Uigures en Guantánamo

Estos días en los que se aproxima el 20 aniversario del infame 11-S, una efeméride reforzada por el regreso actual de los talibanes al poder afgano, voy a hablar de un asunto complicado, porque la poca información que de él hay está muy fragmentada y fundamentalmente apareció en los pocos diarios que se dignaron a prestarle algo de atención al tema: los uigures (etnia musulmana del noroeste de China) que estuvieron detenidos en la prisión militar estadounidense de Guantánamo durante la famosa «guerra contra el terror».

Que se sepa, hubo 22 uigures en la base de Guantánamo: se supone que fueron hechos prisioneros en la rápida guerra con la que EEUU acabó -bueno, ahora sabemos que no del todo- con el régimen talibán en 2001 como contraataque al 11-S. Algunos de ellos se cree que estaban en las famosas cuevas de Tora Bora, donde las guerrillas talibanes se hicieron fuertes un poco más de tiempo.

Estos uigures habían llegado a Afganistán, según la versión militar estadounidense, atraídos por la idea de una yihad contra Occidente, encarnada en campos de entrenamiento para terroristas organizados por Al Qaeda y protegidos por el gobierno talibán hasta que el 11-S le hinchó las narices a Washington.

En Guantánamo sufrirían muchos de los abusos que otros han denunciado durante años: aislamiento, privación de sueño… además, apenas interactuaban con el resto de internos, al no hablar árabe ni pashtún, las lenguas más usadas entre los presos.

China, como os podéis imaginar, no protestó por el trato a estos ciudadanos de su país en Guantánamo, e incluso se cree que EEUU llevó a cabo estas detenciones para anotarse un punto hacia Pekín y contar con el apoyo chino en aquella «guerra contra el terror». Hasta hay medios que aseguran que oficiales chinos visitaron Guantánamo y colaboraron en los interrogatorios de estos uigures, pero el secretismo en esa base era tal que no es fácil demostrarlo.

Al cabo de pocos años, las críticas al trato de los prisioneros de guerra en Guantánamo (sin ningún respeto a las Convenciones de Ginebra) y la acción de juristas hizo que estos uigures, como otros detenidos, poco a poco fueran liberados al considerarse que no eran «combatientes enemigos», o que durante la detención irregular ya habían cumplido cierta condena.

Protesta junto a la Casa Blanca.

El problema que se presentaba entonces era que la Justicia estadounidense no contempla en principio las extradiciones a China, por entender que es un país donde no hay garantías judiciales y los uigures podrían sufrir abusos al llegar allí (en realidad deberíamos decir MÁS abusos, porque EEUU tampoco los había tratado demasiado bien). Los uigures detenidos no tenían muchas ganas de regresar a China, todo sea dicho.

Comenzó entonces un largo proceso de negociaciones con terceros países para ver quién aceptaba la «patata caliente» de aceptar a estos 22 uigures, que acabaron dispersos, virtualmente, por todo el planeta.

Los primeros en ser liberados fueron cinco uigures que Albania aceptó acoger en el país en 2006. En las entrevistas que dieron en la nación balcánica tras pasar un tiempo en ella, admitieron que no se habían adaptado demasiado bien y se sentían bastante decepcionados con el trato que les había dado EEUU, primero maltratándolos y luego llevándolos a ese rincón «perdido». El que era como líder de ese grupo, Abu Bakker Qassim, se hizo pizzero en un restaurante halal albanés, y poniendo pizzas en el horno fue retratado por la BBC.

El primer proceso de los uigures de Guantánamo para salir de la base cubana llevó su nombre: «Qassim vs Bush».

En 2009, tres años después, un archipiélago perdido en el Pacífico, Palau, aceptó a otros seis uigures de Guantánamo. La prensa apunta a que a cambio de ello EEUU dio mucho dinero secretamente al país de Oceanía, y que el presidente palauense aún se benefició más del trato acogiendo a estos uigures en casas de sus familiares. Aunque seguramente Palau es un paraíso con playas de ensueño, estos seis uigures no se adaptaron tampoco demasiado bien a la vida de allí, y acabaron trabajando mayormente de guardias de seguridad nocturnos, un trabajo con el que evitaban interactuar con la gente del lugar. Para colmo, un hijo de uno de estos uigures murió allí de un desgraciado accidente (cayó de un balcón), por lo que la estancia enmedio del Pacífico fue muy aciaga para este segundo grupo.

Tres de estos uigures, sobre cáscaras de cocos en la playa.

Similar destino, aunque no tan alejado, tuvieron otros cuatro uigures, que ese mismo año 2009 fueron a las Bermudas británicas, las del famoso triángulo que todo lo hace desaparecer. No parece que estuvieran tan a disgusto, aunque en el Reino Unido hubo algo de polémica por el hecho de permitir su llegada.

Los cuatro uigures en el campo de golf donde al parecer trabajaron. Detalle tonto: dos de ellos llevan bermudas, o algo parecido.

Del resto se sabe menos, quizá porque la atención sobre esta cuestión fue bajando en EEUU (ahora tocaba centarse en la sagrada bondad de Obama) y también en China, aunque Pekín nunca dejó de protestar y pedir que los uigures fueran llevados a su territorio. Dos uigures más acabarían en Suiza en 2010 (los acogieron en el cantón de Jura, uno de los más pequeños y «remotos»), otros dos en El Salvador en 2012, y los tres últimos en salir de Guantánamo, ya en 2013 y tras más de una década detenidos, acabaron en Eslovaquia.

Posiblemente muchos de estos 22 uigures ya no están en los países mencionados y han podido finalmente ir a lugares donde hay importantes comunidades de su etnia (Turquía, Alemania, Suecia, ¿la propia EEUU?).

Su caso es quizá no tan conocido como otros, no son el mauritano del que hace poco se hizo una muy buena película, pero son un testimonio más de un tiempo oscuro que, traguemos saliva, igual regresa cual talibán pacientemente agazapado.

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