Viruela, vacunación y variolización

En Ginebra, la ciudad donde trabajo desde hace poco más de un año, está la sede central de la Organización Mundial de la Salud, el organismo de las Naciones Unidas que intenta responder a las emergencias sanitarias que hay en todo el planeta. En la entrada de esta sede hay una curiosa estatua con la que se celebró en 1979 la erradicación total de la viruela, quizá la única enfermedad humana que podemos considerar extinguida y que durante siglos causó cientos de millones de muertos, por lo que es uno de los peores asesinos que hemos tenido.

La viruela era una enfermedad contagiosa que causaba tremendas erupciones en la piel, y que ha afectado a los humanos desde hace miles de años (sus efectos se ven, por ejemplo, en algunas momias egipcias). No os puedo poner fotos de gente que la padecía porque tengo cierta tripofobia, que es el miedo a ver cosas con bultitos o agujeritos muy juntos. Sólo puedo decir que en los casos más graves el efecto en la piel era salvaje.

Su presencia en la historia es mayor del que creemos: muchos personajes históricos la sufrieron sobre todo de pequeños, desde Mozart a Beethoven pasando por Lincoln, Mary Shelley, Stalin, Rubén Darío o George Washington.

Al mafioso estadounidense Lucky Luciano pasar la enfermedad le dejó la cara picada de por vida. Dicen que a Stalin también, aunque en las fotos no se ve mucho, debieron aplicarle mucho Photoshov (Photoshop soviético).

En su versión más letal, mató a importantes soberanos, lo que seguramente cambió muchos cursos de la historia (faraones egipcios, emperadores chinos, el zar ruso Pedro II, el rey francés Luis XV, el español Luis I…) y en América diezmó poblaciones enteras, contribuyendo a que muchas etnias sobre todo en el Caribe se extinguieran por un virus que habían traído los españoles. La viruela incluso «ayudó» a que Pizarro y Hernán Cortés conquistaran los imperios inca y azteca, ya que mató al antepenúltimo emperador inca (Huayna Cápac) y el penúltimo azteca (Cuitláhuac), sumiendo a los dos territorios en crisis sucesorias de las que los dos parientes extremeños -lejanos, pero parientes- se aprovecharían.

Si larga es la historia de la viruela, también lo es la de los esfuerzos del ser humano por acabar con ella, esfuerzos que no lograron su éxito total hasta los años 70 del siglo pasado. Y los chinos fueron de los primeros que consiguieron remedios relativamente buenos contra esta enfermedad, lo que va fenomenal para que podamos hablar de ello en esta web sobre China.

En el imperio Ming, allá por el siglo XV, ya se conocía en China una técnica llamada en nuestro idioma variolización, un tratamiento de choque que con el espíritu de «si no puedes vencerle, únete a él» consistía en enfrentar directamente a las personas con el virus de la viruela para que desarrollaran defensas contra la enfermedad. Algo similar a las vacunas actuales, con las que nuestro organismo desarrolla anticuerpos, aunque con bases menos científicas y más bien obtenidas de la experiencia, como la medicina tradicional china ha hecho siempre.

Una de las técnicas de variolización consistía en vestir a una persona con ropas que había llevado un enfermo de viruela que no hubiera tenido un caso muy grave de la enfermedad: se entendía que los virus -o lo que los chinos entendieran que causara la viruela, pues el concepto de virus no se concretó hasta el siglo XIX- estaban más debilitados en la ropa, y permitirían a los nuevos portadores de ésta construir defensas en su cuerpo para virus más fuertes en el futuro.

Otra forma de variolización, visualmente más espectacular, consistía en recoger escamas de la piel de los afectados por viruela, pulverizarlas, mezclar el polvillo con otras sustancias, meter todo ello en un tubito generalmente de plata y soplar con él directamente al agujero de la nariz de una persona, generalmente un niño o una niña. Por cuestiones rituales, se escogía el orificio derecho del niño y el izquierdo de la niña, cosas del yin y el yang.

El tratamiento no era siempre muy fiable, pero sentó la base de que el cuerpo humano podía construir sus defensas contra ésta y otras enfermedades, lo que más tarde conoceríamos como los anticuerpos. Fue a finales del siglo XVIII cuando esto cristalizó, en el momento en el que el médico y naturalista británico Edward Jenner se fijó en que en las entonces frecuentes epidemias de viruela en Gran Bretaña había muchas niñas que trabajaban ordeñando vacas que curiosamente eran a veces las únicas de su pueblo en no caer enfermas: a partir de ahí descubrió que las chicas habían estado en contacto con virus de la viruela vacuno (similar al humano pero menos letal para nosotros) al tocar erupciones causadas por éste en las ubres de las vacas, y con ello se habían inmunizado al desarrollar anticuerpos. A partir de ahí acabaría inventándose la vacuna, llamada así precisamente por el ganado en el que surgió (aunque hay quien dice que en realidad los primeros remedios de este tipo eran una mezcla de virus de viruela en vacas y en caballos, así que a lo mejor la tendríamos que llamar «equina», o al menos «vacuno-equina»).

La viruela y la lucha contra ella, como veis, tienen una historia interesantísima con presencia en todos los siglos y continentes. España también tiene un importante capítulo en esta «guerra», porque al poco de que Jenner descubriera las vacunas, los españoles crearon un peculiar sistema para llevarlas a Latinoamérica, Filipinas e incluso a la China que había empezado estas batallas: fue la importantísima Expedición Balmis (llamada así por el médico español que la encabezó, Francisco Javier Balmis), que a falta de neveras para poder llevar muestras de la vacuna a ultramar, usó otra cosa: niños. Se reclutó a 22 huérfanos gallegos, a los que el virus se les fue inoculando a bordo del barco en el que viajaron, para que el virus vacuno viviera en ellos hasta llegar a tierras lejanas. Más aún, en los lugares por los que la expedición pasó y la vacuna se fue distribuyendo (Venezuela, Perú, Ecuador, Bolivia, México) se fueron quedando esos niños y ninguno de ellos regresó a España. La expedición terminó en Macao, desde donde la vacuna llegaría a la China que había confiado hasta entonces en la variolización.

Pese a los descubrimientos y las heroicas expediciones, no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial, con la Organización Mundial de la Salud ya fundada, cuando se tomó en serio la idea de acabar de una vez por todas con la viruela, mediante una masiva campaña de vacunación en todo el mundo en los años 60 y 70 que en apenas 12 años dio sus frutos. El último caso de contagio natural de viruela en el mundo fue el del somalí Ali Maow Maalin, quien fue diagnosticado con la enfermedad en 1977 pero se recuperó de ella (desgraciadamente murió en 2013 de otra letal enfermedad que aún no se ha logrado derrotar, la malaria). He dicho «último caso de contagio natural» porque en 1978 una muestra de virus de viruela en laboratorio se «escapó» y a través de las tuberías de un hospital infectó a una fotógrafa médica llamada Janet Parker cuando trabajaba en sus fotos, y la pobre falleció el 11 de septiembre de ese año, siendo el último caso mortal y no natural.

El 9 de diciembre de 1979, tras dos años sin contagios naturales registrados de viruela, la OMS declaró oficialmente erradicada la enfermedad (hace un mes celebró por tanto el 40 aniversario de ese final).

Pese a ese final, no podemos considerar que el virus se haya borrado completamente de la faz de la Tierra, ya que actualmente hay dos laboratorios en el mundo que guardan muestras de la viruela con fines científicos, y esperemos que no los usen en armas químicas o cosas así. Uno está en Atlanta (Estados Unidos) y el otro en Koltsovo (Rusia), se supone que bajo altas medidas de seguridad (me hacen pensar en pelis y series de zombies donde salen laboratorios así, como Guerra Mundial Z, o The Walking Dead) y sometidos a inspecciones de la OMS cada dos años para ver que todo sigue bien. Confío en que el virus siga allí encerrado a cal y canto, porque aunque tiene un aspecto simpático, nos ha dado bien por saco a lo largo de milenios.

Saludos de un antiguo niño que padeció varicela, sarampión y paperas, pero afortunadamente ya nació cuando la viruela estaba en las últimas, porque si no, con lo atractivo que era yo para las enfermedades infecciosas, me la hubiera comido también.

2 Comentarios

  1. Casualmente,unas semanas antes de que publicases este post, vi un documental de canal Historia que constaba de varios episodios.Cada uno se planteaba el que pasaría si no existiera un pais.Estaban Italia,Alemania, los U.S.A. , etc. y los avances tecnolígicos, científicos, de medicina, etc. que no existirían sin cada uno de esos países. Salió China y hablaron de la viruela, más o menos lo mismo que has expuesto tu, aunque de un modo menos sutil, pues las costras de la viruela no siembre se pulverizaban.Se le daban a comer a los enfermos.Otros descubrimientos, que decían que no existirían,eran el papel, la pólvora , la seda, y muchos más.

    • ah pues qué interesante, ojalá lo pueda ver… aunque mi tele está casi monopolizada por Netflix. Igual en el canal Historia francés… le echaré un vistazo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.