar en una burbuja de libertad de expresión para una ciudad donde la censura es cada vez mayor (el fin de esta librería es un claro ejemplo).

Yo fui un ratón de biblioteca de niño, ahora mi vista cansada y las distracciones audiovisuales del mundo contemporáneo me han hecho mucho más vago a la hora de leer, pero guardo muy buenos recuerdos de mis visitas al Bookworm, no tantas como hubiera querido pero sí muy destacadas en mis recuerdos de China.

La primera vez que lo visité fue en 2006, para asistir a una conferencia del británico Gavin Menzies (el escritor que defiende que los chinos llegaron a América antes que los españoles en su libro «1421») en la que se trajo un presunto historiador chino con un mapa que supuestamente demostraba sus teorías y dejaba a Colón al nivel de segundón. Os hablé de ello en dos de los primeros posts de esta web, hace ya más de 13 años.

Y una de las últimas veces en que estuve fue en marzo de 2016, en una tertulia del festival literario en que compartían puesto de ponentes el español Sergio del Molino y la fugitiva norcoreana Hyeonseo Lee, que se hizo muy famosa al contar su huida de Corea del Norte en su libro «La chica de los siete nombres». Aunque el relato de Del Molino fue muy emotivo -habló de su libro «La hora violeta», que gira en torno a la pérdida de su hijo- gran parte de la atención estaba en Lee, quien estaba corriendo mucho peligro al dar esa conferencia: había viajado desde su nuevo hogar en Corea del Sur a China con una identidad falsa, y corría el riesgo de que la policía china la detuviera por fugitiva y la devolviera a Corea del Norte. Tanto miedo pasó que al terminar la conferencia, según contó ella misma en redes sociales, fue rápidamente al aeropuerto de Pekín y estuvo encerrada en uno de los baños hasta que salió su avión de vuelta a Seúl.

Entre una y otra experiencia, entrevisté en The Bookworm al dibujante de comic canadiense Guy Delisle (autor de comics como Pyongyang o Shenzhen, que también os he mencionado alguna vez aquí). Además fui a una conferencia de otro de mis dibujantes favoritos, Larry Feign, quien literalmente lloró al recordar cómo la censura hongkonesa de los años 90 acabó con su mítico personaje, Lily Wong (de la que igualmente os hablé hace 13 años). Por otro lado escuché en ese café-librería a la estadounidense Amy Tan, la autora de «El club de la buena estrella», y hasta me puse allí junto a mis compañeros de trabajo una careta de oso panda para gastarle una broma a nuestra entonces becaria (es largo explicar por qué). En definitiva, muchos recuerdos que justifican sentir nostalgia por ese lugar en sus últimos días.

The Bookworm deja no obstante sucursales en Chengdu y en Suzhou, y cierta esperanza en que quizá consiga reabrir en otro lugar de Pekín en un futuro que esperemos no sea muy lejano. Ojalá sea así, y puedan pronto seguir llegando grandes escritores a su sala de reuniones. Porque en un mundo en el que cada vez leemos menos, y en una China donde cada vez es más difícil expresarse libremente, siguen haciendo falta ratones de biblioteca.

4 Comentarios

  1. Un gran post ChinoChano, hace dos años que no voy por Pekín y tengo epndiente una visita para poder ver cómo ha cambiado. Que el bookworm cierre es una noticia mala, tenía un toque bohemio muy de Pekín. Sin venir a cuento me ha recordado a cuando derribaron el edificio de BLCU donde estaba la cafetería (si se puede llamar así) El Sauce, con sus sillas y mesas hechas polvo y grandes ventanales a donde iba yo a estudiar tras comerme el disanxian gaifan en la cantina… un Pekín que cada vez me alegro más de haber vivido… esperemos que el nuevo Bookworm conserve su esencia.

    • Pues no recuerdo yo esa cafetería, aunque lo cierto es que yo estudié en BLCU hace ya la friolera de 15 años y puede estar totalmente cambiada. En cualquier caso, el mundo está en constante cambio, y las personas tendemos a sentir apego al pasado, así que es comprensible que nos dé pena el final de todas estas cosas. En el caso de Bookworm, más todavía sabiendo que no hay alternativa.

      • El Sauce estaba en uno de los edificios viejos, si mal no recuerdo en el mismo edificio donde se encontraba el también muy mítico BlaBla, en la segunda planta contigua a un restaurante coreano…. qué tiempos

        • ah pues me imagino que sería en una zona de bares y restaurantes pequeños que había cerca de la puerta sur… allí recuerdo haber comido muy bien en un restaurante uigur, qué buena estaba la comida allí

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