Un virus en Wuhan

La actualidad manda, así que no me queda más remedio que hablar hoy del nuevo coronavirus que ha surgido en China, concretamente en la ciudad central de Wuhan, y que está empezando a preocupar a toda la comunidad global por su rápida expansión y porque en algunos casos está siendo mortal. Ya empezaron a circular noticias a principios de este mes, pero preferí no hablar de ello entonces para no contribuir a las alarmas que en estos casos suelen darse, pero en vista de cómo está evolucionando la cosa, creo que no podemos obviarlo.

Un coronavirus es un tipo de virus que suele afectar a las vías respiratorias, se sospecha que tiene origen animal y de allí se contagia al ser humano, y esta tipología vírica todavía causa muchas interrogantes a la comunidad médica mundial en torno a sus causas, su estructura y su posible tratamiento . En años recientes ha habido otros dos brotes de coronavirus muy sonados: el famoso SARS, que también comenzó en China y me pilló a mí en ese país (años 2002-2003) y el MERS, que afectó sobre todo a Oriente Medio.

Los orígenes de estas epidemias nunca se hallan del todo, pero en el caso del SARS, que nació en la provincia sureña de Cantón, todo apuntaba a que comenzó por el consumo de un animal llamado civeta (parecido a un tejón), mientras que del MERS algunos dicen que se desarrolló inicialmente en los camellos y se pudo transmitir por contacto cercano de ellos o incluso por comer su carne. El actual virus, que por ahora se está conociendo como «neumonía de Wuhan» o «coronavirus de Wuhan», se originó en un mercado en principio de pescado y marisco (imagino que sobre todo fluvial, porque Wuhan está a orillas del Yangtsé), pero el periodista Zigor Aldama decía el otro día en su Twitter de que allí también se vendía carne de especies tales como lobo o zorro. Consejo número uno, por tanto: no comer cosas raras.

Los primeros casos de este coronavirus en humanos han surgido en invierno, lo cual normalmente ayuda a que este tipo de epidemias no se propague rápidamente porque la gente sale menos de casa, pero China tiene la «maldición» de que justo en los meses con más posibilidad de gripes y cosas peores se produce su mayor éxodo de población anual, propiciado por el Año Nuevo Chino, en el que cientos de millones de personas viajan en tren, avión o autobús por todo el país para celebrar esta festividad junto a sus familias. Este año cae el 25 de enero, este sábado, las estaciones de tren ya estarán atiborradas de gente, y en vagones y cabinas de avión los virus están en el paraíso, saltando de napia en napia.

Esto ha hecho que China tomara ayer la drástica y un poco escalofriante decisión, pero quizá necesaria, de prácticamente aislar Wuhan del exterior, cerrando su aeropuerto, sus estaciones de tren, y parando sus transportes públicos, desde sus autobuses y su metro a los ferries que cruzan el río Yangtsé. Parálisis total de una ciudad que no es precisamente pequeña: aunque en España no se conozca apenas, es una de las más grandes de China, con unos 10 millones de habitantes, un centro de transportes vital por estar en el cruce de caminos de Pekín, Cantón y Shanghái y ser una de las mayores ciudades del Yangtsé. Algunos quizá recuerden que la selección española jugó allí algunos de los partidos del Mundial que tan brillantemente ganó. El bloqueo a Wuhan, por cierto, ha «atrapado» a periodistas que habían ido allí para cubrir la epidemia, entre ellos reporteros españoles.

A nivel personal, estoy siguiendo con interés esta epidemia, no sólo por la obvia razón de haber vivido e informado en China (y estuve en Wuhan, además por estas fechas invernales, allá por 2013), sino porque al currar ahora en Ginebra, donde tiene su sede la Organización Mundial de la Salud, también hay desde aquí información sobre el asunto, y además se debate ahora mismo en la OMS si declarar o no una emergencia internacional por el brote, lo que supondría poner en marcha medidas especiales de prevención en todo el mundo (campañas de información a la población general, puesta en marcha de protocolos en hospitales, alertas a los viajeros, etc).

Ante esta epidemia y la espectacular acción del Gobierno chino, que quizá sólo en China podría verse, quizá lo primero es citar a Siniestro Total y decir: ante todo, mucha calma. Las cifras cambian rápidamente, pero las de ayer hablaban de 440 casos y 17 muertos: para hacernos una idea, la gripe normal causa en España todos los años miles de fallecidos, en general gente mayor que ya tiene otros problemas de salud (perfil similar al de muchos de los que han muerto por la neumonía de Wuhan). El SARS, que causó un gran pánico global en 2002-2003, se saldó con 8.000 casos en el planeta, de los que unos 7.000 se dieron en China y Hong Kong, y cerca de 800 fallecidos. Muchas familias sufrieron y aún lo lamentan, pero no estamos hablando de cosas comparables a la peste bubónica o a la mal llamada «gripe española» (los españoles nos llevamos el sambenito porque fuimos los primeros que informamos de casos, mientras en el resto de Europa, que estaba en la I Guerra Mundial, se censuraron las noticias para no desanimar a los ejércitos).

La actual situación me trae recuerdos de la que yo viví con el SARS en Pekín, epidemia de la que ya he hablado en alguna ocasión en esta web, aunque no mucho, porque en aquella época aún no se habían popularizado los blogs y lo que escribí del tema en aquel entonces únicamente se lo enviaba por correo electrónico a mi familia y amigos en una especie de «protoblog» que me encantaría releer algún día que tenga tiempo.

De aquel entonces, recuerdo que había primero noticias esporádicas sobre casos en Cantón durante el invierno, pero el gran disgusto nos lo llevamos en abril, cuando en un mismo día, de golpe y porrazo, las autoridades chinas nos echaron de repente varios jarros de agua fría: en primer lugar nos dijeron que reconocían que se había ocultado la verdadera gravedad del brote, en segundo nos indicaron que había cientos de casos en Pekín, y en tercero señalaron que el ministro de Sanidad y el alcalde de Pekín habían sido destituidos por su mala gestión del asunto.

Tras ello, como os podéis imaginar, cundió el pánico: nos pusimos todos mascarilla, alguno llevaba guantes de plástico en el trabajo, nos lavábamos las manos una docena de veces al día, se salía a la calle lo mínimo… En aquel entonces yo trabajaba en la agencia Xinhua, en un edificio de unos 20 pisos que hay en el centro de Pekín, y comenzaron a surgir rumores en la redacción de que tal o cual empleado en tal o cual planta tenía el SARS y nos iban a aislar a todos por si acaso: recuerdo que más que miedo a contraer el virus, teníamos pavor a que nos encerraran en una habitación envuelta en plástico en plan ET mientras esperaban a ver si desarrollábamos síntomas del coronavirus.

Edificio principal de Xinhua en aquel entonces, ahora tienen otro más grande cerca.

Muchos países, y creo que también la OMS, desaconsejaron viajar a Pekín y otras ciudades chinas, lo cual impresionaba mucho, saber que estabas en un lugar «indeseable», como si fuera una zona de guerra. Y toda China se volcó en el tema del SARS, no se hablaba de otra cosa en la calle o en los medios, y se paralizaron muchas cosas: los Rolling Stones, que iban a dar un histórico concierto, lo cancelaron (lo dieron pocos años después, pero en Shanghai), se canceló el Mundial de Fútbol femenino del que China debía ser sede… fue una época en la que los extranjeros dejaron de afluir a China, cuando era un momento en el que el país empezaba a abrirse y muchos querían llegar allí para conocerlo. Tras los meses de mal rollo, una de las primeras «visitas extranjeras» que llegó a China en el verano de 2003, indicando que la cosa estaba volviendo a la normalidad, fue la primera que el Real Madrid hizo en pretemporada a tierras chinas: creo que los chinos apreciaron mucho esta gira, que marcaba cierta reapertura tras el pánico del invierno y la primavera, y el equipo blanco creo que se apuntó un muy buen tanto con ello.

Los médicos y enfermeras fueron convertidos en héroes nacionales (muchos de los que contrajeron la enfermedad eran de este gremio) y a algunas enfermeras como premio se las dejó acercarse a Beckham, que por cierto si no me equivocó jugó allí su primer partido con el Madrid.

Aquellos meses fueron más de angustia psicológica colectiva que de peligro real de contagio: desde que te levantabas hasta que te acostabas sólo pensabas en el puñetero SARS, en si podía estar escondido aquí o allá, era una auténtica obsesión. No ayudó en mi caso que en aquel entonces estaba pluriempleado y en los tres sitios tenía que informar del asunto: por las mañanas iba a Efe Pekín, donde colaboraba de vez en cuando, para escribir las últimas novedades del SARS, por las tardes iba a mi curro principal en Xinhua para editar noticias de mis compañeros chinos, todas del SARS, y por la noche escribía oootra vez sobre el SARS en calidad de corresponsal -solo lo hice esos meses- para el diario La Razón. Como para olvidarse del asunto…

Por cierto, en aquel entonces la Embajada de España convocó a la comunidad española en Pekín -entonces muy reducida, quizá 100 o 200 personas- para una reunión informativa sobre el SARS, y habló un médico español con fama de muy bueno que había en la capital, pero su tono fue un poco alarmista, dio detalles que daban un poco de miedo de gente que había muerto muy rápido por el virus tras cogerlo en un avión, y salimos de esa reunión aún más confusos y atemorizados de lo que habíamos entrado. No ayudó que entre el público, en el turno de preguntas, hablaran los típicos españoles indignados que creen que toda la culpa es del ponente y exigen una solución ya mismo.

También recuerdo que el brote de SARS, y la ocultación de información preliminar por parte de las autoridades chinas, fue el momento, en los 17 años que viví en China, en el que los chinos normales, incluso los periodistas de Xinhua, muchos de ellos del Partido Comunista, se mostraron más furiosos con el Gobierno chino. Estaban muy decepcionados con él, no se creían ya nada de lo que la misma Xinhua decía, y si la cosa hubiera durado más o hubiera sido más grave de lo que fue, podría haber hecho mucho daño a la estabilidad social y al régimen.

Es por eso que creo que China aprendió la lección, esta vez sí está informando puntualmente del brote y en contacto con la OMS, y no está ocultando los casos, como prueba el hecho de que en los últimos dos días no se ha cortado en informar de su rápido aumento (en apenas dos días ha doblado el número de enfermos y de fallecidos). Muchos medios, sobre todo los estadounidenses, siguen diciendo que China miente, que hay tropocientos casos más, pero yo creo que precisamente porque China mintió hace casi 20 años sabe el duro precio que pagaría social y políticamente si volviera a hacerlo. Como dicen las feministas: yo sí te creo (pero porque sé que te fue mal cuando mentiste).

2 Comentarios

  1. Pues yo estoy por una parte preocupado porque mi mujer e hijas siguen allí por lo de mi suegra y no vuelven hasta el tres de Febrero.Hasta mi madre en plan catastrofista dice que si empeora la cosa no las dejen salir.Pero por otra parte me tranquiliza el que ellas, cuando salen a la calle usan la mascarilla, que están en Shandong, bastante alejado de Wuhan y que, de momento el gobierno chino no restringe la circulación, excepto en Wuhan. Además, ya se han detectado casos fuera de China, incluso en Japón y los U.S.A. y no es vinculante el que estés allí y pilles el virus, pues igual lo coges en otro país.
    Hoy he recibido información de mi familia por el Wechat con vídeos de las noticias chinas en donde salían estaciones de tren y autocares rodeadas de policias y militares, con su mascarilla de color negro, acordonando para que no saliera nadie.Es un poco triste, pues se veía mucha gente queriendo salir para celebrar el Año Nuevo con sus familiares y no pueden hacerlo.Espero que con el tiempo no vaya a más.

    • La Rata, que vuelve a hacer de las suyas… en el anterior Año de la Rata (2008) también millones de chinos no pudieron viajar en Año Nuevo, en esa ocasión porque hubo nevadas en el sur del país que colapsaron la red de trenes. Maldito roedore!

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