Un hecho para la Historia
que hace 20 años pasó inadvertido

Tal día como hoy de hace 20 años, China ingresaba en la Organización Mundial del Comercio (OMC). El acta de ingreso la había firmado un mes antes en Doha (donde comenzó la famosa y por ahora infructuosa Ronda de Doha de negociaciones comerciales), pero la entrada en vigor era un mes después. A China le había costado 15 años de arduas negociaciones entrar, y era uno de los puntos culminantes de la política de apertura económica trazada por Deng Xiaoping, quien murió en 1997,  sin poder ver a China en la OMC.

Este ingreso pasó bastante inadvertido en un mundo entonces aún traumatizado por el 11-S. Yo ya estaba entonces en Pekín, y no recuerdo que se celebrara excesivamente el asunto, aunque he de decir que estaba recién llegado, así que algún fasto se me pudo pasar por alto. Sea como sea, ese ingreso trajo cambios en el planeta quizá incluso mayores que los del 11-S, y su onda expansiva se siente todavía hoy.

Para China, entrar en la OMC supuso la reducción de barreras arancelarias y otros obstáculos para que sus productos pudieran llegar a todos los mercados. En consecuencia, los productos «todo a cien» de China comenzaron a llegar a gran escala a Occidente. Del «made in Hong Kong» presente en todas partes se pasó al «made in China». La exportación de bienes de consumo se convirtió en el gran motor económico de una China que en 2001 era la sexta economía mundial pero que en esa misma década iría adelantando a Francia, a Italia, a Alemania. China se consolidaría como la «fábrica del mundo», y nacían ciudades enteras del país dedicadas a fabricar determinados productos para el resto del planeta: ciudades chinas de nombres desconocidos para nosotros donde se fabricaron buena parte de los zapatos, los pantalones vaqueros, los bolsos que hemos comprado en dos décadas. En 2010 el PIB chino superaba al de Japón y ya era la segunda economía mundial. Hoy en día la pregunta es cuándo superará a Estados Unidos y se convertirá en la primera, tras más de un siglo de liderazgo económico estadounidense.

Esto, obviamente, no tuvo sólo efectos en China. Pekín siempre insiste en que su crecimiento no es un «juego de suma cero», que para crecer ella no tienen que decrecer los demás, pero indudablemente su ascenso, siendo un país tan enorme, tiene consecuencias que exigen una readaptación de otros mercados no siempre sencilla. Para los consumidores del mundo, acceder a mercancías chinas más baratas que las que compraban entonces fue positivo, pero no tanto para los productores. Muchos sectores industriales enteros sucumbieron por no poder competir con los productos chinos: en España, recuerdo que en aquellos años se derrumbaban industrias tradicionales y prestigiosas como la de los zapatos o la de los juguetes (que aún existen pero no son lo que eran antes).

El rápido crecimiento económico de China, unido a su impacto en Occidente, alteró las finanzas mundiales, contribuyendo a la caída de tipos de interés que alimentó la burbuja inmobiliaria de la primera década de este siglo, explotando en la crisis financiera de 2008. Crisis que ha tenido consecuencias políticas claras, por el descontento de las clases que perdieron trabajos, viviendas, calidad de vida en aquel seísmo: 15-M, Occupy Wall Street, auge de los populismos, de los nacionalismos, Trump, brexit… nada de esto es «culpa de China», pero indudablemente, influyó mucho en todo el radical reordenamiento económico que conllevó su entrada en la OMC y por ende en las grandes redes del comercio mundial.

Post data off topic: en los últimos días ha habido dos importantes noticias que atañen a China: la decisión de Estados Unidos y otros países anglosajones de boicotear diplomáticamente los JJOO de Pekín 2022, y la de la WTA de cancelar todos los torneos de tenis femenino en China el próximo año, a causa del affaire Peng Shuai. Mi opinión ante ambos hechos es la misma: son gestos de cara a la galería sin importancia alguna para el deporte.

El boicot diplomático consistirá en que no habrá altos cargos de los países boicoteadores en la inauguración de los JJOO: pues mira, eso que se ahorrarán los contribuyentes. Nunca me gustaron los boicots deportivos, pero si son de este tipo, puedo tolerarlos. En cuanto a los torneos de tenis femenino en China, teniendo en cuenta lo cerrado que está el país al exterior por la pandemia, seguramente no iba a haber ninguno en 2022 (ya en 2021 estuvieron todos cancelados). Habrá que esperar a 2023 para ver si esa cancelación continúa o si la pandemia ha terminado o no, que visto lo visto no es algo que podamos asegurar.

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