Un Marco Polo español

No sé cómo fue posible, pero en casi dos décadas interesado por temas asiáticos no había oído hablar nunca de un personaje tan fascinante como es Ruy González de Clavijo, el noble castellano que a principios del siglo XV, antes de que se descubriera América, fue nada menos que hasta la mítica Samarcanda, en lo que hoy es Uzbekistán, para ser recibido por Tamerlán, el último gran conquistador de los mongoles. Quien me contó esta historia fue el gran podcast Memorias de un Tambor, que recomiendo a todos los interesados en la Historia de España, y que dedicó su segundo capítulo, hace ya algunos años, a este singular personaje. Yo contaré aquí de forma resumida lo que se relata en ese podcast, pero si queréis saber más de este curioso viaje, os recomiendo que lo oigáis por vosotros mismos.

González de Clavijo era camarero (jefe de la cámara real, no es que sirviera cervezas) en la corte del rey Enrique III de Castilla, el abuelo de Isabel la Católica. En aquel entonces Castilla se estaba ya pudiendo relajar un poco de las guerras de reconquista (aún quedaba casi un siglo del Reino de Granada, pero Al Ándalus ya había dejado de ser la principal potencia militar en la península) y con ello ya tenía las manos más libres para tener algo de política internacional: de esta época es, por ejemplo, la conquista castellana de las islas Canarias.

Como parte de esta política exterior en ciernes, Enrique III decidió mandar una misión diplomática al ya muy pujante Imperio Otomano, que ya estaba empezando a ocupar tierras en Europa (aunque no conquistaría Constantinopla hasta 1453) y empezaba a ser una potencia que temer y con la que el rey castellano creyó que debía negociar. En particular, Castilla temía que los otomanos dieran su apoyo al Reino de Granada, aprovechando la fe musulmana de ambos territorios, y pusieran con ello un pie en la península Ibérica.

Mando Enrique III por ello embajadores a ver al emperador otomano, pero, casualidades de la vida, cuando la misión diplomática estaba en lo que hoy es la actual Turquía para negociar, ocurrió un hecho inesperado: otro imperio naciente, el del caudillo mongol Tamerán (también conocido como Timur) entró en los dominios otomanos y derrotó al ejército de este imperio en la batalla de Ankara. Los castellanos entendieron entonces que el reino de Tamerlán, lo que conocemos como Imperio Timúrida,  podía ser un valioso aliado para contrarrestar el poderío otomano, y decidieron entrar en contacto con él, aprovechando que estaban cerca. Como resultado, Castilla y el Imperio Timúrida, dos entidades aparentemente remotísimas una de otra, van a iniciar conversaciones diplomáticas y Tamerlán acabó invitando a una misión castellana a visitar su corte, en Samarcanda.

Estatua de Tamerlán junto a las ruinas de su antiguo palacio, en la ciudad uzbeca.

Tamerlán, que no se sabe muy bien si era o no descendiente directo de Gengis Khan pero lo que es seguro es que heredó sus ambiciones territoriales, fundó y gobernó un enorme reino que abarcaba lo que hoy serían Irán, Iraq, Afganistán, Pakistán y buena parte del Asia Central. Él mismo fijó la capital en Samarcanda, una ciudad comercial clave ya desde siglos anteriores en la Ruta de la Seda que él embelleció con grandiosos monumentos. Su gran sueño era reconquistar China, que los mongoles habían perdido en 1368 con las rebeliones locales que instauraron la dinastía Ming, pero de eso hablaré más adelante.

Extensión máxima del imperio timúrida.

Establecidos los primeros contactos, Enrique III decide en efecto mandar una misión a Samarcanda, que estará encabezada por nuestro protagonista de hoy, González de Clavijo, un noble nacido en Madrid (que entonces era una pequeña localidad castellana a la que le faltaba mucho para convertirse en capital). Le acompañan algo más de una docena de personas, entre ellos un religioso (fray Alonso Páez de Santamaría) y un soldado llamado Gómez de Salazar, que moriría a mitad del largo viaje de 15.000 kilómetros que les tocaría hacer. También les acompañaban varios halcones de cetrería, que llevaron enjaulados para regalar a Tamerlán.

Itinerario del viaje de ida y vuelta de González de Clavijo.

La misión castellana partió del Puerto de Santa María en mayo de 1403, y no llegaría a la corte de Samarcanda hasta casi año y medio después, en septiembre de 1404. Navegando siempre muy pegados a la costa, que entonces adentrarse en alta mar era peligroso, bordearon Italia, Grecia, después llegaron a Constantinopla, entonces aún capital bizantina, y de ahí consiguieron, tras meses de espera en ls puertas del Bósforo, que un barco les llevara a Trebisonda, en el otro extremo del Mar Negro y ciudad que como Samarcanda tiene un nombre casi mágico. Allí empezaron un largo, caluroso y penoso viaje por tierras de Armenia y Persia (allí murió Salazar) hasta finalmente llegar a Samarcanda.

Pintura moderna que recrea el encuentro de González de Clavijo con Tamerlán, que puede admirarse en el observatorio astronómico que hay en Samarcanda.

La misión, todo hay que decirlo, no fue demasiado exitosa, porque cuando los castellanos llegaron a Samarcanda Tamerlán estaba ya muy absorbido por sus planes de conquistar China en el Oriente y no tenía tiempo para lejanos reinos de Occidente. Con cerca de 70 años, el rey mongol se veía ya con poco tiempo de vida, y quería culminar fuera como fuera su gran objetivo de recuperar China para los mongoles antes de morir. Aunque recibió con banquetes, parabienes y grandes fastos a los castellanos, no debió de tener conversaciones políticas muy sustanciosas con ellos, y llegó un momento en el que les dijo que se tenían que marchar, porque él tenía otros menesteres que acometer. Cuando la misión castellana estaba regresando, y aún no habían salido de los dominios de Tamerán, les llegó la noticia de que éste había muerto a las puertas de la frontera con el imperio chino, hacia el que había partido con sus huestes con el fin de recuperarlo para los mongoles. Los castellanos siguieron su camino temerosos de que la muerte del rey volviera su imperio caótico y peligroso para ellos, pero al final pudieron regresar sanos y salvos a Castilla, a la que llegaron en marzo de 1406, casi tres años después de iniciar la gran travesía.

El viajero madrileño hizo un relato de su espectacular viaje llamado «Historia del Gran Tamorlan, e itinerario y enarracion del viage, y relacion de la embajada que Ruy Gonzalez de Clavijo le hizo por mandado del rey Don Henrique el tercero de Castilla». Aunque el estilo de escribir es un poco complicado para nuestros ojos actuales, podéis leerlo entero aquí. El libro es uno de los relatos de viajes más importantes de la Edad Media, y en ese sentido es comparable al famosísimo Libro de las Maravillas de Marco Polo. De hecho, tienen cierto parecido estilístico: los dos autores son minuciosos al relatar cada escala del viaje y casi se comportan como contables en su enumeración repetitiva de datos, aunque González de Clavijo se inclina más por hablar de cientos de batallas, reyes y hechos históricos y Marco Polo, como buen comerciante, prefiere enumerar los productos que se venden en cada sitio.

Es por todo ello que podríamos considerar a González de Clavijo un «Marco Polo español», teniendo en cuenta además que ambos fueron recibidos por monarcas mongoles (Marco Polo, más de un siglo antes, estuvo en la corte de Kublai Khan). Cierto es que el veneciano llegó más lejos geográficamente hablando que el madrileño, y se quedó mucho más tiempo en Asia, pero bueno, recordemos también que sigue habiendo dudas razonables sobre si lo que Polo escribió lo había visto directamente o lo contó de oídas.

Por cierto, que en la crónica de González de Clavijo aparece mencionada la Pekín que 130 años atrás habría visitado Marco Polo, conocida entonces como Cambaluc (él la llama Cambalec). Se dice en el texto el siguiente dato, aún importante si tenéis pensado un día caminar desde Uzbekistán hasta China:

Y desde la ciudad de Samarcante hasta la ciudad mayor del Catay, que llaman Cambalec, que es la mayor ciudad que en todo el Imperio hay, ha seis meses de andadura.

El madrileño también contó en su crónica que durante su estancia en Samarcanda ya vio que Tamerlán trataba con desprecio a los chinos (relató que a los embajadores del emperador Ming Tamerlán los colocaba en asientos más bajos que los de los propios castellanos, con el fin de mostrar sus preferencias). González de Clavijo ya se debió oler que los mongoles intentarían la reconquista de China, con poco éxito.

De González de Clavijo, como de tantos personajes españoles interesantes, hay muy pocos recuerdos en la España actual, aunque alguno queda. En Madrid, además de tener una calle a su nombre cerca del Manzanares, se le conmemora en una placa que recuerda el sitio donde vivió, y de paso se menciona su gran viaje.

Y en Samarcanda, algunos viajeros españoles han mandado fotos de una presunta calle Gonsales de Klavixo, e incluso se dice que en esa ciudad de bello nombre hay un barrio llamado «Modrit» en homenaje al lugar de nacimiento de aquel embajador castellano. Tengo que decir, sin embargo, que no he encontrado ni la calle ni el barrio en Google Maps: habrá que ir un día a Samarcanda para cerciorarse.

ACTUALIZACIÓN (13/5/2021): En los comentarios, J nos cuenta un dato muy curioso: una de las bases militares que España tuvo en Afganistán en años pasados fue bautizada con el nombre de González de Clavijo.

La ya tristemente fallecida Carme Chacón, entonces ministra de Defensa, fue la encargada de inaugurarla.

En esta web se cuenta lo que ponía en la puerta de entrada de esta base, que me imagino que ya no existirá, porque si no me equivoco las tropas españolas ya se retiraron de Afganistán:

 «Hace 600 años, Ruy González de Clavijo, embajador del  Reino de Castilla, atravesó estas honorables tierras de Afganistán y estableció contacto con sus habitantes en búsqueda de espacios de encuentro y fórmulas de cooperación en su viaje hacia Samarcanda. González de Clavijo favoreció el intercambio comercial y el conocimiento impulsando el acercamiento de culturas, el desarrollo y el progreso del pueblo español y afgano”.

5 Comentarios

  1. Gracias por el artículo y por el podcast, que no conocía y ya me he abonado a él!
    «Memorias de un tambor» tiene uno también de España en la guerra de Conchinchina.

    • Es muy buen podcast, a veces se pasa meses sin publicar nada pero cuando lo hace siempre mola, con un estilo muy personal. Me parto cuando dice, en las pausas del programa, lo que se acaba de merendar.

  2. Parece que ciertamente existe una barrio llamado Modrit y ha aparecido en varios programas de televisión, pero que se deba a Madrid creo que no está claro. Nunca he visto la referencia a la crónica o fuente original donde se afirme tal cosa. Tampoco se menciona en la crónica del viaje. En cualquier caso, al menos Clavijo retornó a la región cuando España bautizó con su nombre en 2010 la base en Qala-i-Naw (Afganistán)

    https://pazyconflicto.wordpress.com/2010/07/19/isaf-distribuye-la-foto-de-chacon-inaugurando-la-nueva-base-militar-espanola-de-qala-i-naw/

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