Una pagoda en el Loira

Como me muevo estos últimos años en la órbita cultural francesa (mi casa está en Francia y trabajo en la parte de Suiza de habla francesa) voy a examinar hoy el intercambio que chinos y franceses han tenido en el campo de la arquitectura. Dicho de manera menos rimbombante: qué edificios se han copiado unos de los otros.

A primera vista creeréis que la copia sólo ha ido en una dirección, y que los chinos, famosos en los últimos años por «llevarse» monumentos de todo el mundo a su país, son los que han copiado a los franceses, sin que lo contrario haya sucedido. Famosa es, por ejemplo, la torre Eiffel (un poco más baja que la original) que hay en las afueras de Hangzhou:

Nada de lo que escandalizarse, la verdad, los chinos ni siquiera han sido originales copiándola. Hace décadas que hay una famosísima copia del edificio parisino en Tokio, de color rojo, e incluso en la propia Francia la famosa torre ha sido copiada y recopiada.

Otra conocida copia de arquitectura francesa en China es la réplica casi exacta de un castillo francés, el Chateau Laffitte (famoso por sus vinos), que unos millonarios aficionados a Francia y sus viñedos construyeron en las afueras de Pekín. Yo lo visité hace unos 15 años y me imagino que seguirá en pie:

Pero, como os decía, los franceses también han copiado la arquitectura china para algunos de sus edificios. No en vano, la cultura china siempre ha despertado fascinación en estas tierras, desde los tiempos en que a los reyes en Versalles les encantaba decorar sus lujosas habitaciones con porcelanas orientales. Quizá podríamos matizar, eso sí, que los dos ejemplos que hemos dado hasta ahora son réplicas, sin mucha innovación, mientras que los casos que veremos a continuación, si bien tienen inspiración china, intentan crear algo relativamente nuevo en suelo francés.

Hoy por hoy, el edificio chinesco más famoso de Francia lo es por infelices circunstancias, y sus orígenes orientales están algo escondidos por restauraciones posteriores: se trata del Teatro Bataclan de París, que sufrió el terrible atentado yihadista de noviembre de 2015.

En el último tercio del siglo XIX, cuando se construyó, era conocido como el Grand Cafe Chinois, y su inspiración oriental estaba muchísimo más clara.

En el siglo XIX el orientalismo estaba de moda, gustaba en Europa lo procedente de China, la India, Persia, el Imperio Otomano, y tuvo que haber muchos «cafés chinos» no sólo en París, sino en otras ciudades. En Arcachon, localidad de Aquitania conocida por sus grandes dunas en la playa, había un Buffet Chinois que ya no existe, y que no he conseguido descubrir muy bien si era un restaurante o tenía algún otro cometido.

En todo caso, hoy en día hay otros edificios de estilo chino aún en pie en Francia. En París, a principios del siglo pasado un coleccionista de arte asiático construyó la Maison Loo, que aún puede admirarse hoy en el centro de la ciudad, no muy lejos de los Campos Elíseos.

Y en las afueras de París, donde dos ríos míticos de Francia confluyen (el Marne y el Sena), hay un hotel llamado Huatian Chinagora que no ofrece dudas sobre sus influencias.

No sólo en París encontramos inspiración arquitectónica china: en Epinal, ciudad de la Lorena, hay una Tour Chinoise, también construida en el siglo XIX por un banquero que compró el terreno donde estaban las ruinas del antiguo castillo local.

Y cerca del Loira, en la ciudad de Amboise, podéis encontraros con otro edificio de inspiración china: la Pagoda de Chanteloup, construida en el siglo XVIII por orden del duque de Choiseul y con la que se explica de forma algo tardía el título del post de hoy.

Como veis, esto de la apropiación cultural no se ha inventado ayer, ni va en una sola dirección, ni mucho menos tiene por qué estar mal visto: es hasta divertido.

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