Viaje imperial al palacio real

El presidente chino, Xi Jinping, realiza por fin una visita oficial a España, aunque ésta vaya a durar apenas 24 horas y a mí me pille algo a contrapié, en mis primeros días en Suiza (la reciente visita del presidente aragonés Javier Lambán a China también me pilló fatal, justo cuando dejaba China y regresaba a España).

Es la primera visita oficial de un presidente chino a España en 13 años. Las autoridades españolas llevaban años intentando que el emperador de la segunda economía mundial se dignara a visitar tierras españolas en condiciones: en realidad Xi ya pasó por el país en 2016, haciendo escala en las Canarias durante otra gira a Latinoamérica como la que va a iniciar ahora, pero en aquella ocasión la cosa duró apenas unas horas y no tuvo el rango de viaje oficial, más bien fue visita de cortesía. En aquel entonces la inestabilidad política española (dos elecciones generales con rumores de una tercera, imposibilidad de formar gobierno durante un año, etc) impidió elevar la importancia de aquel periplo.

Ahora Xi sí que llega a Madrid con todas las de la ley: se reunirá con los reyes, con la alcaldesa Manuela Carmena, con el presidente Pedro Sánchez (que lleva últimamente una agenda internacional que ni la de un secretario general de la ONU) y hasta se dará una vuelta por el Teatro Real junto a la pacientísima Reina Sofía. Se prevé la firma de muchos acuerdos, entre ellos el que permitirá la llegada de uva de mesa española a los supermercados chinos, aunque aquí, en confianza, os confesaré que la uva china, en general de piel suave y “quitable” cuando la comes, me parece más sabrosa que la dura uva de mi país.

Xi sigue la costumbre de los líderes chinos de pasar por España no durante giras europeas, sino en las latinoamericanas: por una parte eso le gusta a las autoridades españolas, que siempre defienden que China debe usar a España como “puente” de sus lazos con Latinoamérica, pero por otra parte eso impide que las visitas de los líderes chinos sean largas: más bien suele tratarse de rápidas escalas entre avión y avión. España quiere que China le use de puente en las relaciones con América Latina, pero los chinos, que no necesitan ya mediación española en sus inmensas inversiones y compras latinoamericanas, sólo nos usan de puente aéreo.

Sea como sea, creo que es bueno que por fin haya un contacto de alto nivel y bilateral entre España y China, fuera de las cumbres bilaterales donde los encuentros suelen ser breves y de mera cortesía. España no será una potencia en lo económico, pero sí en lo cultural y lo turístico, y en una China cada vez más interesada en conocer el mundo exterior somos un destino ideal. España es además una gran productora de alimentos que China cada vez necesita más (durante años la principal exportación española a China han sido los despojos de cerdo, no sé si aún lo sigue siendo). Qué demonios: cuando los chinos se enteren de la moda del cachopo, engrandecida por tétricas razones, seguro que lo comienzan a consumir masivamente en sus restaurantes.

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