Vladimir Vladimirovich
siempre da juego en China

Los focos de todo el mundo, y más en Oriente, están hoy fijados en Singapur, donde se va a producir la histórica cumbre entre Kim Jong-un y Donald Trump. Pero yo estoy lejos de allí, y lo que pudiera contar del tema sería como echar una gota de agua en el océano de información que os aguarda sobre el tema, así que os voy a hablar de otro mandatario igual de famoso y controvertido que esos dos: Vladímir Putin. Esta semana empieza en su país el Mundial de Fútbol y también merece algo de atención.

Vladímir Vladimirovich Putin, antiguo jefe de espionaje de la KGB y máximo líder de Rusia desde hace casi 20 años (va camino de igualar los 26 de Stalin a cargo de la URSS) es un viejo conocido para la comunidad internacional. Su política a veces enfrentada a Europa o el uso de polonio para acabar con rivales le han hecho algo antipático en Occidente, aunque escenas como la de arriba, cabalgando con el torso desnudo en plan macho alfa, también le han dado cierta aureola cómica, como le ocurre a Trump o Kim. En China, donde ha estado la semana pasada, es el lado cómico el que suele imperar en las visitas, siempre deja alguna que otra anécdota.

Ya ocurrió hace más de 10 años, en una de sus primeras visitas a China como presidente ruso, ya que decidió adoptar una agenda un poco exótica y se fue al templo Shaolin para ver a los monjes maestros del kung fu. El viaje debió de ser un capricho personal, porque es bien sabido que Putin practica varias artes marciales y es un gran experto en algunas de ellas.

Putin ha sido junto a Xi, si no me equivoco, el único mandatario del mundo que ha estado en las cinco cumbres que se han celebrado con el actual presidente chino: la del APEC en Pekín (2014), la del G20 en Hangzhou (2016), la de las Nuevas Rutas de la Seda también en la capital china (2017), la de los BRICS en Xiamen (2017) y la de la Organización para la Cooperación de Shanghái del pasado fin de semana. En casi todas ellas ha sido uno de los asistentes que más ha dado la nota. Por ejemplo, en el APEC 2014, cuando coqueteó con la esposa de Xi, la soprano Peng Liyuan, tapándola con su abrigo mientras Xi estaba distraído hablando con Obama.

Y parece poner cara de pillo…

También dio la nota, y nunca mejor dicho, en la cumbre de las Nuevas Rutas de la Seda del pasado año, en la que la televisión le grabó tocando el piano en la residencia de Jefes de Estado de Diaoyutai.

En el viaje de la semana pasada Putin también ha dado imágenes para el recuerdo de los chinos, como ésta en la que, como buen turista en China, amasa un “jiaozi” (empanadilla hervida china). Fue en el restaurante Goubuli de Tianjin.

Los rusos tienen una comida muy similar llamada pierogi así que me imagino que estaría familarizado.

Fue en esa misma ciudad donde él y Xi hicieron un saque de honor en un partido de hockey sobre hielo entre chavales chinos y rusos, quizá como aperitivo a los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín 2022.

Putin también deja anécdotas en China a la hora de escoger sus regalos a los mandatarios chinos en las reuniones bilaterales. Cuando fue al G20 de Hangzhou, le llevó a Xi Jinping una caja de helados rusos, que por lo visto al presidente chino le gustan mucho.

Esta foto no es de ese día pero valdrá para ilustrar el tema…

Y en esta ocasión, para compensar el frío del helado, lo que Putin le ha regalado a Xi es una humeante sauna. No una sesión de sauna, sino una sauna completa, una habitación de madera para sudar dentro como un gorrino. ¿Se la llevó enterita? Bueno, Vladímir sería capaz con esa musculatura que aún luce, pero lo que hizo en lugar de eso fue enseñar a Xi un trozo de madera de cedro siberiano, un plano de la sauna, y decirle que eligiera un sitio para que especialistas rusos le montaran con ese mismo material una sauna donde Xi quisiera. Un detallista, el Putin.

¡Sé el primero en comentar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.