Un rincón chino en el corazón del comercio mundial

Ginebra es un lugar muy cosmopolita, como no podía ser menos para una ciudad que acoge a decenas de organismos internacionales. La cultura china, por tanto, también tiene su lugar en ella, y concretamente el país oriental ha logrado, con mucha insistencia, hacerse un sitio en un lugar muy simbólico: la sede de la Organización Mundial del Comercio.

Dicha sede se encuentra a orillas del lago Lemán, el “mar” de Ginebra, y es un edificio como veis bastante sobrio, con gris granito y líneas muy rectas que lo asemejan a un palacio renacentista italiano. El recinto es importante históricamente porque antes de ser la sede de la OMC lo fue de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que este año cumple 100 años y fue el primer gran organismo internacional que fijó su sede en Ginebra, por lo que con él comenzó para la ciudad suiza su papel de corazón de la diplomacia mundial.

A pocos metros de la entrada de este edificio, se sitúa algo completamente distinto y que contrasta mucho con la seriedad del lugar: un pequeño jardín de estilo chino, con sus puertas y ventanas de formas extrañas, que fotografié en medio de una nevada, por lo que sus blancas paredes hacían juego con el paisaje de ese día:

La presencia de este jardín no es baladí (me encanta la palabra baladí). Fue inaugurado en 2012 con financiación del Gobierno chino, que sugirió (insistió, dicen algunas malas lenguas) en que un jardín de líneas orientales adornara los alrededores de la OMC. El jardín no parece ser de acceso público, ya que para entrar al recinto del organismo internacional hay que pasar por un control de seguridad, pero se puede ver desde la calle.

No es extraño que China pusiera tanto empeño por poner “una pica en Flandes”, o más bien un jardín en Ginebra. Para los chinos, su ingreso en la OMC en 2001 fue el espaldarazo definitivo a su economía, y el comienzo de un siglo en el que iría escalando puestos en el ranking de economías mundiales hasta ser ahora casi la primera, cuando en aquel entonces era apenas la séptima. Además, los chinos son desde hace siglos unos comerciantes natos, por lo que querían aportar su grano de arena a la sede mundial de los intercambios, aunque sea simbólica.

Actualmente la OMC atraviesa cierta crisis, porque los Estados Unidos  de Trump, cómo no, cada vez se resisten más a pasar por su aro, y amenazan con desentenderse de su papel de árbitro del comercio mundial, como han hecho en tantos otros foros internacionales desde que el loco del pelo naranja llegó a la Casa Blanca.

Pase lo que pase con la OMC, los chinos por lo menos podrán sentirse allí como en su casa paseando por los jardines de Gusu, que así se llaman, y que están modelados al modo de los jardines de Suzhou (de hecho creo que “gusu” es una forma abreviada de decir “al modo de Suzhou”).

¡Sé el primero en comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.