Un país, dos aceras

La semana pasada, en los extensos posts con ocasión del 25 aniversario de la masacre de Tiananmen, mencioné la Operación Pájaro Amarillo, organizada por activistas de Hong Kong para sacar de China a algunos de los líderes de las protestas estudiantiles de 1989. Comenté que muchos de ellos pasaron de China a Hong Kong (en aquel entonces aún británica) navegando en barcos que en muchos casos también eran usados para el contrabando.

Lo que no conté entonces es que un pequeño grupo de esos estudiantes en fuga, probablemente menos de una decena, no escogió ese método para salir de China, sino otro igual de arriesgado: la calle Zhongying (Zhongying Jie), que creo que merece un capítulo aparte en este blog, separado de todo el aniversario que dominó la bitácora la semana pasada.

La calle Zhongying (Chungying en cantonés)es una calle no muy larga, ni muy ancha, ni muy bonita, pero que presenta una curiosa particularidad: forma parte de la frontera entre China y Hong Kong (que hasta 1997 era una frontera entre China y Reino Unido), de manera que una acera, la oriental, es territorio chino (parte de la ciudad de Shenzhen), mientras que la occidental es territorio de Hong Kong.

Aunque la ex colonia ya lleva 18 años bajo soberanía china, debido al principio de «un país, dos sistemas», China y Hong Kong siguen aún separadas por una frontera de facto, y la calle sigue formando parte de ella. La calle Zhongying (中英街) se traduciría como «calle anglo-china», donde Zhong (中) viene de Zhongguo (中国), es decir, «China», y Ying (英) viene de Yingguo (英国), «Reino Unido».

En esta foto creo que China está a la izquierda y Hong Kong a la derecha.

Durante los años 80 y 90 la calle era una de las ventanas de los chinos al mundo occidental, al capitalismo que les aguardaba. Se convirtió en un lugar donde los turistas chinos iban a comprar productos made in Hong Kong «duty free», aunque poco a poco la calle fue dominada por uno de los establecimientos favoritos de los comerciantes chinos, las tiendas de oro.

Policías hongkoneses (izquierda) y chinos (derecha) patrullan las calles en los años 80.
Turistas chinos de compras en la calle, también por esas fechas.

En 1989, cuando ocurrieron en Pekín y otras ciudades chinas los tristes acontecimientos que recordábamos la semana pasada, algunos fugitivos consiguieron llegar a esa calle aparentando ser simples turistas. Mientras miraban escaparates, pedían permiso a algún tendero de la acera hongkonesa ir al baño de la trastienda: una vez en los servicios, si éstos tenían ventana se escapaban por ella y corrían hasta la comisaría de la parte británica más próxima, donde contaban que huían de China y pedían refugio político, cosa que siempre les fue otorgada. Así lo contaba recientemente el diario South China Morning Post en un muy interesante artículo dedicado recientemente a la Operación Pájaro Amarillo.

Revueltas estudiantiles aparte, la calle perdió con los años su atractivo para los turistas chinos, por la cada vez mayor facilidad para entrar en el resto de Hong Kong y seguramente también por la progresiva proliferación de tiendas de todo tipo en Shenzhen y en el resto de China.

Actualmente, la calle sigue siendo una interesante anomalía en el siempre curioso mundo de las fronteras, aunque no es muy fácil pasear por ella: por lo que me ha parecido leer, hace falta un permiso especial para caminar por sus aceras, y en general ese permiso está sólo reservado a chinos o a hongkoneses, no a ciudadanos de otros lugares. Pese a estas trabas, hay iniciativas para recuperar la calle Zhongying como atractivo turístico, entre ellas la construcción de un museo. No sé si en el museo se mostrará, aunque sería bonito verlo, la ventana o ventanas por la que media docena de estudiantes chinos huyeron al mundo libre.

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