Un mundo en decadencia

El pasado fin de semana visité un lugar de Pekín que llevaba años queriendo visitar, pero que al estar bastante en las afueras siempre me daba algo de pereza. Se trata del World Park (Shijie Gongyuan), un parque en el suroeste de la ciudad que recrea famosos monumentos de todo el mundo a escala.

San Pedrito de Roma.

Este parque se abrió en 1993 con el objetivo declarado de que los pequineses pudieran conocer el mundo sin necesidad de salir de su ciudad. Eran otros tiempos, los chinos apenas tenían días festivos ni dinero para gastos superfluos, y no era mala idea entonces.

Ventajas de estas pirámides sobre las de Giza: los cazaturistas egipcios no te torturan con sus timos.

25 años después de su inauguración, el parque ha quedado más bien como un lugar de recreo para llevar a los niños, porque los adultos pequineses a los que les gusta viajar ya han hecho sus tours de rigor por EEUU, Europa o el sureste asiático. El parque ya no debe recibir demasiados visitantes, su mantenimiento no debe andar muy allá, y bastantes monumentos presentan roturas.

Ya, ya, ésta es así de inclinada también en el original, sé que no es un ejemplo de mal mantenimiento.

Reconozco que fui un poco por reírme del parque, para ver si era tan cutre como lo imaginaba, pero en el fondo yo me contento con poco y no me pareció tan mal. Lo que sí era de traca eran los carteles en inglés de los monumentos, muchos de ellos escritos en chinglish de libro y en los que se contaban locuras como que una pirámide azteca estaba dedicada al dios Apolo, que la basílica de Santa Sofía en Estambul la había mandado construir un emperador romano llamado Charles Ting, o que el Vaticano tiene el mayor iglú del mundo (debía referirse a la cúpula de la basílica). Al Maneken Pis de Bruselas algunos carteles lo llaman “el Niño de la Orina”, al Coliseo “la Arena de Roma” o a la Catedral de San Basilio “la catedral Tverskaya” (nombre de una de las principales calles de Moscú).

La gran obra de Charles Ting.

El lugar más que en el espacio te hace viajar imaginariamente en el tiempo, porque todo parece salido de una época preinternetera. Un ejemplo de ello, aunque no sea un monumento en miniatura, es que el parque tiene en su interior el avión de Air China en el que viajaba en los años 80 el camarada Deng Xiaoping, que en los tiempos en que se abrió el parque era todo un dios para los chinos, pero hoy es sólo un antecesor más del semidivinizado Xi Jinping.

Se puede subir (pagando 10 yuanes) y los turistas se pueden vestir como azafatas y pilotos, como mandan los cánones en los lugares turísticos chinos.

Otra muestra de decaimiento es el uso de animales para divertir a los turistas, desde carrozas tiradas por caballos engalanados a elefantes para tristes espectáculos circenses o cabras atadas a cordeles a las que das de comer zanahorias en la parte africana del parque. No soy especialmente animalista, pero sobre todo lo de los elefantes era deprimente.

De todos modos, no me pareció un lugar sórdido ni desagradable, en realidad si estuviera un poco más cuidado y tuviera mejor promoción podría rescatarse del olvido y volver a ser la ventana al mundo que un día fue.

La Casa Blanca y una aprendiz de Melania Trump posando muy fashion.

Además, me gustaron mucho algunas reproducciones de monumentos del mundo antiguo que ya no podemos ver en la actualidad, como el Faro de Alejandría o el Caballo de Troya, o que sólo podemos ver parcialmente reconstruidas, como el palacio de Persépolis o la puerta de Babilonia.

La puerta de Babilonia y al fondo el Taj Mahal, qué gran e imposible combinación.

Llama la atención en el parque la gran diferencia de calidad entre algunos monumentos en escala y otros: los hay que están perfectamente copiados, con un gran realismo y extremada atención al detalle, como la Plaza Roja de Moscú, Notre Dame de París o el Capitolio de Washington…

… y en cambio hay otros que dan verdadero repeluzno, como el Parlamento de Londres con su Big Ben o la isla de Manhattan.

Admiren en todo caso el detalle de la camisa puesta a tender en la sede de la política británica.
Y aquí tengan en cuenta el detalle de que las Torres Gemelas siguen en pie, pues en 1993, cuando se abrió el parque, nadie imaginaba qué iba a pasar con ellas.

El parque, por otro lado, atrae como muchos otros lugares pintorescos de China a decenas de parejas vestidas de boda para hacerse fotos conmemorativas de su enlace. Los monumentos de la romántica París parecen ser los más solicitados por este tipo de visitantes.

El parque tiene pequeños estanques y canales, como le gusta a los chinos que haya en toda zona verde visitable, lo que ayuda a recrear varios puentes famosos del mundo, desde el Tower Bridge de Londres al Golden Gate de San Francisco, el puente que une Europa y Asia sobre el Bósforo o el Harbour Bridge de Sydney, al que no le falta de fondo la famosa Ópera australiana, como en el original.

Pero superando al original, más al fondo están los moais de la Isla de Pascua, y junto a todo ello hay carpas rojas gordas en busca de migas de pan de los visitantes.

World Park: un lugar curioso para visitar en un fin de semana tonto como el que tuve yo, sin tomárselo demasiado en serio pero tampoco con excesivo ánimo de burla, porque en el fondo no es tan hortera y a sus creadores hay que reconocerles una buena intención. Mención especial merece la entrada del parque, con unas puertas en forma de castillo gótico y un espectacular jardín con escalinatas versallesco en el que florecen los tulipanes de plástico.

Este parque tan freak mereció la atención de uno de los más famosos directores de cine chinos, Jia Zhangke, que le dedicó una película entera llamada precisamente “El Mundo”, como el diario que fundó Pedro Jota. No la he visto, porque el bueno de Jia me ha aburrido soberanamente en los dos filmes suyos que me he tragado, pero quizá viéndola vosotros podáis viajar al World Park sin necesidad de ir a él, de la misma manera que el lugar fue concebido para tener que viajar menos.

PD: Se me olvidó decir -me lo han recordado en el Grupo de Facebook- que en el parque no hay ningún monumento español. Y de Latinoamérica, que yo recuerde, sólo la pirámide “de Apolo” y los moais de la Isla de Pascua.

2 Comentarios

  1. Me recordó que en la Expo Shanghai 2010, todos los chinos querían tener su pasaporte sellado de cada uno de los países, porque era una forma de visitar aquellos lugares.

    • Todos los chinos… y yo, que conservo aquel pasaporte con más de 100 sellos (ayudó que con el pase de prensa me libraba de las colas).

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